¿Las juventudes no participan?

16 de Septiembre de 2026

¿Las juventudes no participan?

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Cecilia Aída

La menor participación electoral de las juventudes no es un fenómeno exclusivo de México. El informe Government at a Glance 2025 de la OCDE señala que las personas de 18 a 29 años participan menos que otros grupos de edad en las formas tradicionales de participación política. En elecciones nacionales, reportaron haber votado 21 puntos porcentuales menos que las personas mayores de 50 años.

Las elecciones al Parlamento Europeo de 2024 muestran una diferencia similar. La participación promedio fue de 51%, pero el porcentaje de personas menores de 25 años fue de 36%, frente a 58% de quienes tenían 55 años o más.

La OCDE también muestra que una menor participación electoral no equivale necesariamente a desinterés por lo público. Su Encuesta sobre Confianza en las Instituciones Públicas encontró que las personas jóvenes participan más en manifestaciones y en la difusión de contenido político en redes sociales. En Irlanda, por ejemplo, 51% de los menores de 30 años dijo haber compartido contenido político en redes durante el último año, frente a 28% de las personas de mayor edad.

Parece entonces que las juventudes están participando, pero no siempre a través de los canales tradicionales de la política.

En la Ciudad de México encontramos un comportamiento que vale la pena analizar. De acuerdo con la Estadística de Participación Electoral 2024 del Instituto Electoral de la Ciudad de México (IECM), la participación general fue de 69.31%. Entre quienes tenían 18 y 19 años fue prácticamente la misma: 69.32%. Sin embargo, a partir de los 20 años comienza a disminuir. Entre las mujeres de 20 a 24 años fue de 65.23% y entre los hombres de 57.34%; entre los 25 y 29 años bajó a 63.17% y 53.22%, respectivamente.

Algunas de las hipótesis sobre la disminución de la participación después de las primeras experiencias electorales apuntan menos al desinterés y más al cuestionamiento respecto a si participar sirve, o no, para incidir en lo público. El estudio Mapas formativos y repertorios cívicos: un análisis de la tenencia, desarrollo y fortalecimiento de competencias cívicas en las juventudes de la Ciudad de México, elaborado para el IECM, encontró que las juventudes reconocen que las decisiones políticas afectan directamente sus vidas, pero su involucramiento puede disminuir cuando perciben que su capacidad de incidir es limitada o cuando la discusión política implica un costo emocional elevado. El estudio también muestra que la percepción de eficacia política está relacionada con las experiencias previas de participación y con la confianza en las instituciones.

Al mismo tiempo, sus hallazgos coinciden con lo observado por la OCDE, en el sentido de que una menor participación en los canales tradicionales no significa necesariamente falta de interés por los asuntos públicos. El estudio del IECM documenta formas de participación episódicas y digitales, como acciones comunicativas en plataformas que buscan generar presión pública o visibilizar causas; modalidades que no siempre quedan bien capturadas por las categorías tradicionales de participación política.

Entonces, si las formas de participación de las juventudes han cambiado, también tienen que cambiar las formas en las que buscamos acercarnos a ellas. No basta con esperar que lleguen a nuestros espacios, consulten nuestras páginas o conozcan los mecanismos de participación que ponemos a su disposición. Tenemos que ir a donde están.

Eso significa salir a las calles, estar en las universidades, en los espacios comunitarios y digitales en los que las personas jóvenes se informan, conversan, organizan y expresan sus preocupaciones.

En los procesos electorales tenemos una oportunidad especialmente importante. Podemos involucrar a las juventudes antes de la jornada electoral, acercarles información útil para tomar decisiones, explicar qué está en juego y abrir espacios para que conozcan y se apropien del proceso democrático. El objetivo no debería ser únicamente conseguir un primer voto, sino construir las condiciones para que quieran volver a participar.

Y esa tarea no corresponde solamente a las autoridades electorales. Los partidos políticos tienen una responsabilidad fundamental. Si quieren representar a las nuevas generaciones, no pueden acercarse a ellas únicamente cuando comienza una campaña. Necesitan escucharlas, incorporar sus preocupaciones, abrir espacios reales de participación y ofrecer alternativas que les permitan reconocerse en la política.