J. S Zolliker

Se me conoce como El Señor V. Soy el coronel Jing Chong Li, miembro activo del Ejército Popular de Liberación. Me uní a las fuerzas armadas a la edad de 18 años, cuando, de acuerdo con el artículo 55 de la Constitución, cumplí con el servicio militar obligatorio, después de cursar el primer año de la carrera de Literatura, en el departamento de Filología de la Universidad de Tsinghua.

Foto: Especial

Poco después fui reclutado, en el año de 1983, por el recién creado Ministerio de Seguridad del Estado en la rama de inteligencia y espionaje, gracias a mi lealtad, mi salud física y mi sobresaliente capacidad intelectual. 

Mi encargo fue complejo. Debía organizar —y ahora, administrar— una división secreta, llamada Cuerpo L, donde diversos académicos y científicos reclutados por mí analizaríamos obras de literatura y ciencia ficción contemporánea para proponer proyectos de investigación posibles y factibles para construir el futuro de nuestra nación.

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Probablemente no lo sepan, pero muchas de las más grandes invenciones científicas y tecnológicas fueron realizadas después de que una prominente imaginación las dejara plasmadas en algún libro. Por ejemplo, Julio Verne, quien solía decir que “todo lo que una persona puede imaginar, otros pueden hacerlo realidad”, fue autor de más de cien obras, entre las que destaca Veinte mil leguas de viaje submarino, y fue el primero en imaginar “la red de redes para comunicarnos información”, la fotografía subacuática (la hace el Capitán Nemo), los vuelos con máquinas más pesadas que el aire y hasta el viaje a la Luna, que plasmó en 1865 en De la Tierra a la Luna.

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Como él, mucho antes, Da Vinci ya había imaginado la bicicleta, el helicóptero, la calculadora, la ametralladora y hasta el ala delta, que hoy en día utilizan las fuerzas especiales de algunos ejércitos para misiones silenciosas. Lo mismo puede decirse de Isaac Asimov, quien predijo los robots, los hogares inteligentes, las videollamadas, las películas en 3D, la energía solar, los teléfonos inalámbricos y hasta los carros autónomos que están  desarrollando empresas como Google y Tesla.

En el Cuerpo L somos esos facilitadores. Llevamos las ideas viables a los científicos y técnicos que pueden hacerlas realidad… Uno de mis primeros proyectos fue leer y analizar el libro Los ojos de la oscuridad (The Eyes of Darkness), publicada en 1981 por el escritor Dean Koontz, que compré en un viaje a Harvard (para conocer occidente a profundidad y reclutar).

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La narrativa y la idea central del libro son bastante malas, salvo cuando en el capítulo 39 habla de guerras biológicas, pues al autor se le ocurrió en 1989, como parte del proyecto Pandora, se crearía en un laboratorio de la ciudad de Wuhan, en China, el arma perfecta: un virus respiratorio que sólo afectaría a humanos, conocido como Wuhan-400, que infectaría a una gran cantidad de personas en el mundo, en el año 2020.

No sean ingenuos. Ni los libros ni los Simpson hacen profecías ni adivinan el futuro. Estos sucesos son producto de mentes brillantes que estamos buscando hacer que las cosas sucedan, como aquí, trabajando en conjunto con el 39º grupo del 8º Cuerpo del Ejército, con el nuevo Coronavirus… En fin, ya los dejo, que tengo cosas más interesantes que hacer, como celebrar mi quincuagésimo quinto cumpleaños.

El señor V

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