México uno de los países más letales para el periodismo

3 de Abril de 2026

México uno de los países más letales para el periodismo

simon vargas
“Nuestra libertad depende de la libertad de prensa, y no puede limitarse sin perderse.”
Thomas Jefferson

En México, ejercer el periodismo no es solo una profesión; es, en demasiados casos, una sentencia de riesgo mortal. Tristemente, decenas de comunicadores han sido asesinados, amenazados o desaparecidos simplemente por informar sobre la corrupción, el crimen organizado, la narcopolítica o los abusos de poder. Según la organización Article 19, de 2000 a la fecha se han documentado 176 asesinatos de periodistas y personas comunicadoras en posible relación directa con su labor informativa. Veracruz encabeza la lista negra con 31 casos, seguido de otros estados donde el control territorial de cárteles y grupos locales convierte a los representantes de la prensa en objetivos prioritarios.

El panorama no ha mejorado en los últimos años, en 2025, México registró al menos nueve asesinatos de periodistas según Reporteros Sin Fronteras (RSF), lo que lo posicionó como el segundo país más peligroso del mundo para la prensa fuera de zonas de guerra activa, solo detrás de Gaza en algunos balances globales y por delante de naciones como Sudán. En el Índice Mundial de Libertad de Prensa de RSF 2025, México ocupa el lugar 124 de 180 países, con un puntaje general de 45.55 y un indicador de seguridad alarmantemente.

¿Por qué tantos periodistas están en riesgo? La respuesta radica en la impunidad y en la naturaleza misma de lo que cubren. En regiones como Michoacán, Guerrero, Sinaloa o Tamaulipas, los reporteros exponen alianzas entre políticos, policías y cárteles. Cubrir un desvío de fondos, un narco-bloqueo o una disputa interna de un grupo criminal puede significar recibir amenazas directas, ser vigilados o, peor, ser ejecutados. Las amenazas no solo provienen del crimen organizado; funcionarios locales, alcaldes y hasta fuerzas de seguridad han sido señalados en múltiples investigaciones.

La impunidad agrava el problema hasta niveles alarmantes, organizaciones como Article 19 estiman que más del 95% de los casos de asesinatos de periodistas quedan sin castigo, llegando incluso al 98% si se consideran solo sentencias condenatorias firmes; lo anterior refuerza un mensaje donde matar a un periodista no tiene castigo.

Casos emblemáticos hay muchos y sin duda ilustran esta tragedia con crudeza, por ejemplo, el de Miroslava Breach Velducea, corresponsal de La Jornada y Norte de Ciudad Juárez en Chihuahua, quien el 23 de marzo de 2017, fue asesinada a balazos en su camioneta. Breach investigaba la “narcopolítica” y los vínculos entre candidatos electorales y cárteles como Los Salazar, brazo del Cártel de Sinaloa. En la escena dejaron un mensaje: “Por ser chivata”, su muerte expuso cómo la información periodística puede costar la vida cuando toca intereses electorales y criminales.

Por otro lado, cómo olvidar el caso del atentado contra el periodista Ciro Gómez Leyva quien el pasado 15 de diciembre de 2022 en la Ciudad de México fue atacado por dos personas en motocicleta quienes dispararon contra su vehículo, afortunadamente Gómez Leyva resultó ileso e investigaciones de la FGR revelaron que aparentemente el ataque fue ordenado por el Cártel Jalisco Nueva Generación, pero en las investigaciones no se ha llegado a señalar a los autores intelectuales ni el móvil.

Estos casos no son aislados; son la evidencia de un sistema donde la verdad molesta y se silencia con agresiones y violencia, incluso en este 2026, con el asesinato de Carlos Leonardo Ramírez Castro en Veracruz el 8 de enero, la lista sigue creciendo.

México necesita urgentemente tomar acciones para proteger a quienes se encargan de llevar la información a la población, se necesita garantizar investigaciones independientes, desmantelar la impunidad y proteger de verdad a quienes arriesgan su vida por informar. Sin periodistas libres, no hay democracia, y la impunidad con la que se tratan los crímenes de periodistas, es un recordatorio doloroso de que, en muchas regiones de este país, informar sigue siendo un acto de valentía extrema. Y de que las autoridades y la propia sociedad tienen una deuda impagable con ellos mientras no se haga justicia.