Hannia Novell

La Guardia Nacional (GN) y el Ejército mexicano han sido atacados por bandas de robatrenes, huachicoleros y contrabandistas. Los han desarmado y golpeado. Una humillación.

No sólo los grupos delincuenciales han protagonizado las agresiones. Los habitantes de algunos poblados también han participado en las afrentas, los insultos y la deshonra, para defender a los criminales o, simplemente, porque no están de acuerdo con los operativos.

El uniforme militar ya no les inspira respeto. Hemos visto ataques en La Huacana y Los Reyes, Michoacán; San Juan del Río, Querétaro; Tepeaca y San Martín Texmelucan, Puebla; Tetepango, Hidalgo; Cuautlacingo, estado de México, y Palacio Nacional de la Ciudad de México.

El 26 de julio, personal de la GN atendió el reporte de una toma clandestina de gas LP, en Tepeaca, estado de Puebla. Los pobladores intentaron liberar al grupo criminal y la Guardia Nacional debió enviar refuerzos a la zona para impedirlo. Sólo así lograron detener al presunto líder huachicolero, Genaro N, conocido como El General.

El 9 de septiembre, un video que circuló profusamente en redes sociales mostraba otro enfrentamiento entre civiles y militares, quienes intercambian insultos y golpes, en el municipio de Acajete, Puebla. La agresión subió de tono. Debieron intervenir 300 elementos del Ejército, elementos de la policía estatal y de la federal. 

Al final de la noche, la Fiscalía General de la República (FGR) aseguró combustible, vehículos y artículos robados que estaban en poder de presuntos huachicoleros. Este episodio fue el punto de partida para un cambio en la posición de las Fuerzas Armadas, respecto a los ataques de civiles. La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) advirtió que sus elementos usarán la fuerza ante cualquier delito o cuando su integridad física esté en riesgo.

“La Secretaría de la Defensa Nacional hace del conocimiento de la sociedad, que ante la ocurrencia de un delito y en los casos en los que el personal militar o de la Guardia Nacional acudan con el objeto de garantizar la seguridad y paz en el país, y sean objeto de una agresión se actuará en su defensa legítima conforme a los principios del uso de la fuerza y su gradualidad, para proteger la vida e integridad física de los miembros de las Fuerzas Armadas”, se pronunció la dependencia en un comunicado.

Pero las agresiones contra elementos de las Fuerzas Armadas no han cesado. El 26 de septiembre se enfrentaron civiles y militares en el municipio de Leonardo Bravo, en Guerrero. Los militares realizaban un operativo para la destrucción de plantíos de enervantes, pero fueron emboscados por civiles armados y comenzó el enfrentamiento. Tres militares y dos civiles muertos, fue el saldo; otros dos uniformados fueron lesionados por arma de fuego. Sólo algunos agresores fueron detenidos.

Cifras oficiales del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) revelan que en 2019 hay un acumulado de 14 mil 133 homicidios dolosos, más de 40 mil desaparecidos, 67 linchamientos y 338 mil 405 desplazados por la violencia. Hay 70 mil elementos de la Guardia Nacional desplegados en todo el territorio nacional, con la consigna de pacificar a México.

Lamentablemente, el crimen está desatado, los delincuentes envalentonados y hay gente del pueblo que los apoya incondicionalmente; han atacado a policías, militares y guardias nacionales, que son los garantes de la seguridad del país. Socavar a las instituciones, es un camino que no tiene regreso. Las Fuerzas Armadas están bajo amenaza. 

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