El orden comercial internacional ha estado en constante cambio, entre decisiones políticas, proteccionismo, amenazas sanitarias y otros factores impactando la macroeconomía, los mercados y la dinámica de los negocios. La pandemia por COVID-19 nos enseñó que un sistema sustentado en procesos claros y tratados comerciales de largo plazo requiere además de contar con alternativas.
México es un país privilegiado para la inversión y un tratado trilateral o TMEC muy exitoso con un libre comercio, integrando las cadenas de suministro, colocándolo como el principal socio comercial de Estados Unidos. Sin embargo, también es vulnerable a decisiones políticas, que generan incertidumbre.
La industria del plástico aporta 3.0% del PIB manufacturero, representa más de 400 mil millones de pesos, alrededor de un millón de empleos y provee a 80% de los sectores productivos del país, sin embargo, depende en 70% de la importación de resinas. Industria resiliente, ha sobrevivido a desafíos globales, regulaciones, prohibiciones y volatilidad de precios.
La caída de la petroquímica nacional nos ha hecho depender de insumos principalmente de Estados Unidos y poco de Europa y Asia. Estas materias primas forman parte de la integración regional necesaria para desarrollar la cadena de valor regional del T-MEC.
En este contexto, en marzo se publicó en el Diario Oficial de la Federación la resolución preliminar por posible dumping a las importaciones resinas de PVC suspensión, originarias de Estados Unidos, fijando una cuota de 631 dólares por tonelada. Esto, sumado al alza de precios derivada del conflicto en Medio Oriente, provocó un incremento cercano al 100%.
Lo anterior aceleró el aumento de importaciones de productos terminados a precios muy por debajo del costo nacional dejando fuera del mercado a los fabricantes mexicanos, impactando a más de 300 fabricantes de productos de PVC —tubería, textiles sintéticos para la industria automotriz, películas para la industria farmacéutica, recubrimientos de cable y calzado, entre otros—. Algunas ya comienzan a importar mercancías para comercializarlas, poniendo en riesgo hasta 70% de la plantilla laboral.
Los procedimientos antidumping se realizan bajo protocolos rigurosos y con información probatoria. Este análisis debe también considerar el contexto nacional e internacional: en México no existe competencia nacional de proveeduría de resinas de PVC, habiendo solo un productor nacional, y esto podría priorizar el suministro a empresas de un mismo grupo de interés económico, o sus compromisos de exportación, dejando al resto de la industria no relacionada en completa vulnerabilidad.
La Secretaría de Economía, hoy más que nunca, debe de contar con los especialistas y la infraestructura necesaria para defender el desarrollo de la industria nacional hacia adelante, en un mercado cada vez más complejo.
Una cuota compensatoria al principal productor de PVC suspensión, abriría el mercado a importaciones de Asia o Europa, con mínimo arancel, y lo más grave, eliminaría el contenido regional requerido bajo el T-MEC y aumentaría la importación indiscriminada de productos semi y terminados a precios muy por debajo del mercado nacional, provenientes de Asia e inclusive de Estados Unidos, desmantelando la cadena productiva nacional e incentivando un México dependiente de manufacturas del exterior.
México es un país productor de excelencia, no un país comercializador. Su manufactura ha crecido por su calidad, eficiencia y costos.
En un entorno internacional volátil, las decisiones de política comercial deben buscar el equilibrio entre proteger sectores estratégicos, fortalecer la competitividad de toda la cadena productiva, preservar empleos y evitar distorsiones que terminen afectando precisamente a la industria nacional en contra del Plan México, que busca el rescate de las cadenas productivas, para consolidar su soberanía manufacturera.