¿Y si, sí?

30 de Junio de 2026

¿Y si, sí?

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Fernando Vargas Nolasco

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EjeCentral

El futbol es mucho más que once contra once; es un ejercicio de fe colectiva. Cada cuatro años, el mundo se detiene, pero nosotros, los mexicanos, le añadimos un ingrediente extra: esa dualidad que nos hace vibrar entre la lógica y la esperanza. Esa frase que traemos tatuada: “Yo sé que no, pero... ¿y si sí?”.

Es nuestro mantra. Es reconocer que los números no siempre nos favorecen y que el historial a veces pesa, pero, al mismo tiempo, es negarnos a tirar la toalla. Ese “yo sé que no” es la parte racional, la que ve la tabla de posiciones y analiza al rival; pero ese “pero... ¿y si sí?” es el corazón del aficionado, la parte que convierte un simple partido en una oportunidad de hacer historia.

El duelo contra Ecuador es el escenario perfecto para poner a prueba esa mentalidad. No es solo un juego de fase de grupos; es el momento donde nos permitimos soñar, donde nos olvidamos de las estadísticas y nos dejamos llevar por la emoción. Al final del día, los mundiales existen justamente para eso: para ver si el guion cambia, para ver si los equipos que “no deberían” terminan dando el golpe sobre la mesa.

México ha construido una cultura basada en esto. No somos los favoritos de siempre, ni los que tienen el camino fácil, pero somos expertos en crear momentos que se vuelven leyenda. Hemos convertido el “sí se puede” en una marca, en algo que la gente fuera de nuestras fronteras reconoce. Es esa necedad positiva, esa terquedad de creer cuando nadie más lo hace.

¿Qué pasaría si este partido contra Ecuador es el que rompe la inercia? ¿Y si, a pesar de lo que dicen los expertos, hoy la moneda cae de nuestro lado? De eso se trata ser aficionado: de apostar por lo improbable. Porque, aunque la cabeza te diga que las cosas están difíciles, el estómago siempre te pide que guardes un poquito de fe.

No importa lo que diga la lógica, no importa el ranking ni el análisis previo. A la hora de que suena el silbatazo, todo eso se queda en el vestidor. Solo queda la cancha, el balón y nuestra capacidad de creer que, contra todo pronóstico, algo mágico puede pasar.

Así que, aquí estamos, una vez más, con el corazón en la mano y la misma pregunta de siempre, esa que nos hace sentir que todo es posible. Yo sé que no, pero... ¿y si sí?