Pato y circo

25 de Junio de 2026

Pato y circo

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Emilio Antonio Calderón

Mucho se ha dicho sobre la visita del Pato Merlín a la conferencia mañanera de la presidenta Claudia Sheinbaum a inicios de esta semana, y ¿cómo no?, si, más allá del cariño inmediato que el pueblo mexicano demostró por el animal, el hecho de que la líder del Ejecutivo dé prioridad a reunirse en Palacio Nacional con un ave que con las decenas de colectivos que la buscan para atender todo tipo de inquietudes y necesidades da mucho de qué hablar. El uso de la figura de Merlín para proyectar una atmósfera de paz y festividad ante el escrutinio internacional funciona como una cortina de humo idónea para distraer los temas críticos de la agenda pública nacional.

Sin embargo, el tema de Merlín va mucho más allá de la esfera política, y es que otro organismo que no tardó en subirse al trend del ahora embajador oficial de este Mundial fue la propia FIFA. El problema con la federación encabezada por Gianni Infantino no es que se preocupen más por el animal que por los temas deportivos, sino que ahora resulta que la empresa que ha procedido de manera implacable contra pequeños locales que hacen uso de su marca busca lucrar a toda costa con el fenómeno viral del momento.

Incongruencia y marketing de emboscada

La FIFA incurre en una contradicción operativa que devela su verdadera ambición comercial. Mientras el organismo mantiene restricciones leoninas sobre sus derechos de autor, no dudó en capitalizar la popularidad de un ave criada por comerciantes ambulantes. La federación nombró a Merlín embajador oficial e invitado de honor al Fan Fest, pero existe un silencio absoluto sobre si la familia dueña del animal recibirá regalías por el uso de su imagen. Esta estrategia expone el descaro de una multinacional que devora la espontaneidad popular para engrosar sus propios activos sin retribuir a los creadores originarios de la tendencia. Es el retrato de un marketing de emboscada ejecutado desde la cúpula del poder deportivo.

Por fortuna, ante el acoso de las grandes corporaciones, los propietarios del pato ya iniciaron el proceso de registro de nombre e imagen ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI). Esta medida de protección legal resulta urgente frente a un mercado que constantemente despoja a los ciudadanos de su propia narrativa.

El peligro de las tendencias

Pero eso no es todo. Detrás de las risas y los tenis miniatura que viste Merlín, colectivos y asociaciones de protección animal encienden las alertas ante los riesgos de impulsar de forma desmedida esta imagen. La masificación del pato amenaza con desatar un “efecto moda” que derive en la compra impulsiva de aves como mascotas exóticas. Experiencias previas con otras especies demuestran que las personas adquieren crías por mera tendencia digital sin comprender sus necesidades reales. Ahí tenemos el caso de las lechuzas en Inglaterra durante tras el ‘boom’ de Harry Potter.

Un pato no es un juguete de aparador; requiere condiciones específicas de hábitat y agua limpia. Someter a estos animales a largas caminatas sobre el asfalto caliente de la Ciudad de México daña sus extremidades y les provoca infecciones graves. Asimismo, la exposición al ruido masivo de los estadios genera un estrés severo en su sistema cardíaco. Los refugios advierten que el entusiasmo actual se convertirá en abandono masivo en unos meses, cuando los animales crezcan y la moda pase.

Por otro lado, la presidenta destacó que personajes como Merlín son un pequeño símbolo de lo que somos y representamos los mexicanos. Y en cierto sentido, no está mal que la gente voltee a ver estos fenómenos mediáticos y se emocione. Por el contrario, incluso puede ser un remedio necesario para la polarización con la que vivimos últimamente. Sin embargo, no debemos permitir que la emoción borre la reflexión. Disfrutar de la festividad es válido, pero caer en el consumo irresponsable y permitir que transnacionales lucren con la vulnerabilidad de un ser vivo es un error que la sociedad no debe normalizar. El espectáculo del Mundial pasará, pero las consecuencias de nuestra ligereza permanecerán en el desamparo de las jaulas.