¿Quién está entregando Latinoamérica a la derecha?

25 de Junio de 2026

¿Quién está entregando Latinoamérica a la derecha?

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Annia Quiroz

La victoria de Abelardo de la Espriella en Colombia es una pieza más de un rompecabezas que se ha ido armando en América Latina durante los últimos años y que muchos sectores progresistas se resisten a mirar de frente. Colombia, uno de los países que en 2022 celebró la llegada histórica de Gustavo Petro al poder, hoy gira hacia la derecha con un electorado dividido y claramente cansado.

La pregunta no es por qué ganó la derecha, sino, por qué la izquierda perdió la capacidad de entusiasmar, pero sobre todo, de sostener.

Durante dos décadas, buena parte de América Latina vivió bajo la promesa de que gobiernos progresistas reducirían la desigualdad, fortalecerían los derechos sociales y construirían Estados más justos. Algunas de esas promesas avanzaron, otras quedaron atrapadas entre la corrupción, la burocracia, la inseguridad y el desgaste natural del poder.

Mientras la izquierda seguía hablando de causas, muchos ciudadanos comenzaron a preocuparse por cosas más inmediatas: la violencia, el costo de vida, el empleo y la incertidumbre económica.

Ahí encontró espacio la nueva derecha latinoamericana, y con nueva me atrevo a subrayar que se trata de una derecha no tradicional. Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador y ahora Abelardo de la Espriella en Colombia representan algo distinto: liderazgos que se presentan como “antisistema”, aunque muchas veces terminen respaldados por las élites políticas y económicas de siempre.

La izquierda latinoamericana parece haber cometido un error, y es el repetir las mismas críticas que históricamente hizo a sus adversarios, dejando a un lado la promesa con la que llegó: la de escuchar a los ciudadanos.

Es entonces, como la derecha ha tendido a radicalizar el descontento de la ciudadanía que parece lamentar una izquierda enfrascada en debates ideológicos y disputas narrativas, en lugar de responder a las exigencias. Porque más allá de representarlo, consiguió amplificarlo, construyendo una estrategia política basada en convertir la frustración ciudadana en indignación permanente, presentando cada problema como prueba del fracaso absoluto del sistema, convirtiendo el enojo social en capital electoral.

Lo que acaba de acontecer en Colombia, es un fenómeno del cual México debe poner atención; porque aunque nuestro país sigue gobernado por una fuerza de izquierda con altos niveles de popularidad, los ciclos políticos nunca son eternos. La historia reciente de América Latina demuestra que los electores no suelen votar por fidelidad ideológica, votan por resultados. Cuando sienten que las promesas no se cumplen, buscan alternativas.

Y esto no significa que América Latina se ha vuelto conservadora, sino que quizá la verdadera lección es que una parte importante de los latinoamericanos dejó de sentirse representada por quienes prometieron hablar en su nombre.

La derecha no está conquistando América Latina, América Latina se está entregando a la derecha.