Se acabó el scroll en la escuela

25 de Septiembre de 2026

Se acabó el scroll en la escuela

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Annia Quiroz

Desde el próximo 3 de noviembre, millones de estudiantes de primaria y secundaria tendrán que guardar el celular en la escuela.

La Secretaría de Educación Pública está regulando de esta manera el uso del celular en los alumnos. Los estudiantes podrán llevar el dispositivo consigo, pero no utilizarlo durante el horario escolar, salvo excepciones específicas; así lo indica el acuerdo publicado en el Diario Oficial de la Federación que aplica tanto para escuelas públicas como particulares.
El Gobierno federal sostiene que el uso indiscriminado de pantallas afecta la atención, la concentración, la interacción y el aprovechamiento académico. Estas medidas parecen necesarias, sobre todo después de los recientes resultados obtenidos de la prueba PISA 2025, en la que México retrocedió en su nivel de matemáticas.

Además, la SEP informó que, en una consulta realizada a más de 565 mil docentes durante la fase intensiva del Consejo Técnico Escolar, 81% respaldó establecer reglas para regular los dispositivos digitales en los planteles.

Con esto, México se está subiendo a la ola de Latinoamérica que está adoptando medidas en contra del uso de celulares en las escuelas. Chile, Argentina, Colombia y Brasil, son los países de Latam que han establecido un antecedente.

Pero el verdadero reto será hacer cumplir la regla sin convertir al maestro en policía de dispositivos.

Una cosa es decir que un estudiante no puede utilizar su teléfono durante el recreo. Otra muy distinta es establecer quién lo vigila, qué sucede cuando lo saca, quién lo resguarda si una escuela decide implementar espacios para ello y qué responsabilidad tendrá el plantel si el dispositivo se pierde o se daña.

El acuerdo contempla que las comunidades educativas establezcan mecanismos y, en determinados casos, excepciones por emergencia, salud, discapacidad, accesibilidad e inclusión. En educación media superior, incluso, cada institución podrá definir medidas por distintas: desde horarios y áreas autorizadas hasta el resguardo de los dispositivos.
Por eso la parte difícil se encuentra en diseñar las condiciones para que la regla pueda cumplirse, no sólo para mejorar mejorar los niveles académicos, sino también de recuperar creatividad, convivencia, contacto humano y desarrollo de habilidades cognitivas que según voces expertas se esperan recuperar dando este primer paso.
Pero entonces, esto también implica poner el foco en más espacios para jugar, más actividades deportivas. Contar con bibliotecas funcionales, talleres de arte y música.Espacios seguros para conversar y recreos en los que haya algo que hacer además de esperar a que termine el tiempo.

Por otra parte, la educación digital no puede consistir únicamente en decirle a un menor: “guarda el celular”, sino en enseñarle cuándo usarlo, para qué usarlo, qué información compartir, cómo reconocer una estafa, cómo proteger su privacidad, qué hacer frente al acoso digital, cómo distinguir información de desinformación y qué significa pasar horas frente a una pantalla.

La restricción puede crear un espacio de atención, pero la educación digital tiene que enseñar qué hacer cuando ese espacio termine. Porque el celular no es un enemigo, y eso hay que aclararlo, la tecnología es aliada sabiendo utilizarla.

De hecho, el propio acuerdo de la SEP reconoce que los dispositivos pueden ser herramientas útiles para el aprendizaje cuando su utilización responde a fines pedagógicos. El problema que busca atender es su uso inadecuado, excesivo o sin regulación.

Entonces, ahora que México ya tomó la decisión de restringir el uso de celulares en primaria y secundaria; habrá escuelas donde funcionará con relativa facilidad y otras donde será complicado; habrá padres que agradezcan la medida y otros que cuestionen cómo podrán comunicarse con sus hijos; también, habrá maestros que celebren recuperar la atención del grupo y otros que tendrán que resolver, en la práctica, cómo se aplica una regla nacional dentro de un salón con realidades muy distintas; y sobre todo, habrá estudiantes que probablemente encuentren la manera de burlarla.

Ahí se encuentra el gran desafío, lograr que los alumnos aprendan a decidir cuándo vale la pena mirar una pantalla y cuándo no.