En dos artículos aparecidos en el último número de la revista inglesa The Economist, mencionan lo que está ocurriendo, fundamentalmente en Estados Unidos, respecto a los impuestos que pagan los superricos. Los títulos de ambos artículos marcan la tendencia de la revista: uno de ellos, traducido libremente al español, dice “El Estado Robin Hood viene por los ricos” y el otro, “No persigan a los ricos para arreglar los presupuestos fallidos”.
La embestida de la revista es contra algunas decisiones de gobiernos estatales y locales de Estados Unidos, donde, por ejemplo, el recién electo alcalde de Nueva York, Sr. Zohran Mamdani, ha propuesto un impuesto del 2% a aquellas personas cuyos ingresos rebasen un millón de dólares. Esto ha sido el pistoletazo para que otros estados, como Virginia, Rhode Island y Washington, también estén pensando en hacer lo mismo.
El estado de California, que es uno de los más avanzados hasta ahora en medidas para combatir la desigualdad, ha propuesto votar este año una iniciativa para, por única vez, imponer un impuesto del 5% a los billonarios.
La preocupación de la revista -y me imagino que de los billonarios- es que medidas parecidas ya se están discutiendo en Europa, siendo la líder Francia, que impulsa una campaña para aplicar impuestos a los ricos. Menciona, además, que el primer ministro inglés, Sir Keir Starmer, a través del Partido Laborista podría también proponer algo parecido ante las necesidades crecientes para atender el envejecimiento de la población y, sobre todo, el gasto creciente en defensa.
Como es usual en los ingleses, aplican con sorna la frase del “Estado Robin Hood”, quitando dinero a los ricos para dárselo a los pobres. Pero yo creo que llegamos ya a un punto donde la desigualdad y, sobre todo, el enriquecimiento creciente de unos cuantos debe frenarse, porque para la mayoría de los gobiernos no hay presupuesto que alcance, frente a las demandas crecientes de la población.
La revista argumenta que los impuestos no son el único camino para redistribuir el ingreso de los ricos a los pobres, y en eso tienen razón. Pero el argumento que agregan es que deben aumentar los ingresos sin distorsionar la economía, porque en el largo plazo los ricos pueden hacer estragos y causar un daño político, frase que, entre otras cosas, trae implícita una amenaza.
Dan algunos datos que, por sí solos, indican la desigualdad que ha habido en un corto plazo: en los años 80 y 90 del siglo pasado, el 1% de los estadounidenses poseía el 9% del ingreso, y para 2022 esa proporción ya se había incrementado al 16%, mientras que, en Europa, en el mismo periodo, habían pasado de tener el 8% a poseer el 12%.
Según la revista, el llamado “neoliberalismo” habría destruido los acuerdos de posguerra y permitido a los ricos ser bastante más ricos, lo cual, concluye The Economist, sí tiene algo de verdad.
Argumentan que es posible que los extremadamente ricos -no el 1%, ni el 0.1%, sino el 0.01%- escapen a la redada que haga el Robin Hood gubernamental, dadas las formas en que obtienen las ganancias y luego las distribuyen entre los miembros de la familia para ocultar el verdadero patrimonio. Incluso, según se menciona en la revista, el pasado 7 de febrero, en San Francisco hubo una marcha denominada “Marcha de los billonarios”, que se oponen al incremento de impuestos con el siguiente lema: “Vilipendiar billonarios es popular. Perderlos será muy costoso”.
La conclusión que podemos sacar es que este es un tema que crecerá, ante las necesidades crecientes de millones de personas y los millones de dólares de unos pocos.
Y, una vez más, creemos que, por parte del gobierno y los partidos políticos, debe haber una amplitud de criterio para discutir y analizar la conveniencia también de incrementar los impuestos a los ricos en México y no tan sólo decir “no es necesario”.