A medida que la Copa Mundial Masculina de la FIFA 2026 se perfila para concentrar más atención global que cualquier otro evento en la historia, resulta imperativo reflexionar sobre una realidad ineludible: el deporte que mueve al mundo sigue siendo profundamente desigual en su base. Cada torneo de esta magnitud representa una ventana de oportunidad crucial para transformar esa realidad y consolidar la equidad.
Se espera que este certamen congregue a más personas al mismo tiempo que cualquier otra manifestación cultural previa. Lo que el balompié decida hacer con este momento trascenderá mucho más allá del pitazo final, impactando de forma directa la vida de cada niña y mujer en todos los continentes a quienes alguna vez se les ha dicho que este deporte no es para ellas. Los datos actuales demuestran que el fútbol y el mundo que refleja aún se encuentran distantes de cumplir su promesa más poderosa: la justicia social para todas las mujeres.
Ninguna política pública o gobierno posee el poder de convocatoria del fútbol para hacer sentir los mismos anhelos a miles de millones de personas en un mismo instante. Si canalizamos esa enorme influencia colectiva hacia la equidad, el fútbol puede transformarse en la fuerza de cambio cultural más potente y escalable de nuestra época.
La narrativa que cuestionaba el interés por el deporte practicado por mujeres ha quedado obsoleta. La Copa Mundial Femenina de 2023 atrajo a casi 2,000 millones de espectadores. Los mercados están reaccionando, pero las estructuras institucionales aún muestran rezagos significativos. La interrogante actual hay que enfocarla en si las federaciones aprovecharán este auge para impulsar la equidad con la misma determinación con la que se exige la excelencia en la cancha.
A pesar del crecimiento en ingresos de élite para el deporte femenino, proyectados en 3,000 millones de dólares para 2026, las disparidades económicas siguen siendo alarmantes. El fondo de premios de la Copa Mundial Femenina 2023 representó apenas una tercera parte de los 440 millones de dólares distribuidos en el certamen masculino de Catar. Esta es la contradicción central del fútbol moderno: un ecosistema que genera ganancias sin precedentes, pero que posterga la justa retribución económica de las mujeres.
Esta asimetría financiera guarda relación con la falta de representatividad en las cúpulas. Las mujeres apenas ocupan un estimado del 32% de los cargos ejecutivos en las federaciones internacionales. Asimismo, solo el 5% de las entrenadoras registradas a nivel mundial son mujeres.
Es indispensable abordar también los riesgos sociales asociados a las grandes concentraciones de aficionados. Diversas investigaciones demuestran una correlación alarmante entre los días de partidos de gran relevancia y el incremento de la violencia doméstica en contextos de alta rivalidad o derrotas inesperadas. A esto se suma el acoso sistemático que enfrentan entrenadoras, árbitras y periodistas deportivas en el ejercicio de su profesión.
Por otra parte, el abandono deportivo en las etapas formativas constituye otra pérdida de talento. Las niñas menores de 14 años abandonan la práctica deportiva al doble de ritmo que los niños, motivadas por estereotipos, presiones sociales y escasez de referentes visibles. El deporte es una herramienta de emancipación. Estadísticas demuestran que las niñas que practican actividades deportivas permanecen más tiempo en el sistema educativo y acceden a mejores puestos laborales en el futuro.
El camino hacia la equidad cuenta con referentes claros que demuestran la viabilidad de los cambios estructurales. Los Juegos Olímpicos de París 2024 hicieron historia al consolidar una plena paridad de género en la participación de atletas.
Con miras a la Copa Mundial Femenina de 2027 en Brasil, la Copa Mundial Masculina de 2026 debe funcionar como el gran catalizador de estas demandas. El fútbol cuenta hoy con el escenario más imponente de su historia y asume la responsabilidad ética más urgente: transformar el enorme flujo de atención y recursos en un legado permanente de igualdad, dignidad y justicia para todas las mujeres y niñas del mundo.
*Diputado local por el Distrito 15 de Iztacalco
X: @PabloTrejoizt