Finanzas públicas para sostener la vida

5 de Junio de 2026

Finanzas públicas para sostener la vida

columna fiscal

Todas las personas hemos requerido cuidado a lo largo de la vida. Alguien nos alimentó cuando no podíamos hacerlo, nos llevó a la escuela, nos acompañó cuando enfermamos, nos enseñó a relacionarnos con los demás, y si tenemos la fortuna de vivir lo suficiente, probablemente necesitaremos cuidados en la vejez. El cuidado es una necesidad humana universal y un derecho. Sin embargo, pocas veces pensamos en él cuando hablamos de economía y mucho menos cuando hablamos de finanzas públicas.

La conversación suele girar alrededor del crecimiento, la inversión o la deuda. Pero rara vez nos preguntamos algo más elemental: ¿qué es exactamente lo que buscamos sostener con toda esa actividad económica?

La respuesta parecería obvia. Buscamos sostener la vida. Sin embargo, tenemos horarios laborales que no empatan con los horarios escolares; licencias de paternidad limitadas, como si el cuidado fuera responsabilidad de una sola persona; y beneficios fiscales que suelen favorecer a quienes tienen más capacidad para aprovecharlos. Son ejemplos de políticas públicas que pocas veces se diseñan pensando en las necesidades del cuidado.

La economía del cuidado nos recuerda una verdad incómoda: ninguna empresa funciona, ningún mercado opera y ninguna persona trabajadora llega a su empleo sin una enorme cantidad de trabajo de cuidado realizado previamente. La producción y el crecimiento dependen del cuidado, de una infraestructura invisible de tiempo, atención y trabajo que ocurre principalmente en los hogares y que realizan de manera desproporcionada las mujeres. Tenemos dificultades para reconocer el valor económico y social de aquello que permite que las personas vivan, aprendan, trabajen y envejezcan con dignidad.

Normalmente pensamos que los impuestos recaudados sirven para financiar el gasto público. Pero las finanzas públicas hacen algo más profundo: distribuyen responsabilidades y recursos entre generaciones. Deciden quién recibe apoyo en la infancia, quién accede a educación y salud, quién puede atender una discapacidad, quién acompaña a una persona adulta mayor y quién asume los costos cuando esos cuidados no existen. Visto así, el sistema fiscal también puede ser una forma de organizar el cuidado.

Durante la infancia recibimos mucho más de lo que aportamos económicamente y en la edad adulta contribuimos más de lo que recibimos. En la vejez la balanza vuelva a cambiar. El ciclo de vida está marcado por momentos de dependencia e interdependencia y las finanzas públicas existen, en parte, para hacer posible esas transferencias. La pregunta es si el sistema fiscal mexicano reconoce realmente esa realidad.

Ante la ausencia de servicios públicos de cuidado, alguien absorbe el costo. Si no existen suficientes centros de atención infantil, escuelas de tiempo completo o sistemas de cuidados de largo plazo, el trabajo no desaparece. Regresa a los hogares y, sobre todo, a las mujeres.
Por eso hablar de cuidados es hablar de igualdad, de participación laboral, de pobreza, de oportunidades y también de sostenibilidad fiscal. La buena noticia es que existe una hoja de ruta cada vez más clara. La agenda de las cinco R: reconocer, reducir, redistribuir, remunerar y representar los cuidados.

Reconocerlos significa medirlos y visibilizarlos. Reducir la carga excesiva implica invertir en servicios e infraestructura. Redistribuir supone compartir responsabilidades entre hombres y mujeres, familias, mercado, comunidad y Estado. Remunerar exige valorar adecuadamente el trabajo de quienes cuidan. Y representar implica incorporar las voces de las personas cuidadoras en las decisiones públicas.

Vista así, la política fiscal deja de ser una herramienta meramente contable para convertirse en una de organización social. Además de preguntarnos cuánto cuestan los cuidados debemos ser conscientes de cuánto cuesta ignorarlos y encontrar formas de incluirlos en la política pública a través de mecanismos de ingreso, gasto o deuda.

Además de discutir cómo crecer y hacer más eficiente la economía debemos preguntarnos cómo hacerla más compatible con la vida y financiar el propósito último del desarrollo, que es que las personas puedan vivir y vivir bien. Los cuidados no son un gasto periférico ni una agenda sectorial. Son la base sobre la que descansa todo lo demás.

En este contexto, el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) presentará el estudio Los cuidados y las finanzas públicas: el ciclo de vida fiscal, una propuesta que analiza cómo los instrumentos de política fiscal influyen en la organización social del cuidado a lo largo de la vida. El documento identifica sesgos de género presentes en el sistema fiscal y ofrece lineamientos y métricas para incorporar los cuidados como un componente estructural de las finanzas públicas. Invita a repensar el presupuesto como un instrumento para reconocer, redistribuir, remunerar, reducir y representar los cuidados en la vida y la economía.

El estudio será presentado el 9 de junio a las 10:00 horas y promete aportar elementos valiosos para una discusión que apenas comienza: cómo colocar el cuidado en el centro de las finanzas públicas. Les invitamos a seguir la presentación en las redes sociales del ciep.mx