Los ríos que enterramos… y que hoy nos reclaman volver a la superficie

26 de Junio de 2026

Los ríos que enterramos… y que hoy nos reclaman volver a la superficie

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Miriam Saldaña Cháirez

Imaginen que mañana desaparecieran la mayoría de los árboles del Bosque de Chapultepec. El escándalo sería nacional. Habría protestas, portadas de periódicos y exigencias de justicia ambiental. Sin embargo, algo igual de grave ocurrió con nuestros ríos y casi nadie habla de ello. Durante décadas, gran parte de los ríos de la Ciudad de México fueron entubados, desviados o cubiertos por el crecimiento urbano. Hoy, el Río Magdalena es reconocido por la Secretaría del Medio de Ambiente como el último río vivo de la capital. La naturaleza nos recuerda todos los días que los ríos no desaparecen simplemente porque decidimos ocultarlos.

La historia de la Ciudad de México es, en buena medida, la historia de una lucha contra el agua. Durante décadas se privilegió una visión que consideró a los ríos como obstáculos para el desarrollo urbano y a la lluvia como un problema que debía desalojarse lo más rápido posible. El resultado es una ciudad que se inunda cuando llueve, enfrenta escasez de agua aún en temporada de lluviasy se vuelve cada vez más vulnerable frente al cambio climático. Durante el Foro Internacional del Medio Ambiente “Rescate de ríos urbanos y futuro ambiental de la Ciudad de México”, especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México coincidieron en un diagnóstico preocupante: el modelo de gestión hídrica basado en el entubamiento y el desalojo de las aguas ha llegado a su límite.

Hoy resulta indispensable transformar nuestra relación con los ríos y recuperar su función ecológica para garantizar la seguridad hídrica de las futuras generaciones. El doctor Adrián Pedrozo Acuña, investigador del Instituto de Ingeniería de la UNAM, recordó que la Ciudad de México tuvo un pasado eminentemente lacustre y que la desaparición de gran parte de su red natural de ríos ha alterado profundamente la hidrología de la cuenca. Entre los principales problemas identificó la falta de saneamiento, la mezcla de aguas pluviales y residuales, la pérdida de infiltración, el entubamiento de los cauces y una gobernanza fragmentada que dificulta la implementación de soluciones integrales.

La consecuencia es visible cada temporada de lluvias. Cuando el agua ya no puede infiltrarse naturalmente en el suelo, corre con mayor velocidad sobre superficies impermeables, aumentando el riesgo de inundaciones. Al mismo tiempo, disminuye la recarga de los acuíferos de los que depende gran parte del abastecimiento de agua de la ciudad. Estamos expulsando un recurso valioso mientras enfrentamos crecientes dificultades para garantizar su disponibilidad. Por ello, los especialistas hicieron un llamado a dejar atrás las soluciones meramente estéticas y avanzar hacia una restauración sistémica.

La propuesta incluye la recuperación de barrancas, el monitoreo científico permanente, proyectos piloto de desentubamiento y una restauración gradual de los ecosistemas asociados a los ríos urbanos. Particularmente relevante resulta la visión planteada por el doctor Manuel Perló Cohen sobre las barrancas del poniente de la ciudad. En esta zona existen 13 barrancas y 13 presas reguladoras que funcionan como espacios estratégicos para la captación, infiltración y regulación del agua.

Aprovechar las lluvias desde las partes altas de las cuencas, rediseñar vialidades para captar escurrimientos y almacenar temporalmente el agua para favorecer su aprovechamiento y recarga. Por su parte, la doctora Alma Chávez Mejía destacó la importancia de entender los ríos no sólo como infraestructura hidráulica, sino como ecosistemas capaces de generar bienestar social, desarrollo económico y servicios ambientales.

El caso del Río Magdalena demuestra que es posible avanzar hacia modelos de recuperación integral mediante saneamiento, monitoreo permanente, plantas de tratamiento y soluciones basadas en la naturaleza. La restauración de humedales, la captación de agua de lluvia, la conservación de barrancas y la recuperación de cauces representan mucho más que acciones ambientales. Son estrategias para mejorar la seguridad hídrica, fortalecer la resiliencia frente al cambio climático, recuperar biodiversidad y elevar la calidad de vida de millones de personas.

Los ríos de la Ciudad de México siguen ahí. Muchos continúan fluyendo bajo nuestras calles, ocultos bajo el concreto. El desafío de nuestra generación consiste en dejar de verlos como un problema y comenzar a reconocerlos como aliados. Porque rescatar nuestros ríos no es un acto de nostalgia; es una decisión indispensable para garantizar agua, bienestar y futuro para la Ciudad de México.