Al abrir mi correo electrónico y empezar a leer no podía creer lo que estaban viendo mis ojos. Lo leí completo, vi quién lo firmaba y hasta estudié su firma. Era una invitación formal de parte de ONU-Hábitat para participar como ponente en la Mesa Redonda de Parlamentarios destacados en Bakú, Azerbaiyán. El correo estaba acompañado de otra carta, esta de parte de la Secretaría de Relaciones Exteriores para participar en la decimotercera edición del Foro Urbano Mundial (WUF13), reiterando la invitación.
Fue para mí un honor participar en el encuentro urbano más importante del mundo, no solo representó una enorme distinción personal y política, sino también una oportunidad histórica para llevar la voz de la Ciudad de México a un debate global que hoy define el futuro de nuestras ciudades: la crisis ambiental y la urgencia de recuperar nuestros ecosistemas urbanos. El WUF13 rompió récords históricos de asistencia. Más de 57 mil participantes provenientes de 176 países se reunieron para discutir cómo construir ciudades más sostenibles, resilientes e inclusivas. Además, la Urban Expo más grande en la historia del foro congregó a más de 217 organizaciones de 66 naciones, demostrando que el mundo entero está buscando respuestas frente a los desafíos ambientales y urbanos que amenazan nuestra calidad de vida. En ese contexto, tuve la oportunidad de exponer mi iniciativa de limpiar nuestras barrancasy de nuestros ríos urbanos. Durante décadas, estos espacios naturales fueron tratados como basureros clandestinos, drenajes a cielo abierto o territorios invisibles para las políticas públicas. Hoy estamos pagando las consecuencias. También sostuve un diálogo muy importante con la doctora Jing Yu, quien encabeza el proyecto internacional “The Sinking Cities”, enfocado en las ciudades que enfrentan hundimientos y riesgos ambientales en la región Asia-Pacífico. Durante nuestra conversación le expuse la problemática de los hundimientos que vive la Ciudad de México, fenómeno que amenaza infraestructura, viviendas, redes hidráulicas y la calidad de vida de millones de personas. Compartir nuestra experiencia permitió visibilizar que la crisis urbana y climática que enfrenta nuestra capital ya forma parte de una preocupación global. Las lluvias extremas que recientemente hemos vivido son una advertencia clara. Cada barranca llena de basura, cada cauce invadido y cada río contaminado representan un riesgo para miles de familias. La naturaleza siempre reclama el espacio que le arrebatamos. Cuando tapamos un río, el agua busca salir; cuando destruimos una barranca, perdemos un sistema natural de absorción que durante siglos protegió a la ciudad de inundaciones, deslaves y contaminación. En el foro quedó claro que las ciudades del futuro no pueden seguir construyéndose encontra de la naturaleza. También asistí a la conferencia de UN-Water, donde se abordó el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 6 sobre agua limpia y saneamiento, una de las agendas más urgentes para las ciudades del mundo. Durante el encuentro se discutió la necesidad de garantizar el acceso universal al agua potable, mejorar la gestión sostenible de los recursos hídricos. La nueva agenda urbana internacional plantea otro modelo: ciudades que integren infraestructura verde, restauración ecológica y justicia ambiental como ejes centrales del desarrollo. Y la Ciudad de México tiene todo para convertirse en ejemplo mundial si tomamos decisiones valientes desde ahora. Nuestros ríos no deben seguir escondidos bajo concreto ni nuestras barrancas convertidas en tiraderos. Deben transformarse en pulmones verdes, corredores ambientales y espacios públicos seguros para las comunidades. Cada árbol recuperado, cada tonelada de basura retirada y cada metro de cauce saneado representa una inversión directa en salud pública, resiliencia climática y bienestar colectivo. Uno de los momentos más importantes del WUF13 fue la adopción del “Llamamiento de Bakú a la Acción”, una hoja de ruta internacional para acelerar la respuesta global frente a la crisis de vivienda y sostenibilidad urbana. Pero también hubo una noticia que debe llenarnos de orgullo: se anunció oficialmente que la Ciudad de México será sede del World Urban Forum 14. Eso significa que el mundo pondrá nuevamente los ojos sobre nuestra ciudad. Tenemos dos años para demostrar que somos capaces de liderar una agenda ambiental ambiciosa y transformadora. No podemos llegar al WUF14 hablando únicamente de diagnósticos; debemos llegar mostrando resultados. La recuperación de ríos y barrancas debe convertirse en una causa colectiva. Gobierno, iniciativa privada, academia y ciudadanía tenemos que entender que defender nuestros ecosistemas urbanos es defender nuestro futuro. Porque una ciudad que le da la espalda a la naturaleza termina tarde o temprano colapsando bajo sus propias decisiones. Atender los llamados de la ONU es reafirmar el compromiso de México con el multilateralismo, una visión que fortalece nuestra democracia, amplía nuestra voz en el mundo y nos permite construir alianzas para enfrentar los grandes desafíos globales. Hoy más que nunca, participar activamente en estas agendas internacionales no es una opción, sino una responsabilidad histórica para garantizar un futuro sostenible, justo y resiliente para las próximas generaciones.