La oportunidad histórica

2 de Septiembre de 2026

La oportunidad histórica

Brenda Peña

Brenda Peña.

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EjeCentral

Claudia Sheinbaum llega a su segundo informe con una Presidencia que todavía está demasiado ligada a Andrés Manuel López Obrador. Después de casi dos años, ya no basta explicar los problemas del país con lo que recibió. También debe responder por lo que decidió mantener.

López Obrador dejó Palacio Nacional, pero Sheinbaum no ha querido dejar atrás su proyecto. Lo ha reivindicado en el discurso, en las decisiones y hasta en el documental de su segundo informe, donde lo llama “un gran Presidente”. El 31 de mayo, en su informe de rendición de cuentas por los dos años de su triunfo electoral, dijo que asumió la Presidencia para continuar la transformación iniciada por él.

El problema es que buena parte de las decisiones más cuestionadas del sexenio anterior siguen presentes. Instituciones debilitadas, un sistema de salud con enormes carencias, una estrategia de seguridad con una presencia militar cada vez mayor y finanzas públicas presionadas forman parte del escenario que Sheinbaum recibió y decidió mantener en buena medida.

La seguridad sigue siendo una crisis. Los homicidios dolosos bajaron 51 por ciento desde septiembre de 2024, pero 59.8 por ciento de los adultos en 91 ciudades todavía se siente inseguro y más de 132 mil personas permanecen desaparecidas o no localizadas.

La economía tampoco despega. Banxico estima un crecimiento de entre 1 y 2 por ciento para 2026, en un contexto de debilidad laboral y bajo crecimiento. México necesita mucho más que inversión y empleos para cambiar las condiciones económicas de millones.

Morena llega con desgaste. La crisis en Sinaloa y el caso de Rubén Rocha Moya exhibieron las tensiones dentro del movimiento. La polémica alrededor de Andrés Manuel López Beltrán volvió a cuestionar el discurso de austeridad y congruencia que llevó a Morena al poder. Los señalamientos no equivalen a delitos probados, pero sí tienen un costo político.

Claudia Sheinbaum no sólo llegó a Palacio Nacional para encabezar un proyecto político. Llegó como la primera mujer en la historia de México en ocupar la Presidencia.

Imaginaba una Presidenta cercana a las familias que llevan años buscando a sus hijos, hermanos y esposos. Alguien que escuchara a las madres buscadoras, acompañara su lucha. No como un gesto de sensibilidad política, sino como una obligación frente a una de las mayores tragedias del país.

La llegada de Sheinbaum abrió una puerta que durante generaciones estuvo cerrada para las mujeres. También ofrecía la posibilidad de demostrar que ejercer el poder no significa repetir las mismas formas de hacer política.

Yo quería ver una Presidencia propia. Una mujer que pudiera construir su autoridad sin tener que demostrar que puede parecerse a López Obrador ni sostener permanentemente su visión para legitimarse.

No esperaba una ruptura. Pero si autonomía, verla reconocer lo que considera correcto de su gobierno y, al mismo tiempo, tener la libertad de cuestionar sus errores y corregir aquello que no funciona.

La primera mujer presidenta no necesitaba demostrar que podía continuar el proyecto de un hombre.

Necesitaba demostrar qué podía hacer ella con la Presidencia.

Después de casi dos años, los aciertos de este gobierno ya son de Claudia Sheinbaum. Los pendientes también.

Quizá por eso esta reflexión también nace de una expectativa. Quienes celebramos que una mujer llegara a Palacio Nacional queríamos atestiguar que algo podía cambiar con ella. Todavía estamos esperando verlo.