El cine está en vías de convertirse en algo de nicho. El cine mexicano es un nicho dentro de ese nicho. Los que hacen posible el cine mexicano, son un nicho todavía más pequeño. Y los que se dedican a promover el cine mexicano de aquellos que lo realizan, son el nicho de este nicho. Y luego, se supone que el público se tiene que dejar guiar y hacerse de un criterio a partir de lo que nos dicen ciertas personas de este nicho, dentro de un nicho, dentro de otro nicho. Es absurdo.
Afortunadamente, la realidad no opera así. El público sabe lo que quiere ver y lo que no. Sobre todo, cuando el bolsillo tiene la última decisión. Para enterarnos siquiera de lo que opinan estos promotores y su séquito de entusiastas del cine nacional, tendríamos que vivir crónicamente en línea, como ellos. Y no, aunque el sentimiento general sea que todo lo que importa ya sucede en internet, la gente sigue teniendo vidas reales. Y es en la vida real donde se decide la taquilla.
Si ya sabemos que el cine mexicano nunca le va a ganar esa batalla al cine hollywoodense, ¿qué queda entonces? A las personas que se dedican profesionalmente a la difusión, distribución y exhibición de cine mexicano, parece que ya se les acabaron las ideas y, en un acto desesperado, han decidido normalizar las mentiras.
Pero al cine mexicano le hace más mal que bien todo el esfuerzo de un gremio que quiere manipular la percepción del público, porque el espectador siempre va a salir decepcionado de una película que no cumplió con las expectativas creadas, y esta situación se va a repetir una y otra vez hasta el hartazgo. Esto va más allá de la calidad de las producciones. Al público no se le miente, porque el cine mexicano termina pagando las consecuencias.
Y no, no les estoy “echando habladas”. Para saber esto no se necesita maquillar las cifras, porque así ha sido cada vez que el cine mexicano cae en una crisis de asistencia. Desde el cine de ficheras o la pornomiseria, pasando por el exceso de comedias burguesas y, lamento decirlo, las películas pensadas para agradar al jurado de festivales y premiaciones.
Este sábado 3 de octubre se llevará a cabo la 68 ceremonia del premio Ariel en los Estudios Churubusco, de vuelta en la Ciudad de México tras una prometida itinerancia por diversos estados, pero apenas después de dos años en que Jalisco fungió como anfitrión. Las películas más nominadas son En el camino de David Pablos, y El diablo fuma de Ernesto Martínez Bucio. Pero les tengo dos noticias, una buena y una mala.
La buena noticia: este año, prácticamente todas las películas nominadas estrenaron en pantallas comerciales o en el circuito de exhibición cultural, por lo que el público tuvo la oportunidad de verlas en el cine, como debe ser. La mala noticia: el público desaprovechó esa oportunidad.
Información de Canacine señala que, hasta el fin de semana del 16 al 19 de julio de 2026, habían estrenado 303 películas en México, de las cuales 73 fueron mexicanas. Tales producciones, en conjunto, generaron alrededor de 407 millones de pesos, que representa únicamente el 4.5% de la taquilla nacional. Para hacer una comparación dolorosa, pero realista y necesaria, Spider-Man: Un nuevo día ha recaudado, por sí sola y en menos de dos meses, mil 572 millones de pesos en nuestro país.