Qué el país vive una crisis de seguridad es una realidad que no se puede ni debe negar. Así como es una realidad que López Obrador tuvo una estrategia fallida y de graves consecuencias. La mayor prueba: el nuevo gobierno retomó las acciones en contra de las bandas delictivas y usa la fuerza militar para buscar el éxito en su “guerra”.
Lázaro Cárdenas, desde el contexto en el cual gobernó, se distinguió por su buen tino y congruencia. Al asumir la presidencia enfrentó a Calles y lo mandó al exilio. El presidencialismo mexicano tiene como característica ser incompatible con las intenciones transexenales de un poder meta legal, como aquellas que se materializaron en el fenómeno conocido como “Maximato” y que hoy reaparecen en un obradorismo que enturbia la política nacional.
El hombre nacido en Jiquilpan, sobreviviente de la Revolución y de las purgas que menudearon en la misma, tenía un proyecto de nación y una postura con respecto a lo que sucedía en el mundo. Lo que no logró Ortiz Rubio, otro michoacano, él lo consiguió con notoria destreza: se impuso a Plutarco Elías Calles y cambió el rumbo del país. Su política se distingue por seis ejes: nacionalismo, cumplimiento de los compromisos de la Revolución, lucha por la soberanía, independencia en la política exterior, formación de organizaciones populares y construcción de una conciencia colectiva con orientación social.
En el pensamiento cardenista no tienen cabida los enemigos del pueblo, entre ellos el juego y el vicio. Una de las primeras medidas fue prohibir las casas de apuestas que, con Calles y Rodríguez, se extendieron por varios estados y se convirtieron en un jugoso negocio. Los ecos de los casinos y sus años de gloria resuenan todavía en lugares como Tijuana y Cuernavaca.
En el centro de la estrategia de seguridad de López Obrador se encontraba atender las causas de la violencia; al menos eso repetía en cualquier oportunidad. No queda claro a qué se refería el tabasqueño, pero siempre mencionaba los programas sociales que puso en marcha. Por cierto, la inclusión de ellos en la Carta Magna fue posible gracias a votos de los opositores, entre los que se encuentran los del PRI.
La idea de las transferencias monetarias no es producto del intelecto del tabasqueño. Milton Friedman, uno de los grandes teóricos del neoliberalismo, las propuso y, por más que los seguidores de Morena cuestionen a esa corriente económica, hay signos irrefutables que demuestran la aplicación de sus principios durante el errático gobierno de López Obrador. Uno de ellos es el abandono de la seguridad social, donde de manera significativa se dieron pasos atrás en materia de salud. Las encuestas del INEGI demuestran que la carencia en el tema pasó de un 16 a un 34 por ciento de la población, en el sexenio del líder de histórico de Morena.
Las transferencias alcanzan más de un millón de millones de pesos y, por más que se diga lo contrario, no han significado un cambio radical en las condiciones económicas de las y los mexicanos, ni mucho menos se ha mejorado la seguridad. Es evidente que culpar a la pobreza de la violencia, como lo hizo Obrador, es un error garrafal.
Discutir entre causas y factores amerita un tratado completo, que puede ir de lo filosófico a lo sociológico. Pero es claro que actuar con inteligencia y combatir prácticas que lesionan a la sociedad y generan ganancias a los criminales mejora las condiciones de paz. Cerrar casinos y combatir el lavado que se da en esos centros de “diversión” es asestar un golpe al crimen organizado.
Un elemento fundamental para la lucha contra los criminales es impedir sus ganancias ilícitas, y muchas de ellas salen de prácticas en apariencia legales.
¡Lázaro, tus seguidores se tardan en actuar!