La Reforma Judicial -esa ofrenda de despedida al expresidente- le sigue costando mucho a Morena y más aún a todas y todos los mexicanos.
Es claro que no encuentran el remedio al frankestein, el Ejecutivo tiene su propuesta y legisladores oficialistas la propia. Esto ha decantado en otra fractura más al interior de Morena. En este tema y otros, vemos que cada quien -jala agua para su molino-, existe un evidente y creciente mensaje de que no están a gusto con lo que sucede dentro del partido oficialista, algunos ya buscan candidaturas, otros quieren inclinar la balanza para sus grupúsculos de mayor interés.
Ante estas pugnas internas, desde el Ejecutivo se decidió aplazar la elección un año para que no coincida con las elecciones de 2027 una buena medida, pero insuficiente, ya que si en realidad no hay cambios de fondo seguiremos con un Poder Judicial lleno de ocurrencias, desconocimiento del cargo y atado a los designios de Palacio Nacional.
Si la -reforma de la reforma- es solo la repetición de aquel mantra de “solo el pueblo puede purificar el Poder Judicial” estaremos ante una indefensión total. La evidencia es clara y contundente: acordeones por doquier, perfiles paupérrimos, rituales con sahumerios, pero sin conocimiento de las leyes. Es decir, hoy la justicia se encuentra mucho más lejana que antes de la reforma misma.
Así, si esta reforma de la reforma al poder judicial no rectifica en lo importante, como cuidar los perfiles de las candidaturas, sacar las manos de la elección, castigar los acordeones y, sobre todo, dotar de independencia a la Suprema Corte, seremos testigos de la -aún mayor- decadencia del estado de derecho, de la impartición de justicia y de la vida democrática en México.