Las guerras por agua

20 de Abril de 2026

Las guerras por agua

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La diplomacia africana dedicará este año 2026 al agua. Aunque parezca tema obvio, surge de una motivación profunda: atender las causas de los conflictos, no sólo sus síntomas. El agua, su escasez agravada por el cambio climático, su contaminación y retención son fuente primaria de violencia.

Medio Oriente y de las regiones del este africano destacan como zonas de conflicto. Se habla de sus recursos energéticos, diferendos religiosos y disputas territoriales. Pero también el agua es una bomba de tiempo cuyo estallido amenaza una seguridad durable. Entre los principales diferendos internacionales por temas de agua, la mayoría también se ubican en esa parte del mundo:

El río Jordán ilustra cómo el agua se entrelaza con conflictos políticos. Este río es compartido por Líbano, Siria, Israel, Jordania y Palestina. La ocupación de territorios permitió a Israel asegurar importantes fuentes hídricas, pero generando desigualdades significativas, particularmente en su acceso por parte de los palestinos.

Entre tantas tensiones, aún asoma una endeble cooperación, resultado del tratado de paz entre Israel y Jordania de 1994, que incluye disposiciones sobre el uso compartido del agua en la zona. Además, Israel desarrolló tecnologías avanzadas como la desalinización y el reciclaje de aguas residuales, lo que ha reducido parcialmente su dependencia de fuentes naturales.

El sistema de los ríos Tigris y Éufrates, compartido principalmente por Turquía, Siria e Irak, motiva severas preocupaciones por la construcción de represas, la reducción del caudal y la degradación de la calidad del agua. Se utiliza como herramienta política, como ocurrió cuando Turquía amenazó con reducir el flujo del Éufrates hacia Siria en el contexto de tensiones por el conflicto kurdo.

Esa misma agua ha sido factor clave en conflictos armados, como la guerra entre Irán e Irak, donde se combatió por el control de vías fluviales estratégicas como el Shatt al-Arab, últimos 200 kilómetros de desembocadura del Tigris y el Éufrates, una vez que convergen.
El conflicto latente en el río Nilo se percibe hoy como otra grave amenaza. Compartido por once países, y esencial para la supervivencia de millones de personas, el Nilo (en particular el Nilo Azul) motiva disputas entre Egipto, Sudán y Etiopía. Mientras Egipto depende casi completamente del río para agricultura y consumo humano, Etiopía lo ve como la fuente de su desarrollo energético.

La conclusión en 2025 de la Gran Presa del Renacimiento Etíope (GERD) intensificó estas tensiones. Para Etiopía, el proyecto representa progreso y autosuficiencia; para Egipto, una amenaza existencial. Asimismo, refleja desigualdades históricas, ya que acuerdos previos sobre el reparto del agua excluyeron a Etiopía. No sólo se discute el volumen de agua, sino su temporalidad con bajadas estacionales que, hasta ahora, han acarreado nutrientes para cultivos prósperos. Sin esa estacionalidad, se alega, Egipto tendría que importar fertilizantes masivamente.

La lista de grandes temas hídricos en el mundo incluye curiosamente casos donde el agua ha sido fuente de cooperación, como entre Turquía y Armenia, lo que demuestra que la gestión compartida puede generar beneficios mutuos incluso en contextos de tensión política.

Cabe mencionar aquí las disputas entre Afganistán e Irán que giran en torno a los proyectos hidroeléctricos en el río Mekong, así como el conflicto interestatal en el río Cauvery en India, y la crisis del agua en Somalia vinculada a sequías y violencia.

El caso más relevante que se menciona fuera de esta región ocurre en Cochabamba, Bolivia, donde la privatización del agua provocó protestas sociales masivas, confirmando que los conflictos hídricos surgen con frecuencia a nivel interno.

En este escenario, uno de los problemas fundamentales es la falta de un marco jurídico para regular los cursos de agua internacionales. Aunque existe la Convención de las Naciones Unidas sobre los cursos de agua de 1997, su bajo nivel de ratificación limita su efectividad. Esto contrasta con otros ámbitos jurídicos como el derecho del mar, que cuenta con instrumentos más consolidados.

La gobernanza del agua depende en gran medida de acuerdos regionales o bilaterales, muchas veces insuficientes o desactualizados. En su relación con EUA, donde se trabaja la sofisticada administración de cuencas limítrofes y recursos compartidos, México tiene una vasta experiencia que aportar a lo que será, sin duda, una de las más álgidas y dinámicas agendas del futuro.