Los muertos gozan de cabal salud

19 de Mayo de 2026

Los muertos gozan de cabal salud

Rubén Moreira Valdez

Rubén Moreira Valdez.

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EjeCentral

La discusión sobre Cortés sigue en los medios nacionales. No es de extrañarse que, de una manera u otra, el extremeño tenga 500 años en el ánimo de quienes habitan estas tierras. Siempre el debate puede ser útil y, en este caso, por varias razones, le sirve al gobierno. Apuntala su narrativa pseudonacionalista, distrae la atención de problemas y prepara el camino para echarles a otros la culpa de lo que nos sucede.

El gobierno tuvo una aliada inesperada: la presidenta de la Comunidad de Madrid hizo una gira por el país y alentó la controversia. Desde el poder, los descendientes de españoles que integran el partido oficial pusieron el grito en el cielo y se desgarraron las vestiduras. No dudo que varios de ellos reflexionaran sobre el tema desde alguno de los múltiples restaurantes españoles de la ciudad o saboreando un tintorro.

Por lo pronto, los huesos del militar se quedan muy discretos en el Hospital de Jesús. Por cierto, si no fuéramos tan argüenderos, se podría hacer un análisis de estos y tener información científica sobre él. No hace mucho, los venezolanos reconstruyeron la imagen de Simón Bolívar a partir de su calavera. Sin embargo, eso no va a pasar y, para alivio de la Cuatro T, seguirán siendo motivo para el debate.

No todos los personajes tienen la suerte de que alguien suspire por sus huesos y muchos van a parar a lugares impredecibles. Los de algunos quedan en cementerios o catedrales y, de vez en cuando, se les rinde tributo; otros, en tumbas modestas de lugares remotos. Tampoco faltan los perdidos para siempre e incluso aquellos cuyos restos fueron vendidos a un cirquero.

Porfirio Díaz reposa en el parisino Cementerio de Montparnasse, muy cerca de Julio Ruelas y Jean-Paul Sartre. Su tumba es visitada por mexicanos y siempre hay alguna flor y un mensaje. Se encuentra muy lejos de su querida Oaxaca y también del Tepeyac, donde descansa Delfina, su sobrina y esposa. Por cierto, allí, cerca de la Virgen de Guadalupe, en una modesta fosa, el famoso veracruzano Antonio López de Santa Anna se encuentra muy quieto.

El neoleonés y dominico Teresa de Mier no tuvo la suerte de Díaz o Ramos Arizpe; resulta que fue sepultado en Santo Domingo, en pleno centro de la Ciudad de México, apenas a unos metros del lugar donde fusilarían años después a su paisano Vidaurri y de la habitación donde se quitó la vida el coqueto Manuel Acuña. Sin embargo, la furia de la Reforma acabó con parte del edificio y los albañiles encargados de la demolición exhumaron unas momias. En un primer momento, nadie se percató de que una era la del fraile y, después de exhibirlas, las remataron a un cirquero.
En el centro histórico de la Ciudad de México, en el Panteón de San Fernando, las tumbas vacías de Zaragoza y Miramón son una muestra de que no siempre se descansa en paz. A los caballeros se los llevaron a Puebla; al coahuilense, a una transitada avenida, y al macabeo, a la catedral. Concha Lombardo, viuda del general conservador, puso el grito en el cielo cuando se enteró de que Benito Juárez tenía su mausoleo a menos de treinta metros del lugar que ocupaba su esposo. Por el rumbo, el departamento que usó gratis López Obrador está en las cercanías de la urna que contiene los restos de Iturbide, la lápida de Cortés y el secreto de la calle de Guatemala número 24.

Los muertos gozan de cabal salud y, después de partir de este mundo, no dejan de alimentar polémicas. Cortés no es la excepción y enfrenta tanto a la derecha como a la falsa izquierda. Todo mientras la OCDE afirma que nuestra educación es deficiente y deja mucho que desear.