Reforma Electoral: ¿Transformación o Simulación?

6 de Febrero de 2026

Juan Pablo Gómez Zarazúa
Juan Pablo Gómez Zarazúa

Reforma Electoral: ¿Transformación o Simulación?

Columna invitada_Redes

Claudia Sheinbaum ya anunció que la propuesta para la reforma electoral se enviará al Congreso este mes de febrero. Algunos dicen que garantizará verdadera democracia, otros señalan que es la “Ley Maduro”, pero yo más bien me pregunto si no se viene más de lo mismo de siempre.

Voy a remontarme hasta inicios del siglo XX para poder construir mi argumento. México vivió un siglo XIX sumamente turbulento, desde la Guerra de Independencia hasta las intervenciones estadounidense y francesa, y la guerra de Reforma. Lo que existía en México era un vacío de poder constante, muy volátil que impedía la estabilidad política. Fue hasta que llegó Porfirio Díaz que las aguas se calmaron entre las élites políticas, manteniendo una paz forzada y un consenso equilibrado entre las diversas facciones políticas y económicas.

Esa estabilidad se terminó cuando el tema de la sucesión de Díaz llegó a la opinión pública, construyendo tensiones entre las élites porfiristas y abriendo un vacío de poder que las élites no porfiristas también buscaron llenar. La Revolución carecía de ideales, de un plan político serio. Fue una lucha entre las élites para buscar dominar la nación en un nuevo equilibrio. Por eso, cuando termina el movimiento, lo que queda es un porfiriato institucionalizado como partido político: el PNR que se convirtió en el PRI.

El PRI nunca ha tenido ideales definidos. Defiende los valores y las ideas de la Revolución Mexicana, un movimiento sin brújula política clara. Las múltiples décadas de gobiernos del PRI fueron un pragmatismo similar al de Porfirio, donde iban adaptando la política y cambiando de rumbos conforme iban entendiendo qué era mejor para mantener el poder y el equilibrio. Si lo que había que hacer era masacrar a los participantes de un movimiento político, lo hacían, pero también daban nuevos derechos ciudadanos y seguridad social cuando lo veían más conveniente.

Como buenos pragmáticos, herederos del porfiriato, nunca dieron un paso sin huarache. Todos los avances en democracia fueron pensados como estrategia para mantener el poder en las mismas élites políticas y económicas de siempre. Tras la creación del IFE y el primer gobierno del PAN, es evidente cómo se mantuvo la misma estructura y claro que sobran motivos para explicar por qué la opinión pública se refería al PRIAN.

Hoy en día, se suele observar constantemente que a Morena lo integran personajes con pasados priistas y panistas. Se deja ver la falta de democracia cuando los legisladores prohíben los vapeadores obedeciendo al mandato vertical, pero posponen y posponen la reforma laboral de las 40 horas que piden las bases electorales.

Las élites políticas y económicas en México son expertas en mantener el poder. Todas las candidaturas las deciden los liderazgos partidistas, no solo las listas de los plurinominales. Los ciudadanos no tenemos poder de decisión en los nombres que aparecen en las boletas. Morena se queda a medio camino cuando ataca a los pluris.

Lo que urge en términos de democracia es garantizar que la ciudadanía pueda influir realmente en quiénes ocupan los cargos públicos de elección popular, para que el gobierno sí sea ejercido por el pueblo como indica la etimología de democracia. En vez de eliminar curules, se deben abrir las listas e implementar elecciones primarias obligatorias. Solo así podremos ver la verdadera transformación del México contemporáneo y salir de esta eterna simulación.