¿Por qué donan millones a la Fundación Clinton?

19 de Mayo de 2026

¿Por qué donan millones a la Fundación Clinton?

THE INTERCEPT_ | Escribe Glenn Greenwald

Glenn Greenwald

A medida que los evidentes y numerosos conflictos éticos que rodean la Fundación Clinton reciben más atención de los medios, la táctica de los periodistas leales a la candidata demócrata es destacar la labor caritativa realizada por la fundación, y luego insinuar –o incluso simple y llanamente acusar– que cualquiera que la cuestione se opone a esa labor de caridad. James Carville anunció que quienes critican a la fundación se “irán al infierno”. Otros partidarios de Clinton han insinuado que los críticos de la Fundación Clinton son indiferentes a la vida de los bebés VIH positivos o son fanáticos homófobos.

Que la Fundación Clinton ha hecho un buen trabajo queda fuera de toda duda, pero ese hecho no tiene absolutamente nada que ver con los profundos problemas éticos y las amenazas de corrupción derivados de la manera en que recauda sus fondos. Hillary Clinton fue jefa de la diplomacia de Estados Unidos, y los regímenes tiránicos como los saudíes y qataríes han donado conjuntamente decenas de millones de dólares a una organización dirigida por su familia y operada en su nombre, una cuyas obras han sido un rasgo destacado de su faceta pública. Esa valiosa oportunidad de ganarse el favor de los Clinton, y asegurar el acceso a ellos, persiste ahora que contiende por la presidencia.

Así, la afirmación de que la fundación sólo trata de ayudar a las personas necesitadas no debe carecer de un escrutinio racional. Para averiguar cuán cierta es, basta con ver a algunos de sus mayores donantes. A pesar de que las aportaciones no fueron hechas mientas fungía como secretaria de Estado, el régimen saudí por sí mismo ha aportado entre 10 y 25 millones de dólares (mdd) a la Fundación Clinton, con sus primeras donaciones registradas en 2014, cuando Clinton preparaba su campaña presidencial. Un grupo llamado “Friends of Saudi Arabia” [“Amigos de Arabia Saudita”], cofundado “por un príncipe saudí”, dio una suma adicional de entre 1 y 5 mdd. La Fundación Clinton dice que entre 1 y 5 mdd también fueron donados por “el Estado de Qatar”, Emiratos Árabes Unidos, y el gobierno de Brunei. “El Estado de Kuwait” ha donado entre 5 y 10 millones de dólares.

En teoría, se podría decir que estos regímenes –que se encuentran entre los más represivos y regresivos en el mundo– están donando porque creen profundamente en la obra benéfica de la Fundación Clinton y quieren ayudar a los necesitados. ¿Hay una sola persona en el planeta que realmente crea eso? ¿La lealtad a Clinton es realmente tan fuerte que la gente va a afirmar sin reírse que la razón por la que los regímenes de Kuwait, Arabia, de Emiratos o Qatar donaron grandes cantidades de dinero a la Fundación Clinton es que simplemente quieren ayudar a la fundación a alcanzar sus magnánimas metas?

Éste es uno de los principales objetivos de la Fundación Clinton; decidan por ustedes mismos si sus donantes tiránicos están actuando motivados por la promoción de esta meta benéfica:

“Trabajamos por un mundo en el que más niñas y mujeres puedan participar por completo en todos los aspectos de la vida.

“A pesar de los progresos tan significativos durante las últimas décadas hacia la participación integral de las niñas y mujeres, aún quedan brechas por cubrir. Nuestros programas empoderan a las niñas y mujeres para que participen de forma más completa en la vida económica y social de sus comunidades al expandir el acceso a la educación y la capacitación, apoyando a agricultoras y emprendedoras, promoviendo oportunidades económicas y la creación de empleos, y mejorando su salud.”

En contraste, podemos citar sólo un par de titulares en diarios como The Telegraph:

“El máximo clérigo de Arabia Saudita defiende la prohibición a las mujeres para conducir diciendo que estarían ‘expuestas al mal’”, o el diario Los Angeles Times: “Grupos de defensa de los derechos de la mujeres, LGBT y derechos humanos protestan contra las políticas de derechos humanos del sultán de Brunei”.

Así, todos aquellos que opinen que los saudís donaron millones de dólares a la Fundación Clinton por un simple deseo magnánimo de apoyar a sus causas caritativas, por favor levanten la mano.

O consideren otras causas de la Fundación Clinton, como la defensa de la comunidad LGBT o la forma en que desprestigia a sus críticos acusándoles de indiferentes ante el sida. ¿Los saudís también están a favor de esa benevolente misión? ¿Qué hay de los qatarís o los kuwaitíes? Tres encabezados de Pink News, un sitio de noticias para la comunidad LGBT, pueden ayudar a poner las cosas en perspectiva:

“Arabia Saudita promueve la ejecución de gays porque las redes sociales están ‘creando a demasiados homosexuales’”

“La anti gay Qatar recibe la aprobación de la FIFA para organizar la Copa del Mundo 2022”

“Kuwait ‘detectará’ a gays con un examen médico para mantenerlos fuera del país”

¿Qué es más homofóbico, cuestionar la relación lucrativa de la Fundación Clinton con esos regímenes tan hostiles con los homosexuales, o celebrar y defender esa relación? Toda la evidencia apunta a lo segundo, es un insulto flagrante a la inteligencia de todos afirmar que el motivo de estos regímenes para transferir millones a los Clinton es un deseo desinteresado por ayudarle en su noble labor.

Otro de los principales proyectos de la Fundación Clinton es la eliminación de la desigualdad de la riqueza, que “conduce a disparidades económicas significativas, tanto dentro como entre los países, e impide que las poblaciones marginadas aprovechen su potencial”.

¿Quién podría sostener que la razón por la que los regímenes de Qatar y Emiratos para donar millones de dólares a la Fundación Clinton fue su deseo de eliminar esa opresión económica?

Consideren estos titulares de The Guardian antes de emitir un juicio:

“Trabajadores migrantes sufren ‘pésimo trato’ en los estadios del Mundial de Qatar, dice Amnistía”

“ONU llama a Qatar a terminar la explotación y el tráfico de trabajadores”

“Migrantes que construyen el centro cultural de EAU ‘trabajan en condiciones presidiarias’”

No se requiere precisamente de una gran perspicacia para dudar que estas donaciones de algunos de los regímenes más represivos del mundo están motivadas por el deseo de ayudar a las obras de caridad de la Fundación Clinton. Por el contrario, sólo se requiere de la racionalidad básica. Eso es particularmente cierto dado que estos regímenes, “han donado mucho más dinero a la Fundación Clinton que la mayoría de otras grandes organizaciones benéficas privadas involucradas en las causas laborales mundiales que defiende la familia Clinton”. Por alguna razón desconcertante lucen particularmente motivados para transferir millones a la Fundación Clinton, pero no a otras organizaciones benéficas en todo el mundo que realizan un trabajo similar. ¿A qué se deberá? ¿Qué podría explicarlo?

Algunos partidarios de Clinton, indispuestos a aceptar que a los tiranos del Golfo los mueve la caridad en sus corazones cuando hacen estas donaciones a la Fundación Clinton, han optado por una táctica diferente: Reconocer a regañadientes que el motivo de estas donaciones es obtener acceso y favores, pero insistiendo en que no se puede probar que haya existido contrapartida. En otras palabras, esos regímenes fueron engañados: Ellos pensaron que obtendrían todo tipo de favores a través de estos millones en donaciones, pero Hillary Clinton fue simplemente una servidora pública demasiado honesta y honorable como para cumplir con sus expectativas.

›La realidad es que hay una amplia evidencia que ha sido descubierta por la prensa que sugiere que los regímenes que donaron dinero a la Fundación Clinton recibieron acceso especial e incluso un trato altamente favorable por parte del Departamento de Estado de Clinton. Pero también es cierto que nadie puede probar la existencia tangible de un intercambio.

Dicho de otra manera, no se puede probar lo que estaba pasando dentro de la cabeza de Hillary Clinton en el momento en que dio acceso o actuó de cierta manera a favor de los intereses de estos regímenes donantes. ¿Hizo algún favor a cambio de esas donaciones o simplemente tiene una afinidad con los dictadores árabes y del Golfo?, ¿O quizá simplemente continuó las décadas de política estadounidense apoyando a tiranos favorables a Estados Unidos en la región?

Si bien esta “prueba de intercambios” puede ser cierta, es extremadamente irónico que los demócratas la hayan adoptado como una defensa de Hillary Clinton. Después de todo, ése ha sido durante mucho tiempo el principal argumento de los republicanos que se oponen a la reforma a la forma en que se financian las campañas, y de hecho, fue el argumento principal de la mayoría de Citizens United [una demanda colectiva ganada contra la Comisión Electoral Federal que permite no revelar el nombre de los donantes a campañas políticas bajo ciertas circunstancias], una vez retratada por los demócratas como la raíz de todos los males.

Pero ahora, los demócratas tienen que alinearse detrás de una política que, junto con su marido, se especializa en unir el poder político con la gran riqueza privada, y de aprovechar constantemente esa riqueza para ganar el poder, y viceversa.

Así que los demócratas se ven obligados a tirar por la borda todos los principios de buen gobierno que antes afirmaban creer y en su lugar predicar con el mismo argumento que la extrema derecha usó contra la reforma al financiamiento de campaña: Que las grandes donaciones de facciones establecidas no corrompen inherentemente a la política o a los políticos.

De hecho, como documenté en abril, los demócratas que defienden a Clinton se han convertido en los adalides más vocales del argumento principal usado por Citizens United.

“Ahora llegamos a la conclusión de que los gastos independientes, incluyendo los realizados por las empresas, no dan lugar a la corrupción o la aparición de la corrupción”, escribió el juez Anthony Kennedy a la mayoría de Citizens United.

Esa misma idea es ahora uno de los argumentos que los partidarios de Clinton están escupiendo para defender los millones de dólares en donaciones de los regímenes tiránicos (así como de los bancos de Wall Street y los fondos de inversión): Oh, no hay pruebas de que todo ese dinero haya dado pie a un acto de corrupción.

La naturaleza evasiva de las pruebas de intercambio tangibles –actualmente la principal defensa de los demócratas para Clinton– también ha sido durante mucho tiempo el principal argumento esgrimido por el enemigo más eficaz de la reforma al financiamiento de campaña: El senador republicano Mitch McConnell. Así es como en 1999 el USA Today describió los argumentos de McConnell y sus aliados republicanos al objetar las acusaciones de los defensores de la reforma al financiamiento de las campañas sobre que las grandes donaciones económicas son un agente corruptor:

“Los oponentes en el Senado a la limitación de dinero en la política inyectan una nota personal amarga en el debate cuando los reformadores comenzaron una batalla cuesta arriba por cambiar un sistema que, dicen, ha corrompido al gobierno de Estados Unidos…”.

El senador republicano Mitch McConnell, el principal oponente de la legislación, retó al defensor de la reforma, el senador republicano John McCain, a nombrar a colegas del Senado que hayan sido corrompidos por grandes contribuciones políticas.

¿Cómo puede haber corrupción si nadie es corrupto?”, preguntó McConnell, enfocándose en los frecuentes discursos de McCain sobre el tema durante su campaña presidencial. “Es como decir que la pandilla es corrupta pero ninguno de los gángster lo es.

Cuando McCain se negó a dar nombres, el senador republicano Robert Bennett lo confrontó. A menos de tres metros de distancia de él en el lado republicano de la Cámara, Bennett señaló a McCain por haberlo acusado de corrupción por buscar recursos públicos para su estado natal.

“No estoy al tanto de ningún dinero que haya influido en mis acciones, se me ha acusado de ser corrupto y tomo esa ofensa como personal”, dijo Bennett.

La imposibilidad de comprobar que los políticos actuaron dentro de un acuerdo de intercambio al tomar acciones que beneficiaron a los donantes ha sido durante mucho tiempo el arma principal de quienes se oponen a la reforma al financiamiento de las campañas.

Así que si quieren defender la noción de que los millones de dólares donados por los regímenes tiránicos a la Fundación Clinton son de alguna forma un medio de contribuir a hacer una labor benéfica, adelante, pero dejen de insultar la inteligencia de todo el mundo fingiendo que estas donaciones fueron motivadas por fines nobles. Más allá de eso, no se atrevan a explotar los derechos de la comunidad LGBT, el sida y otras causas para atacar a aquellos que cuestionan la conveniencia de recibir millones de dólares de los regímenes más represores, misóginos y homófobos del mundo.