Oxfam México acaba de publicar un sugerente documento de 50 páginas denominado “Oligarquía o Democracia: nueve propuestas contra la acumulación extrema del poder en México”. Es un análisis muy completo, con cifras actualizadas, que permite hacer una fotografía de nuestros oligarcas.
Incluye un prólogo a cargo de un experto en el tema, Gerardo Esquivel, quien explica que Oxfam publicó hace ya 10 años un estudio sobre la desigualdad para un país en particular y escogió México, con el título “Desigualdad extrema en México: concentración del poder político y económico”, cuyo autor fue el propio Esquivel, y que tuvo una gran difusión y, sobre todo, aceptación.
En el prólogo reconoce que, si bien ha habido avances indudables, todavía falta mucho por hacer, porque la desigualdad en nuestro país sigue siendo extrema.
Comentaré algunos de los puntos más destacados que, a mi juicio, confirman que se ha hecho poco para limitar el enriquecimiento impresionante de unos cuantos, a pesar de declaraciones y declaraciones.
El primer dato que presentan se refiere a que hoy seguimos siendo uno de los países más desiguales del mundo: el 1% más rico de la población -1.3 millones de personas-, percibe el 35% del ingreso total, posee el 40% de la riqueza privada nacional y, a la vez, es responsable del 23% de las emisiones contaminantes.
Hay 22 mil millonarios con una fortuna conjunta de 219 mil millones de dólares, producto de una concentración de la riqueza que viene acumulándose año tras año desde hace 30 años.
Pero además, como ocurre en la mayoría de los países desiguales, esta insultante riqueza no es producto del mérito individual, sino de herencias y, sobre todo, de que el poder económico se convierte también en poder político, lo que les permite obtener licencias, concesiones, etc., en sectores estratégicos y con frecuencia poco regulados, dice el documento. Y yo agregaría la dificultad que existe para ponerlos en orden, a pesar de las regulaciones.
Hacen nueve propuestas para recuperar el control de la economía mexicana; es decir, parten de la conclusión de que quien realmente tiene el control de la economía en nuestro país es la oligarquía y que, para ello, hay que “transformar, reparar y redistribuir”.
Presentan gráficas que reflejan claramente la tremenda concentración de la riqueza en nuestro país: de los 22 mil millonarios, tan solo cuatro controlan el 90% de los más de 200 mil millones de dólares que concentran. Varios de ellos no habían sido tan ricos como hoy y han duplicado su fortuna en apenas cinco años. Y el estudio da un dato increíble: desde el inicio de la pandemia de COVID-19 en 2020, la riqueza concentrada por ellos creció 101% en términos reales.
¿Cómo compaginar este crecimiento de riqueza concentrada con la pobreza del crecimiento económico que hemos tenido en el mismo periodo? El estudio recurre a la tesis central de Thomas Piketty en su libro El capital en el siglo XXI, que indica que cuando las fortunas crecen más rápido que la economía, se acelera la concentración de la riqueza en pocas manos.
Una de las nueve propuestas es establecer impuestos progresivos a la extrema riqueza y a las ganancias del capital, haciendo un llamado al Poder Ejecutivo y al Legislativo para que instrumenten su posibilidad. A mi juicio, es buena, pero se queda corta, porque lo que necesitamos es una verdadera reforma fiscal que grave la riqueza.
No sé cuántos estudios y análisis se van a necesitar para poder convencer al actual gobierno de que es urgente una reforma en tal sentido. Asombra cómo desde Palacio, una y otra vez, se dice que no es necesaria; y quizá por eso uno ve las fotos que con frecuencia publica el gobierno, donde aparecen junto a la Presidenta varios de estos 22 personajes muy contentos, ya que seguirán concentrando poder y riqueza, y el país más desigualdad.