El Departamento de Justicia develó un alarmante complot criminal orquestado por una red de agentes rusos y reclutas al servicio del Kremlin para perpetrar ataques y asesinatos en el mundo, empezando con Estados Unidos. La Fiscalía del Distrito Sur de Nueva York acusó a cinco individuos que operan para la llamada Red de Servicios de Inteligencia Rusos (RIS), brazo externo de asesinatos del aparato de inteligencia del Estado ruso, de conspirar para perseguir y quitar de en medio a un disidente ruso por primera vez en suelo estadounidense, con la posible participación de asesinos a sueldo traídos desde México. The Guardian infirió que el blanco del frustrado complot, que la imputación no identifica, puede ser el reconocido periodista ruso Vladimir Kara-Murza, asentado en el área de Washington, D.C. tras su liberación de una prisión en Siberia como parte de un intercambio de presos con Estados Unidos en 2024. El fiscal a cargo del caso tachó de “flagrante violación de la soberanía” de Estados Unidos las actividades de los rusos por órdenes de “agentes estatales”. No se sabe si México tuvo algo que ver con la investigación. La Fiscalía neoyorquina no respondió a mi pregunta de si habían contado con la colaboración de las autoridades mexicanas. Y el gobierno de Claudia Sheinbaum no se ha pronunciado. Sobra decir que la implicación de asesinos mexicanos en operaciones rusas de esta envergadura tendría consecuencias inimaginables para la seguridad nacional y la relación con Washington. México debería agradecer que esta vez el FBI pudo desarticular a tiempo el atentado.
Tres de los señalados en la imputación son miembros de alto rango del espionaje ruso: Yuri Khrameev, de 63 años, ex coronel de los servicios de inteligencia que ha reclutado a asesinos para ejecutar a disidentes y que dice haber trabajado de cerca con Vladimir Putin cuando ambos eran jóvenes; su hijo, Kirill Khrameev, de 27 años, oficial en activo del FSB, sucesor de la KGB soviética; y Oemis Romagoza Durrithy, miembro influyente de la diáspora cubana en Rusia, quien ha coordinado ataques para la red. Los otros acusados son el cubano Yaidel Delgado Suárez, alias Vikingo, prolífico reclutador que mantiene el contacto directo con los sicarios en México, y su cercano colaborador, el venezolano Ángel Eduardo Castro, reclutador de individuos a cargo de la vigilancia y la toma de imágenes y videos de los objetivos. De acuerdo con la denuncia, Suárez dijo a un colaborador en Estados Unidos que tenía disponible “gente en México” capaz de asesinar al objetivo en Washington. Suárez y Castro habrían ofrecido 40 mil dólares para eliminarlo o desaparecerlo.
Rusia ha llevado a cabo intentos y asesinatos políticos y ejecuciones extrajudiciales selectivas en el Reino Unido (se conocen 14), Alemania, Francia, Polonia, España y Turquía, pero, hasta ahora, solo se sabe de un caso en Estados Unidos que, no debe sorprender, involucró a un mexicano. En 2020, el biólogo molecular oaxaqueño Héctor Cabrera Fuentes fue arrestado por participar en un complot para ejecutar en Miami a Aleksandr Poteyev, exalto funcionario del Servicio de Inteligencia Exterior ruso que dirigió el programa “Los Ilegales” de espías invisibles. Después de cumplir una corta condena, Cabrera fue deportado a México en 2023.
Los sicarios mexicano y el reclutamiento de Cabrera muestran la agresividad, osadía y largo alcance de la inteligencia rusa para involucrar a México en sus actividades terroristas debido a su vecindad con Estados Unidos y la proclividad hacia Rusia de los gobiernos de la 4t. Sabido es que en México hay más espías rusos por metro cuadrado que en cualquier país del mundo. Los 80 “diplomáticos” (léase espías) en la embajada rusa actúan con plena impunidad y presuntamente al margen de las leyes mexicanas protegidos por la inmunidad otorgada por la cancillería mexicana. Además, hay un número desconocido de ciudadanos rusos que se hacen pasar por refugiados de la guerra de Putin contra Ucrania cuando en realidad son espías. Sheinbaum no ha dicho por qué no ha expulsado a los espías rusos en la lista que le entregó Washington vía la Embajada de Estados Unidos.
En tanto que el gobierno no reconozca que Rusia es un Estado terrorista fusionado con el crimen organizado, que comete asesinatos extrajudiciales y extraterritoriales, y crímenes de lesa humanidad contra la población civil ucraniana, los rusos seguirán impulsando la criminalidad en suelo mexicano ya sea mediante el reclutamiento de sicarios o componendas con el narcotráfico. Si el gobierno no denuncia la injerencia del Kremlin y pone orden en su casa, será cuestión de tiempo antes de que los rusos crean un conflicto desestabilizador interno y suman a México en el caos, fracturando la relación política con nuestro principal socio comercial.
@DoliaEstevez