Los ríos urbanos: recuperar el agua, salvar la ciudad

21 de Junio de 2026

Los ríos urbanos: recuperar el agua, salvar la ciudad

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Miriam Saldaña Cháirez

¿Qué pasaría si te dijera que bajo muchas de las avenidas que recorremos todos los días siguen corriendo los ríos que dieron origen a la Ciudad de México? Que debajo del asfalto, los puentes vehiculares y las grandes vialidades permanece oculta una red hídrica que durante siglos alimentó ecosistemas, comunidades y formas de vida enteras. Pero quizá lo más sorprendente es que no todos esos ríos desaparecieron bajo el concreto. ¿Sabías que en la Ciudad de México aún existen más de una docena de ríos que continúan corriendo a cielo abierto por barrancas y zonas de valor ambiental? Aunque muchos permanecen fuera de la vista de la mayoría de la población, siguen desempeñando funciones esenciales para la recarga de acuíferos, la conservación de la biodiversidad y la regulación del ciclo del agua.

En el marco del Foro Internacional de Medio Ambiente, especialistas, investigadores y autoridades coincidieron en una conclusión contundente: la recuperación de los ríos urbanos debe convertirse en una prioridad ambiental y de política pública para la Ciudad de México. Uno de los casos expuestos fue el del río Becerra, cuyo cauce nace en la zona de Santa Fe y atraviesa territorios que reflejan las profundas desigualdades urbanas de nuestra capital. La Mtra. Nayib Domínguez Reyes compartió la experiencia de la Alcaldía Álvaro Obregón, una demarcación con más de 700 mil habitantes y diversas zonas de valor ambiental donde se desarrollan acciones para la recuperación de barrancas y espacios naturales. Particularmente relevante resulta el trabajo realizado en el Sendero Jajalpa, donde se han impulsado estrategias relacionadas con la calidad del agua, el manejo hídrico y la aplicación de soluciones basadas en la naturaleza. Estas experiencias demuestran que la restauración ambiental no sólo mejora los ecosistemas… cuya regeneración puede proteger flora y fauna que ha ido desapareciendo… sino que fortalece el tejido comunitario y genera espacios públicos más seguros y dignos para la población. Pero para recuperar nuestros ríos también es necesario comprender nuestra historia. El caso del río Becerra resulta particularmente ilustrativo. A lo largo de su recorrido recibe aportaciones contaminantes y desechos sólidos que afectan directamente la calidad del agua y la supervivencia de las especies asociadas a sus riberas. En pocas palabras, los ecosistemas del poniente de la Ciudad de México son extraordinariamente ricos, pero también extraordinariamente frágiles.

La Dra. Natalia Soto Coloballes recordó que el entubamiento de los ríos durante el siglo XX respondió a los desafíos sanitarios… que vieron en el agua correr la manera de evacuar las aguas residuales, y la lluvia solo como vehículo para transportar las aguas negras fuera de la urbe… de una ciudad en rápido crecimiento. Obras como el Gran Canal de Desagüe buscaron controlar inundaciones y conducir aguas residuales en una época marcada por otras necesidades. Entender ese contexto histórico no significa repetir los mismos modelos. Por el contrario, nos permite reconocer que las condiciones actuales exigen nuevas soluciones. En este sentido, iniciativas como “Geografía de la Memoria Hídrica” representan una valiosa herramienta para reconstruir el mapa de los antiguos ríos, para reconstruir y georreferenciar los antiguos cuerpos de agua de la ciudad y canales que dieron origen a nuestra ciudad y que aún influyen en su comportamiento hidrológico, recuperar los ríos urbanos también implica recuperar la memoria hídrica de la ciudad, la Dra. Natalia Soto Coloballes invitó a la ciudadanía a participar aportando información, recuerdos y referencias territoriales que permitan ubicar dónde existieron ríos, canales y cuerpos de agua.

Los desafíos, sin embargo, son complejos. La Ciudad de México enfrenta fenómenos particularmente graves como el hundimiento diferencial del suelo, que en algunos casos ha provocado la inversión de pendientes naturales en los cauces. Esta situación obliga al bombeo permanente de aguas residuales y complica el funcionamiento hidráulico de ríos afectados además por contaminación y azolve. Frente a este panorama, resulta indispensable fortalecer el marco jurídico que regula la gestión del agua. La revisión de la Ley de Aguas Nacionales y de la legislación local debe orientarse a facilitar proyectos integrales de restauración hídrica, garantizar la coordinación institucional y promover esquemas innovadores como el aprovechamiento de agua tratada para la recuperación de cauces urbanos.

Como legisladora, estoy convencida de que rescatar nuestros ríos no es únicamente una tarea ambiental. Es una estrategia para mejorar la seguridad hídrica, fortalecer la resiliencia frente al cambio climático, recuperar espacios públicos y elevar la calidad de vida de millones de personas. Pero los beneficios de esta recuperación no se limitan a la población. También representan una oportunidad para proteger la biodiversidad que aún sobrevive en los ecosistemas urbanos de la capital. Entre los casos más preocupantes se encuentran los anfibios, considerados uno de los grupos más vulnerables a la degradación de los ecosistemas acuáticos. La rana de Tláloc (Lithobates tlaloci), especie emblemática del Valle de México, se encuentra en peligro de extinción, mientras que el ajolote (Ambystoma mexicanum) continúa enfrentando graves amenazas derivadas de la contaminación y la pérdida de hábitat. La situación también es crítica para los peces nativos, pues especies endémicas que alguna vez formaron parte de los cuerpos de agua de la capital ya desaparecieron, sobreviviendo únicamente algunas poblaciones aisladas en zonas altamente protegidas.

Las aves tampoco escapan a esta problemática. Especies como el gorrión serrano y el rascón azteca han visto reducido su hábitat debido al deterioro ambiental. Entre los mamíferos, el teporingo, el murciélago de hocico largo, el cacomixtle y la zorra gris encuentran cada vez mayores dificultades para desplazarse y reproducirse en ecosistemas fragmentados por la expansión urbana. La flora enfrenta desafíos similares. Árboles emblemáticos como el oyamel, el pino azul y el piñonero llorón, así como diversas especies de helechos y plantas nativas, resienten los efectos de la contaminación, la pérdida de cobertura vegetal. Cada barranca recuperada representa una oportunidad para conservar la biodiversidad; cada descarga ilegal o tiradero clandestino puede significar la pérdida irreversible de una especie en el ámbito local.

Regenerar nuestros ríos urbanos es regenerar nuestra memoria biocultural. Salvaguardar el patrimonio natural que nos sostiene crea conciencia que somos interdependientes y eco dependientes porque somos naturaleza.