Un mundial con sabor a pan

16 de Junio de 2026

Un mundial con sabor a pan

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Yazmin Jalil

¿Recuerdan cuando Richard Hart, el panadero inglés, llegó a decir que en México no teníamos cultura panadera?

La frase generó indignación, no solo porque venía de alguien que llegó a nuestro país para abrir una panadería y compartir su visión sobre este arte, sino porque en México el pan no es simplemente una receta: es una costumbre.

Es la bolsa de papel llegando a casa, el café de la mañana, la panadería de la esquina, la concha compartida en familia. Es una tradición que pasa de generación en generación y que está presente en nuestros recuerdos, nuestras celebraciones y esos pequeños momentos cotidianos que construyen identidad.

Y fue justamente ahí donde Mauricio Tabe, alcalde de Miguel Hidalgo, bajó bien ese balón.
En lugar de entrar en una discusión, respondió con hechos: mostrando lo que representa el pan en nuestro país.

La alcaldía presentó una guía de las 50 mejores panaderías de Miguel Hidalgo, una invitación a descubrir esos lugares donde la tradición, la creatividad y el trabajo de los panaderos mantienen viva una parte importante de nuestra cultura.

Platiqué con el alcalde y me contó que la iniciativa nació también desde algo personal: su gusto por el pan, pero sobre todo sus ganas de apoyar a los empresarios de la zona y presumir lo que está bien hecho.

Y vaya que hay qué presumir. Recorrimos panaderías como Lulo y Lala, La Conchería y Matisse, entre otras, y queda claro que México sí tiene una enorme cultura del pan.
Está en el pan dulce, en el bolillo, en las recetas familiares, en los negocios que llevan años abiertos y en quienes siguen cuidando un oficio que forma parte de nuestra historia.
Porque una ciudad también se cuenta a través de sus sabores.

Y como sucede con todo lo que toca México, hasta una celebración mundial encuentra una manera de tener nuestro sello.

La guía sirve para descubrir los mejores panes de la zona y, además, algunas panaderías ya crearon piezas inspiradas en esta celebración: conchas en forma de balón, galletas con referencias futboleras y productos que mezclan la pasión del momento con algo tan nuestro como compartir un pan.

Pero para que se pueda disfrutar de todo esto, también hay que trabajar del otro lado de la cancha.

Mientras unos estamos celebrando goles, hay otro equipo trabajando para que la ciudad siga funcionando. Ese equipo que casi nunca aparece en la foto.

Durante nuestra conversación, Tabe también me contó sobre la operación del Búnker del Gobierno Nocturno MH, un centro de mando que estará funcionando durante los 40 días del Mundial para atender emergencias y situaciones de riesgo.

La idea es clara: que el mundo pueda disfrutar la celebración en Miguel Hidalgo, pero sin sacrificar el orden, la seguridad y la tranquilidad de quienes viven ahí.

Desde la Casa Mandela en Parque Lincoln, este centro coordina áreas como Protección Civil, Blindar Miguel Hidalgo, Gobierno y Asuntos Jurídicos, Servicios Urbanos, Desarrollo Social y Medio Ambiente.

Porque recibir un Mundial no solamente significa preparar lugares para ver partidos o recibir visitantes. También significa estar listos para lo que pasa después del silbatazo final: reportes vecinales, servicios médicos, emergencias, limpieza, alumbrado, supervisión de establecimientos y todo lo que hace que una ciudad funcione.

El día que México ganó su primer partido, por ejemplo, mientras muchos estábamos festejando, la lluvia complicó la jornada y hubo que atender temas como árboles caídos y afectaciones en distintos puntos.

La ciudad también juega su propio partido. Ahí están las personas que salen a resolver mientras otros están gritando un gol.

También habrá atención para mujeres que necesiten apoyo a través de un Punto Violeta, así como cuadrillas para temas de limpieza, lluvias, árboles y servicios urbanos.

Porque una gran celebración no se mide solamente por cuántos goles se gritan. También por cómo se recibe al mundo, cómo se cuida la casa y cómo se logra que todos formen parte de ella.

Este Mundial nos está dejando estadios llenos, aficionados emocionados y culturas diferentes compartiendo un mismo escenario.

Pero también nos recuerda algo importante: una ciudad se construye desde muchos lugares. En una cancha, en una panadería y también en un centro de mando donde un equipo trabaja mientras todos los demás festejan.

Porque al final, los grandes eventos no solo se construyen con goles. También con identidad, con sabor y con la capacidad de hacer que todo funcione.