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Alejandro Alemán

Alejandro Alemán

En Modisto de Señoras (Cardona Jr, 1969), el sempiterno Mauricio Garcés jugaba una doble broma: no sólo interpreta su consabida parodia de casanova falible, sino que además se burlaba de sí mismo al interpretar a un “modisto” que se hace pasar por gay para encamarse a todas sus clientas sin la sospecha de los maridos.

El doble juego sexual entre su parodia (llena de clichés) de lo homosexual a la par del clásico apetito depredador de su personaje (“Las traigo muertas”), generaba todo un tren de situaciones cómicas que se potencializa con la capacidad de improvisación del legendario actor.

Por más que la producción insista en negarlo, es imposible no notar que Macho (México, 2016) -quinto largometraje del siempre irregular Antonio Serrano (Sexo, Pudor y Lágrimas)- es un remake de aquel clásico de 1969, protagonizado por un Miguel Rodarte que además se beneficia con su parecido físico con el propio Garcés.

machoEn Macho, Evaristo (Rodarte, muy en su papel) es un exitoso diseñador que parece ser gay aunque en privado sostiene tórridos encuentros sexuales con algunas de sus clientas. La sospecha sobre su sexualidad desata la ira de un competidor quien en público lo acusa de -¡horror!- ser heterosexual, por lo que su socia y confidente (Cecilia Suárez) no encuentra otra salida más que fingir una relación entre Evaristo y otro hombre.

En un movimiento osado pero decididamente fallido, la cinta (con guión de Sabina Berman) opta no por la comedia sino por un drama sostenido mediante un giro inesperado: Evaristo empieza a dudar de su propia sexualidad. Serrano abandona demasiado pronto la comedia para dar paso a un melodrama machacante, carente de interés, sin ritmo, inconexo, bastante aburrido, donde el trabajo de todos sus actores (curiosamente Aislinn Derbez es la que rescata la veta cómica) se pierde en un guión más preocupado por el drama que por divertir al público.

La pretendida agenda incluyente de esta película no hace sino hundirla en un marasmo de solemnidad y corrección política. A la distancia, el original de Mauricio Garcés sigue siendo más valiente y divertido que este, al fin y al cabo, pudoroso remake.

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