“Los cárteles mexicanos representan una amenaza híbrida: crimen, terrorismo y corrupción.”
Marco Rubio
El cofundador del Cártel de Sinaloa, fue condenado el pasado 20 de julio a pasar el resto de sus días tras las rejas, con una orden de decomiso de 15 mil millones de dólares. El mensaje emitido por las autoridades estadounidenses, particularmente por la Fiscalía del Distrito Este de Nueva York y la DEA, trasciende el caso individual y constituye una advertencia rotunda a quienes han creído que la impunidad es eterna.
El fiscal Joseph Nocella Jr. y el administrador de la DEA, Terrance P. Cole, fueron claros, la condena no solo busca castigar al responsable de traficar toneladas de cocaína, fentanilo y metanfetaminas, sino también ofrecer un poco de justicia a las miles de familias estadounidenses y mexicanas destrozadas por la violencia ordenada por Zambada, como bien lo mencionó Nocella.
Por su parte Cole dijo: “Esta sentencia envía un mensaje claro a todos los cárteles y líderes terroristas extranjeros”, y recordó que el Cártel de Sinaloa ha sido designado como Organización Terrorista Extranjera. La retórica ya no es la de simples delincuentes comunes, sino la de enemigos que representan una amenaza existencial para la seguridad nacional de Estados Unidos.
El énfasis más preocupante del mensaje estadounidense radica en la determinación contra los protectores de los narcoterroristas: “El Mayo y El Chapo corrompieron a numerosos funcionarios en México. Y cuando la corrupción no funcionaba, utilizaban una violencia horrible”; sostuvo el Fiscal de NY, e indudablemente Terrance P. Cole fue aún más enfático: “La DEA viene por ustedes”, una advertencia dirigida además de a los narcoterroristas, a quienes los han protegido y que les han facilitado oportunidades de crecimiento.
Las investigaciones avanzan hacia la red de corrupción que permitió al Cártel de Sinaloa operar con relativa impunidad durante décadas, y es que sobornos a policías, militares, fiscales, jueces y políticos locales y nacionales no fueron meras “facilitaciones”; se han convertido en parte de un sistema paralelo de poder que minó múltiples instituciones en México.
No podemos olvidar las declaraciones del Departamento del Tesoro de Estados Unidos en donde se afirmó que los recursos generados por el narcoterrorismo, no solo enriquecieron a funcionarios, sino que también financiaron campañas políticas, distorsionando el proceso democrático y contaminando las instituciones.
El dinero del crimen no solo compró protección operativa; también influencia en las esferas del poder, desde gobiernos estatales hasta niveles federales, esta revelación no es una acusación sencilla, es el resultado de diversas investigaciones financieras.
En México, estas acciones generan una preocupación legítima y profunda, la posibilidad de que altos servidores públicos, gobernadores, secretarios de Estado, legisladores y empresarios, entre otros, sean investigados, extraditados y sancionados por sus vínculos con el cártel genera inquietud en círculos políticos. Y aunque muchos podrían llamar “intervencionismo” la realidad es que es la consecuencia de décadas de corrupción que ha costado de miles de vidas mexicanas.
Resulta aleccionador el contraste entre el ayer y el hoy de “El Mayo”; el hombre que durante casi cuatro décadas se sintió todopoderoso, con la capacidad de decidir quién vivía y quién moría, quien ordenó ejecuciones, extorsiones y un baño de sangre para mantener su imperio, hoy se declara arrepentido, en su alocución ante la corte, pidió perdón por el daño causado y envió un mensaje: “ya detengan esta guerra porque nadie la va a ganar”, palabras que, pronunciadas por quien tanto contribuyó a iniciarla y sostenerla, suenan a reconocimiento tardío de la futilidad de la violencia que él mismo encarnó.
La condena de Zambada no cierra el capítulo; lo abre. Es un llamado urgente a que México asuma su responsabilidad, reevalué sus instituciones y se alíe con quienes, como Estados Unidos, han decidido que el narcoterrorismo no tiene cabida en el siglo XXI.
Consultor en temas de seguridad, inteligencia, educación, religión, justicia, y política.