Marruecos: la Financiación como palanca de transformación productiva y la puerta abierta a la inversión extranjera

5 de Agosto de 2026

Marruecos: la Financiación como palanca de transformación productiva y la puerta abierta a la inversión extranjera

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Al analizar el discurso del Trono del 29 de julio de 2026, encuentro una hoja de ruta que redefine el papel del sector financiero en Marruecos. El rey Mohammed VI ha sido claro: la financiación debe convertirse en el motor de la transformación productiva del país. No se trata solo de aumentar el crédito, sino de una asignación cualitativa del capital que impulse a las PYME, la innovación, la industrialización y la exportación. En este nuevo paradigma, la inversión extranjera no solo es bienvenida, sino que se le ofrecen enormes beneficios y garantías adecuadas para participar en el crecimiento de un Marruecos emergente.

El rol central del sector financiero

El Soberano subrayó que la dinámica de transformación económica y social requiere «la movilización de recursos financieros de una envergadura inédita, de los cuales la mayoría debe provenir de financiamientos domésticos». Sin embargo, esta orientación no excluye el capital externo; al contrario, lo integra como un complemento estratégico. La finanza recupera así su función primaria: transformar el ahorro disponible –nacional e internacional– en inversión productiva.

Para mí, la cuestión central ya no es solo el volumen de financiamiento, sino su calidad: duración, costo, destino y capacidad para apoyar a empresas generadoras de crecimiento y empleo.

Mi fórmula: creación de industrias y empleo autofinanciado

Desde mi perspectiva como analista económico y financiero, resumo el alcance del discurso real en una fórmula que he defendido durante años: «La creación de industrias, y el empleo que entra dentro de dicha inversión, se financia automáticamente». Los datos respaldan esta visión: la parte del crédito bancario al sector privado real cayó del 65% al 40% en veinte años; solo el 22% de las empresas tienen un préstamo bancario, y más del 90% de sus necesidades de tesorería se cubren con autofinanciamiento.

Este autofinanciamiento limita el crecimiento. Una PYME que desee escalar necesita recursos superiores a su capacidad interna. El acceso al financiamiento se convierte en la llave para la inversión, la productividad y la contratación. Cuando las empresas están subcapitalizadas, el capital humano se desperdicia: el 84.9% de los desempleados en Marruecos son graduados. Una mejor financiación permite crear empleos calificados y cerrar la brecha entre la formación y la demanda laboral.

Diversificación de instrumentos: más allá del crédito bancario

El discurso real menciona explícitamente financiamientos bancarios y no bancarios. Esto abre la puerta a una diversificación profunda que yo considero indispensable:

  • Capital de inversión y capital riesgo para proyectos innovadores y jóvenes empresas.
  • Deuda privada, obligaciones y cuasicapitales para inversiones industriales a largo plazo.
  • Fondos sectoriales y mecanismos de garantía que reduzcan las barreras de las PYME.
  • Salida a bolsa para empresas en fase de aceleración.

En mi análisis, esta hoja de ruta es un llamado a «profundizar los mercados de capitales, desarrollar el capital de inversión, ampliar el uso de cuasicapitales y orientar el ahorro a largo plazo –incluido el de la diáspora– hacia la inversión productiva». Esta transformación exige, a su vez, que las empresas mejoren su gobernanza, transparencia e información financiera.

La calidad de la ifnanciación como nuevo desafío

Aumentar los saldos de crédito no basta. La transformación productiva requiere una asignación precisa del capital. En mi opinión, la calidad se mide por:

  • La parte de recursos destinada a PYME, empresas jóvenes e innovadoras.
  • La duración y flexibilidad de los financiamientos (períodos de gracia, plazos largos).
  • El costo del crédito, que debe ser compatible con la rentabilidad de proyectos industriales y exportadores.
  • El acompañamiento: asesoría en gobernanza, estructuración financiera y estrategia comercial.

Tres prioridades estructurantes emergen: acceso, asignación y acompañamiento. Forman una cadena única que el discurso real convierte en doctrina financiera.

La inversión extranjera: invitada con beneficios y garantías

En este contexto, Marruecos abre sus puertas a la inversión extranjera de manera decidida. Desde mi experiencia, el país ofrece enormes beneficios a los inversores internacionales:

  • Estabilidad macroeconómica y jurídica, con un marco legal que protege la inversión.
  • Incentivos fiscales y aduaneros en sectores estratégicos (industria, tecnología, energías renovables, automoción, aeronáutica).
  • Zonas francas y plataformas logísticas de clase mundial (Tánger Med, Kenitra, etc.).
  • Acuerdos de libre comercio con más de 50 países, que facilitan el acceso a mercados europeos, africanos y americanos.

 Garantías adecuadas: protección contra expropiación, libre transferencia de capitales y beneficios, y resolución de disputas mediante arbitraje internacional.

La inversión extranjera no compite con el financiamiento doméstico; lo complementa. Aporta capital, tecnología, know-how y acceso a mercados globales. Las empresas multinacionales que se instalen en Marruecos podrán beneficiarse de un ecosistema financiero en modernización, con instrumentos adaptados a sus necesidades (deuda privada, capital de inversión, financiamiento verde).

El reino invita a los inversores extranjeros a ser socios activos en la transformación productiva: cofinanciar proyectos industriales, participar en fondos de capital riesgo, coinvertir en infraestructuras y exportar desde Marruecos hacia el mundo.

Corolario: hacia un nuevo ciclo de crecimiento

La financiación, cuando es bien dirigida, se convierte en el combustible de la economía real. Marruecos dispone de ahorro interno, un sistema bancario sólido, inversores institucionales y mercados de capitales en desarrollo. A esto se suma una invitación clara a la inversión extranjera con beneficios tangibles y garantías sólidas.

El éxito se medirá por indicadores concretos: aumento del crédito a PYME, volumen de fondos propios movilizados, empresas que escalan hacia la exportación, desarrollo del capital de inversión y, sobre todo, industrias creadas y empleos generados de manera sostenible.

Como he sostenido siempre, «la creación de industrias, y el empleo que entra dentro de dicha inversión, se financia automáticamente». Esta lógica rompe el círculo vicioso del autofinanciamiento y abre la puerta a un crecimiento acelerado, donde cada proyecto industrial bien financiado genera su propio retorno en empleo y valor añadido.

La transformación productiva de Marruecos no será obra de un solo actor. Requiere la convergencia del sector financiero nacional, las empresas, el Estado y los inversores internacionales. El discurso real ha trazado el rumbo. Ahora, la ejecución decidida y la apertura al capital extranjero –con garantías y beneficios– definirán si Marruecos logra dar el salto hacia una economía emergente, innovadora y generadora de oportunidades para todos.