Los otros días santos

6 de Abril de 2026

Los otros días santos

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Este 12 de abril, una semana después del Domingo de Resurrección católico, la gente caminará las calles de Etiopía, país fiel a la Iglesia Cristiana Ortodoxa “Tewahedo”, con pollos descabezados en las manos o arrastrando pieles sangrientas de carnero recién sacrificado que se venden en pilas en las esquinas. Ese día, o Fasika, es el fundamento de su fe y el fin de una larguísima cuaresma: 55 días de ayuno sin alimento animal en absoluto y sin otro sustento diario que los platillos de verduras que solo se comen pasada cada misa de la tarde.

Esas imágenes, apocalípticas a primera vista, están muy lejos del terror. Son expresión de un regocijo enorme por la Resurrección que da espacio para el primer consumo de carne conforme a una de las fes religiosas más antiguas. Etiopía sigue a Armenia respecto de la instauración de la iglesia cristiana más temprana, ambas se instituyeron en el siglo IV: después llegarían aquellas de Jerusalén, Antioquía y Roma.

En un país que preserva incluso un calendario único similar al juliano (ósea que todo esto ocurrirá en 2018, un 4 del mes “miyazya”), es comprensible la preservación de un cristianismo primitivo. En el siglo I, Felipe el Diácono (no confundirlo con Felipe el Apóstol) fue guiado por un ángel desde Jerusalén hacia Gaza. Topó con un eunuco, funcionario de la reina etíope Candace. Impresionado por la forma en que Felipe le explicó un pasaje del profeta Isaías, el eunuco pidió ser bautizado. En cuanto esto ocurrió, Felipe fue arrebatado por Dios hacia los cielos. El eunuco, deslumbrado, continuó su viaje para predicar en África.

Las iglesias etíope y armenia (poseedora esta última de un origen datado con más claridad cuando el Rey Tiridates III se convirtió por obra de San Gregorio) comparten su rechazo al Concilio de Calcedonia (451 d.C.). Ahí se definió que Jesucristo tendría dos naturalezas: divina y humana. Armenios, etíopes y otros cristianos de oriente rechazan tal dogma. “Iglesia Tewahedo” significa literalmente, “Un Todo”, la unión de las naturalezas divina y humana en Cristo.

Este hecho, además de muchas circunstancias políticas, históricas y geográficas, dan pie a procesos identitarios autónomos para las religiones no calcedonias. Armenia desarrolló una tradición teológica sofisticada, un alfabeto único y numerosos monasterios; preservó fuentes cristianas antiguas perdidas para el resto del mundo. Lo mismo aplica a Etiopía, famosa por una Biblia que incluye crónicas de Jeremías, libros jubileos, Enoc, Meqabyan y uno de José, hijo de Gurión. En su antiquísima lengua semita, en Ge’ez, se predica también el contenido de libros del Sínodo, el Mäshafä Kidan (Testamento de Cristo y su sermón a los discípulos después de la Resurrección), la Epístola de Pedro a Clemente y la Didascalia.
Sin renunciar a una continuidad cultural que ha resistido periodos duros de dominación extranjera, Armenia fue, al menos, asidua a relaciones eclesiásticas con Bizancio y con los católicos; entendiéndose o luchando por sus ideas. Pero Etiopía, fuera de algunos encuentros importantes con la iglesia ortodoxa rusa, ha estado más ensimismada. También su iglesia tuvo la necesidad de luchar y preservarse contra periodos de persecución, muy grave durante el régimen comunista del Derg. Tan sólo logró su independencia de la Iglesia Copta de Alejandría, como estructura religiosa, en 1959 cuando el líder copto Cirilo VI aceptó esa autonomía, así como al primer patriarca de nacionalidad etíope, Abuna Basilios.

En Etiopía, esta fuerza aglutinante, tolerante por cierto con comunidades musulmanas y de otros credos, se expresa con cantos que inundan el aire siguiendo una tradición himnográfica única. En este final de cuaresma, sacerdotes y fieles habrán de cantar animados el Christos Anesti en una noche de total vigilia, “noche de reconciliación” y oración intensa que motiva vestimenta tradicional deslumbrante. Las telas blancas son omnipresentes, con cintas para la cabeza hechas de hojas de palma. Finalmente, vendrá el retorno a casa para romper el ayuno con familiares y amigos.

El banquete, pobre u ostentoso, es de pollo o cordero, junto con el pan tradicional o “dabo” y bebidas como el “tela”. La caridad y confraternidad son los valores del momento, expresados en compartir comida y ropa con pobres, necesitados, vecinos, reflejando amor y alegría desbordada por la resurrección de Cristo.