Luis M Cruz

1.

 La inflación es el más injusto de los impuestos, porque todos tenemos que pagarlo pero afecta más a quienes menos tienen. Ello es particularmente cierto al alterar el balance de ingresos y egresos de las familias, de por sí afectado por el golpe económico que ha significado la pandemia de la Covid-19 en su segundo año de afectación. Como muestran todas las mediciones, en México hay hasta 10% más de personas en situación de pobreza, llegando la estimación a un 62% del total de la población. No deja de ser irónico que uno de los rubros con mejor desempeño en la economía sean las remesas a sus familias de los connacionales en el extranjero, que de alguna manera contribuyen a paliar el impacto tremendo que la disminución en el ingreso ha tenido en el conjunto de las familias mexicanas. El empleo también ha sufrido mermas, sea por desaparición de casi un millón de pequeñas y medianas empresas, sea porque las sobrevivientes tuvieron que reducir jornadas y jornales, algunas entrando en paro técnico para superar la caída de la demanda en los mercados. 

2.

 A ello se suma el repunte de los precios que merma aún más el ingreso de la mayoría. La canasta básica registra un sobreprecio de 12 a 15% en los tres primeros meses del año, situándose la cifra reportada por el Inegi en 6.08%, que considera una mezcla de bienes y servicios más allá de la canasta básica, que atañe a la mesa cotidiana de los mexicanos. En el indicador del Inegi, el precio de los combustibles —gasolinas, gas, electricidad— tiene un peso relevante, así como el de productos agropecuarios indispensables como el maíz (la tortilla a 20 pesos el kilogramo), el frijol (por encima de 60 pesos el kilo) y legumbres como el jitomate, la cebolla, papas y zanahorias; ni qué decir de la carne y cárnicos, también por encima de 100 pesos el kilogramo. 

3.

 En circunstancias electorales, que la inflación se dispare suele ser una mala señal, porque es sabido que si algo afecta la percepción de los votantes, es el dinero que se tiene en el bolsillo y la cantidad de productos a adquirir con el efectivo disponible. Los considerables incrementos al salario mínimo registrados hasta el momento se disipan cuando la inflación se dispara, al no haber salario que alcance para cubrir la canasta básica definida por la línea del Coneval, por ahora cercana a cuatro mil 500 pesos mensuales. 

4.

 Lo que podría haber significado una buena noticia, que este año el país volverá a crecer según todas las estimaciones entre 5 y 6%, impulsada por la recuperación de los Estados Unidos en torno al 6.5%, estaría volviendo a la zona de grises, pues una vez más, la distribución del ingreso cargará sobre los hombros de los asalariados, que estarían viendo disminuir sus ingresos reales debido a ese injusto impuesto de una inflación desaforada. Ciertamente, la reactivación económica en 2021 permitirá, como dicen los analistas, recuperar parte de la caída experimentada por los efectos económicos de la pandemia, pero podría no ser suficiente para reanimar el tejido social y recobrar el ánimo colectivo. 

5.

 Recuperar el crecimiento perdido sería posible en ése y el próximo año, cuando también se espera crecer un 3%; pero recobrar el nivel de ingresos y la capacidad adquisitiva del salario para revertir el avance de las mediciones de pobreza, es algo que habrá de tomar más tiempo, hasta cinco años, estiman los expertos. Nunca como ahora habrán de requerirse inversión en infraestructura productiva y estímulos a las actividades económicas y al empleo, pues si bien existe capacidad instalada por ahora ociosa, también se requiere generar un millón de nuevos empleos por año. Por ahora, parece inevitable que el impacto de la inflación y su efecto corrosivo en el bolsillo de los consumidores agregue otro ponderador negativo al agobiado ciudadano ante las urnas. 

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