Volvieron a matar a un influencer en Sinaloa. Y uno es un hecho aislado. Tres es una coincidencia terrible. Pero diez ya no puede ser casualidad.
Parte 1: César
César Gastelum era influencer y creador de contenido. Vivía en Culiacán. Su contenido era cómico, tal vez algo buchón. Pero no era contenido narcoso.
La semana pasada estaba haciendo una transmisión en vivo afuera de un restaurante al norte de Culiacán. Y mientras transmitía, dos hombres que iban en una motocicleta se le emparejaron, sacaron una pistola y le dispararon.
Miles de personas lo vieron.
Eso tuvo todas las características de un ataque directo.
Y César Gastelum murió de inmediato. Tenía 25 años.
Parte 2: Los otros
Han matado a cerca de diez influencers sinaloenses desde que empezó la guerra en Sinaloa.
Han matado a personajes con audiencias de culto como El Pinky, El Brasileño, El Tata, El Jasper, El Peinadito.
También han matado a personajes conocidos como el Gordo Peruci o Gail Castro.
Y han matado a personajes famosos a nivel nacional como Camilo Ochoa.
Todos han sido ejecutados en ataques directos narcostyle.
Parte 3: Guerrilla
En todo esto hay dos grandes categorías.
La primera es la de la opinión pública.
Igual que en la guerrilla, los grupos criminales buscan un control práctico del territorio. Y para asegurar un control práctico del territorio, lo primero que necesitan es la aprobación de los locales.
En Sinaloa el crimen está usando a los influencers para incidir en la opinión pública y para ganarse la simpatía de la población local.
Camilo Ochoa es buen ejemplo. Él era criminal retirado. Y ahora jugaba el papel de propagandista de una de estas dos grandes facciones. Su contenido era puramente anecdótico: se dedicaba a contar las historias de heroísmo y valentía de sus antiguos aliados. Se dedicaba a celebrar la memoria de capos pesados. Y se la pasaba tirándole al grupo rival.
Gail Castro era hermano de Markitos Toys, uno de los influencers más conocidos de Sinaloa. Markitos Toys era famoso por cómo presumía su vida de lujo, por sus relaciones con personajes oscuros y porque lloró cuando arrestaron a un sicario sanguinario que era amigo suyo.
En Sinaloa los influencers están haciendo contenido favorable a las facciones.
Y esto facilita el control territorial de las facciones, fortalece la noción de que la vida criminal es algo deseable a lo cual los jóvenes deben aspirar y por lo tanto facilita también el proceso de reclutamiento, que es muy importante en estas épocas de guerra.
Parte 4: Lavar likes
Esta es la segunda gran categoría.
El año pasado el entonces titular de la UIF Pablo Gómez lo dijo fríamente: detectaron que en Sinaloa los influencers y creadores de contenido están ayudando a los cárteles a lavar dinero.
Aparentemente la mecánica funciona así:
Las facciones primero inflan artificialmente a un creador de contenido, le construyen una audiencia falsa con bots, interacciones simuladas y perfiles falsos. Después el influencer empieza a subir videos. Y los perfiles falsos reaccionan. Y poco a poco, la inversión que hizo la facción les regresa por el otro lado a través de monetización o colaboraciones.
Nada más que ese dinero regresa pues… limpio. Ya lavado vaya.
Muchos han sospechado que lo de Cesar Gastelum fue por ahí. Y también podría explicar los homicidios de estos personajes que no necesariamente hacen contenido bélico sensible.
Parte 5: Nuevo terreno
Al final lo que sí es claro es que la guerra en Sinaloa ha abierto un plano nuevo de batalla: las redes sociales.
En Sinaloa las redes se han vuelto una pieza central del conflicto. Inciden en la opinión pública, en el proceso de reclutamiento y en el lavado de dinero. Y eso sin contar fenómenos como el halconeo en redes, los narcomensajes y las páginas de narconoticias.
Pero esto también es un recordatorio de que todo lo que tiene que ver con el crimen puede parecer lujoso y glamuroso, pero siempre acaba mal.
Y aquí uno o dos ejemplos.
O casi diez.