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AFP

Los mexicanos celebraron este domingo elecciones legislativas y locales, un proceso clave para el presidente Andrés Manuel López Obrador, enlutado por el asesinato de cinco indígenas que participaban en la organización de los comicios.

El homicidio se produjo en la víspera de la votación, cuando hombres armados emboscaron a un grupo de personas que transportaba material electoral en una camioneta a una comunidad del estado de Chiapas, informó la Fiscalía.

Este hecho prolongó la estela de muerte de una campaña que se saldó con 89 políticos asesinados desde septiembre, 36 de ellos candidatos o precandidatos, según la consultora Etellekt.

Los últimos colegios electorales cerraron a las 20:00 horas locales (01:00 horas GMT), tras 10 horas de votación para renovar la Cámara de Diputados, unos 20 mil cargos regionales y 15 de 32 gobernaciones.

El Instituto Nacional Electoral (INE) dará a conocer un conteo rápido de las legislativas hacia las 23H00 (04H00 GMT). «La jornada fue exitosa», proclamó su presidente, Lorenzo Córdova.

El gobierno reportó algunos incidentes aislados de violencia.

Fue una prueba crucial para López Obrador, tras los efectos devastadores de la pandemia de covid-19.

El mandatario de 67 años se jugaba la mayoría calificada en la Cámara de Diputados (dos tercios de los diputados) para afianzar su proyecto de izquierda.

Los mexicanos eligieron «entre dos visiones contrapuestas de México y su futuro», comentó Pamela Starr, profesora de la Universidad del Sur de California, Estados Unidos.

Unos 95 millones de electores estaban convocados para esta jornada.

Voto polarizado 

Aunque México es uno de los países más golpeados por el coronavirus, la perspectiva de un voto de castigo pareció debilitarse ante el retroceso de la epidemia, según encuestas.

López Obrador, conocido por su acrónimo AMLO, mantiene una popularidad superior al 60% y podría conservar una cómoda mayoría para impulsar reformas en su cruzada antineoliberal, aunque perdería algunos escaños, de acuerdo con los sondeos.

Presentándose como el abanderado contra una corrupción crónica, el gobernante fue elegido en 2018 para un período de seis años y cimienta su aprobación en amplios programas sociales.

«Desgraciadamente vino la pandemia. Sin ella, el ejercicio del gobierno habría sido mejor. No tengo queja, por eso estoy aquí», declaró a la AFP Tania Calderón, empleada de 37 años, antes de sufragar en Ciudad de México.

Por el contrario, Alejandra Bernal, estudiante de derecho de 22 años, expresó su inconformidad en las urnas.

«México tuvo oportunidad de tomar medidas previas y no se hizo. Pero esta responsabilidad es de gobernantes y ciudadanos. Mi voto fue para la derecha», afirmó la joven.

El país, de 126 millones de habitantes, acumula casi 229.000 muertes por covid-19 -cuarto en el mundo en números absolutos- y su tasa de mortalidad es la vigésimoprimera por 100.000 habitantes. 

Violencia electoral 

En localidades de Guerrero y Jalisco -dos de los estados más violentos del país- los comicios se desarrollaron bajo un clima de tensión por la presión de narcotraficantes y otras bandas del crimen organizado, que según el gobierno buscaban influir en el proceso.

«Hay muchas amenazas por todas partes, está terrible esto. No hay respeto por nada», dijo a la AFP bajo anonimato un votante en Chilapa (Guerrero).

La violencia electoral se enmarca en el baño de sangre que sufre el país desde 2006, cuando el gobierno de la época lanzó un operativo militar contra los carteles del narcotráfico. 

Mayoría clave

La alianza oficialista, encabezada por el partido Morena de AMLO, tiene mayoría calificada en la Cámara de Diputados, que se elige cada tres años.

Según un consolidado de encuestas de la firma Oraculus, el oficialismo podría perder ese dominio, aunque por poco, al pasar de 333 a 322 bancas.

La mayoría calificada en ambas cámaras es necesaria para aprobar reformas constitucionales. Hasta ahora, la alianza gobernante sólo tiene que buscar acuerdos con la oposición en el Senado, que controla sin disponer de dos tercios de los escaños. 

Pero si se confirman las previsiones, también tendrá que hacerlo en la Cámara de Diputados. 

Un retroceso allí podría debilitar el proyecto del presidente, que impulsa reformas para devolver al Estado el protagonismo en el sector energético, a contracorriente de leyes que ampliaron la participación privada en 2014. 

Desde 1997, las parlamentarias han reducido o arrebatado las mayorías a los partidos gobernantes.

Muy disminuida durante el gobierno de López Obrador, la oposición compite con una alianza de partidos tradicionales: el exhegemónico PRI (centro), el PAN (conservador) y el PRD (izquierda).

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