Oscar Moha

El pasado jueves 20 de agosto, la todavía Secretaria el Ayuntamiento de la capital de Colima, Esmeralda Cárdenas Sánchez, publicó en su portal de Facebook un texto bíblico tomado del libro de Levítico capítulo 18, verso 22, que dice: “No practiques la homosexualidad, al tener relaciones sexuales con un hombre como si fuera una mujer. Es un pecado detestable”. Cuatro días después fue separada de su cargo, por instrucciones del alcalde Leoncio Alfonso Morán, por haber “vulnerado derechos”.

En una explicación subida a su portal, la exfuncionaria explica que hizo uso de su derecho a la libre expresión y creencia religiosa. No añadió ningún comentario al texto bíblico. Ni a favor ni en contra de las prácticas sexuales de la comunidad LGBT que de inmediato presentó una queja ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos pues se sintió discriminada y estigmatizada por lo que había escrito la servidora pública. Fue cuando el alcalde le pidió una explicación y disculpa, cosa a la que no accedió la Maestra en Derecho Público por la Universidad Panamericana, y por ello su cargo lo ocupa hoy otra mujer.

Esmeralda Cárdenas se lamentó en esa misma red: “se ha cometido una injusticia, me siento discriminada por mi fe en Cristo Jesús y limitada en mi derecho a expresarme libremente respetando a los demás… me siento fortalecida y agradecida con Dios por el privilegio de padecer por su Nombre (Jesucristo)”. Es decir, se autoconcibe como lo que en el argot religioso se le llama “mártir”, o sea aquellas personas que sufren o son perseguidas por defender o externar su fe en un ambiente hostil para su fe. Sin embargo, borró el texto bíblico de la homosexualidad en su portal y dejó esa explicación.

Miles de servidores públicos retratan su personalidad en sus espacios virtuales al compartir fotos, textos, videos, citas. Es decir, son evidentes sus tendencias y preferencias por lo que publican. Se puede intuir la personalidad de cada uno por el contenido de sus redes. La exfuncionaria no es la excepción.

La discriminación, bien se puede compartir y evidenciar en espacios privados, en la familia, entre amigos, lugares donde el aplauso y la complacencia de los que piensan igual fortalezcan las convicciones del grupo que seguramente fomentará el radicalismo hasta extremos ilegales. Pero lo ocurrido en Colima es la opinión religiosa de una servidora pública que cobra no por dar a conocer sus muy respetables convicciones espirituales, sino por vigilar que no se vulneren, ni de manera velada, las garantías de los mexicanos.

El texto bíblico en cuestión tiene otras versiones. Una de ellas menos homófoba (a los ojos de quienes no acostumbran leer la Sagrada Escritura), es la traducción de Reina Valera versión 1960 que dice “no te echarás con varón como con mujer. Es abominación”. Si Esmeralda la hubiera utilizado, en lugar de la que incluye la palabra “homosexualidad”, el texto pasaría desapercibido para quienes se sintieron ofendidos. Porque hay otros versos más agresivos en el mismo libro como en el capítulo 20, verso 13: “si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos (lapidados)…”. Y es que las prácticas bíblicas en el Antiguo Testamento estaban penadas de manera ejemplar, lo cual vino a abrogar la filosofía cristiana con el amor divino.

Hoy que están de moda los grupos Pro Familia, en donde muchos Ministros de Culto militan de manera inocente nadie sería capaz de aludir al libro de Deuteronomio en su capítulo 18 donde se instruye a los padres de hijos desobedientes, alcohólicos y rebeldes a que los lapiden públicamente. Ni en redes sociales, ni en los templos sería tomado ni como referencia la severidad con que se “escarmentaba” a los hijos para aplicarlo hoy. Sin embargo sí se mencionan pasajes como el que publicó la exservidora en clara alusión a la homosexualidad como una conducta deleznable en la sociedad, como si Dios exigiera el exterminio de quienes no practican la heterosexualidad para fabricar “familias modelo”, como las que pretenden esos grupos, sus pastores evangélicos y miles de sacerdotes católicos que afilan las piedras para lapidar inmisericordemente a los que se atrevan a disentir de la más pura sexualidad que muchos religiosos no practican.

Esmeralda Cárdenas, quien fue hace algunos años diputada del Partido Acción Nacional, luego candidata por el Verde Ecologista y hasta hace unos días funcionaria en una alcaldía en poder de Movimiento Ciudadano está en todo su derecho de presentar una denuncia ante el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) o ante la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), sin embargo sabe que la homofobia también es un pecado, como la discriminación, y se puede traducir en la comisión de un delito.

Claro, se puede escudar en que ella no es la autora de los versículos que subió a su red. Puede argumentar que no se dirigió a nadie en particular. También podrá esconder ante la opinión pública la intención de arrojar piedras virtuales a quienes no forman parte de lo moral o bíblicamente correcto, sin embargo debió tomar en cuenta que los servidores públicos -todos y todas, aún aquellos que no son heterosexuales- se deben a una sociedad que exige la protección, difusión y ejercicio de sus derechos humanos.

Su destitución no resuelve nada. La homofobia es cuestión de cultura. Hace falta que los funcionarios sepan que la sana distancia entre la Carta Magna y sus creencias religiosas deben tener límites bien definidos para fortalecer la laicidad y la convivencia armónica entre todos los mexicanos. No les pagan para externar sus preferencias religiosas o sexuales, sino para cumplir y hacer cumplir las leyes.

PALABRA DE HONOR:

En las mañaneras se inaugura a partir de la próxima semana la sección “Tren Suburbano México-Toluca”. Aseguran que ya se tiene el presupuesto total destinado para darle término a la obra que dejó inconclusa la administración pasada. Veremos…

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