Rubén Moreira en San Lázaro

25 de Septiembre de 2026

Rubén Moreira en San Lázaro

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En una Cámara de Diputados donde la mayoría puede aprobar casi cualquier cosa sin necesidad de convencer a nadie, ser oposición es un trabajo ingrato. No se ganan votaciones; se ganan argumentos, se dejan constancias, se siembran ideas que tal vez florezcan en otro momento. Pocos entienden ese oficio tan bien como Rubén Moreira Valdez, y vale la pena detenerse en lo que ha hecho al frente de la bancada del PRI.

Empecemos por la trayectoria, porque la experiencia no se improvisa. Moreira gobernó Coahuila de diciembre de 2011 a noviembre de 2017, llegó al Congreso de la Unión en 2021 como diputado plurinominal y fue reelecto en 2024. Cuando arrancó la actual legislatura, los diputados priistas electos lo eligieron por unanimidad como coordinador para el periodo que concluye en 2027. Unanimidad no es poca cosa en un partido que ha atravesado años difíciles: habla de alguien que sabe mantener unido a un grupo cuando todo empuja a la dispersión.

Lo que distingue a Moreira no es el volumen de su voz, sino el tipo de batallas que elige. Muchas de sus propuestas no buscan titulares, sino corregir las reglas del juego parlamentario. Un ejemplo reciente: denunció que el 95 por ciento de las iniciativas enviadas por la Presidencia han sido votadas, contra apenas un 4 por ciento de las presentadas por legisladores, y anunció una propuesta para ampliar los periodos ordinarios de sesiones y atender el rezago. Es un diagnóstico incómodo para cualquier gobierno, pero es exactamente el que debe hacer quien cree que el Congreso es un poder, no una oficialía de partes.

En la misma línea va su iniciativa sobre las reservas en el pleno. Advirtió que el uso masivo de reservas ha llegado a más de mil en discusiones presupuestarias y más de 500 en leyes secundarias, lo que vuelve los debates interminables y diluye la discusión real. Su propuesta es sencilla y sensata: que una reserva, una vez anunciada por la Presidencia ante el Pleno, ya no pueda retirarse y deba votarse. Detrás de un tecnicismo reglamentario hay una idea de fondo: que cada legislador asuma públicamente el costo de sus decisiones.

Quizá su propuesta más simbólica es la de devolver al Informe de Gobierno su sentido republicano. Moreira planteó reformar los artículos 69 y 89 constitucionales para que quien ocupe la Presidencia acuda personalmente al Congreso a presentar su informe, escuche los posicionamientos de los grupos parlamentarios y responda, bajo protesta de decir verdad, sus preguntas. Esa obligación existía desde la Constitución de 1917 y fue eliminada en 2008. Se puede estar a favor o en contra, pero nadie puede negar que es una propuesta pensada para fortalecer el equilibrio entre poderes, gobierne quien gobierne.

Su agenda también toca las heridas más dolorosas del país. En julio, propuso reformar la ley general en materia de desaparición forzada para reconocer el carácter continuo del delito y establecer que no concluye hasta conocer el paradero de la víctima. Y ante la iniciativa presidencial contra el feminicidio, en lugar de la descalificación automática, pidió un parlamento abierto con organizaciones civiles, colectivas de mujeres, familiares de víctimas, especialistas, fiscalías y legisladores de las 32 entidades. Eso es hacer oposición con responsabilidad: no oponerse a todo, sino exigir que las cosas se hagan bien.

En materia presupuestal, su crítica ha sido puntual. Durante la discusión del PEF 2026 señaló que se recortaban recursos a la Fiscalía General de la República y sugirió reorientar dinero del Tren Maya hacia la seguridad y los municipios. Y frente a la reforma electoral, fue de las voces más firmes en advertir sus riesgos para el pluralismo, alertando que podría debilitar a los partidos de oposición y fortalecer cacicazgos.

Hay algo que se percibe cuando uno escucha a Moreira: habla como abogado, argumenta como exgobernador que conoce las tripas de la administración pública y negocia como alguien que ha pasado suficiente tiempo en la política para saber que las derrotas de hoy no son definitivas. En tiempos de consignas y polarización, esa combinación de oficio, paciencia y conocimiento técnico es escasa. Por eso no es exagerado decir que se trata de uno de los políticos con mayor experiencia y capacidad del momento.

La democracia no se mide solo por quién gana, sino por la calidad de quienes pierden las votaciones y aun así siguen defendiendo las reglas. En esa medida, Rubén Moreira está haciendo un trabajo que el país necesita, aunque no siempre se lo reconozca.

@jlcamachov