Pasará a la historia la madrugada del 3 de enero de 2026, explosiones sacudieron Caracas y otras ciudades venezolanas, culminando en una operación militar estadounidense que, como anunció Donald Trump, resultó en la captura de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, quienes fueron trasladados fuera del país rumbo a Nueva York para enfrentar cargos por narcoterrorismo y tráfico de drogas, basados en acusaciones de 2020 ampliadas con una recompensa de 50 millones de dólares. Este hecho histórico, ejecutado por fuerzas especiales como Delta Force, pone fin a un régimen marcado por crisis profunda, pero abre interrogantes sobre sus consecuencias.
Por un lado, la remoción de Maduro representa un avance en la lucha contra redes criminales transnacionales, ya que enfrenta imputaciones federales en EE.UU. por conspiración narco-terrorista, importación de cocaína y posesión de armas, lo que podría desarticular estructuras que han facilitado el flujo de drogas hacia mercados globales. Además, ofrece esperanza para Venezuela, devastada por una migración de más de 7 millones de personas, hiperinflación histórica y una economía contraída en más del 70%, permitiendo potencialmente una transición hacia elecciones libres y alivio humanitario. Regionalmente, debilita alianzas con potencias como Rusia, China e Irán, fomentando estabilidad en América Latina y reduciendo presiones migratorias en países vecinos.
Sin embargo, la intervención unilateral genera serios riesgos: viola la soberanía nacional sin mandato internacional, evocando precedentes controvertidos como Panamá en 1989, y ha provocado condenas globales por parte de aliados venezolanos y observadores neutrales, aumentando tensiones geopolíticas en un contexto ya volátil. Las explosiones causaron pánico, cortes eléctricos y posibles víctimas civiles o militares, sin cifras oficiales claras aún, mientras facciones leales al chavismo podrían generar inestabilidad interna, caos o resistencia armada, agravando la crisis humanitaria que afecta a millones. Sin un plan de transición definido, el vacío de poder amenaza con prolongar el sufrimiento de la población.
Este episodio dramático nos invita a pensar en los límites de la justicia cuando se impone por la fuerza: ¿puede un acto unilateral restaurar la democracia sin sembrar nuevas divisiones? En un mundo interdependiente, el equilibrio entre rendición de cuentas y respeto soberano abre la posibilidad de una nueva guerra.