Eduardo Penafiel

En momentos de incertidumbre, parece que la mejor opción para ser escuchado o tomado en cuenta es afectar a terceros. Las manifestaciones, los paros, los plantones y hasta la toma de casetas se ha vuelto algo común y muy cotidiano con este nuevo gobierno, casi tanto como alzar la voz para demandar un cambio que en muchos casos, no necesariamente tiene sentido.

Tal es el caso de los taxistas que en esta ocasión amenazan con un mega paro, demandando que el gobierno les cobre más impuestos a las aplicaciones de transporte como Uber, Cabify y la recién llegada DiDi, por mencionar algunas. Ya hace unos años tuvimos una serie de bloqueos y manifestaciones por parte de los taxistas, cuando Uber llevaba un par de años creciendo de forma acelerada en varias ciudades del país. Y así fue como en el 2015 después de una serie de discusiones y debates, las aplicaciones de transporte fueron reguladas primero en la CDMX y después en las demás ciudades donde ya operaban aplicaciones de transporte. 

Tres años después de regularizarse, pagar impuestos y a casi 6 de tener presencia en México, Uber ha tenido que adaptarse al mercado mexicano y le ha costado mucho trabajo. Por un lado ha tenido que batallar con los grupos y gremios de taxistas que en muchas ocasiones, los siguen agrediendo cuando invaden “su territorio” y por el otro, la inseguridad y la delincuencia de nuestro país los ha obligado a modificar su forma de operar y de reclutar conductores. 

Y así, mientras Uber hizo el trabajo sucio de regularizarse, pagar impuestos y adaptarse al sistema, algo que ha ayudado mucho a que tengamos más opciones de transporte a través de aplicaciones, los taxis en México siguen igual o peor. Parecería que con el paso del tiempo, estos grupos confiaban en que este tipo de aplicaciones no serían una competencia tan importante para ellos o tal vez creían que no iban a durar en el mercado.

Esa falta de atención y de realizar un cambio o los ajustes necesarios para mejorar es más que evidente hoy, en donde pensar en agarrar un taxi de la calle sabiendo el riesgo que esto representa poco a poco deja de ser una opción viable. Con los taxis de sitio pasa casi lo mismo, además que los precios de estos llegan a ser hasta el doble por el mismo trayecto en un Uber, Cabify o cualquiera de las otras aplicaciones que operan en nuestro país.

Lo peor del caso es que esta semana se publicaron nuevas regulaciones que prohíben a las aplicaciones de transporte a aceptar pagos en efectivo o a través de tarjetas prepagadas. El año pasado luego de un fallo a su favor por parte de la Suprema Corte de Justicia, Uber comenzó a aceptar pagos en efectivo, algo que se puede hacer a través de la aplicación mediante una comprobación de identidad

Y, ¿Cuál ha sido hasta ahora la justificación de la Secretaría de Movilidad de la Ciudad de México? Que estas nuevas regulaciones buscan eliminar la corrupción y nivelar el juego entre los conductores de aplicaciones y de taxis. Esto más bien parece otro esfuerzo por tomar acciones arbitrarias justificando que son “en contra la corrupción”, sin promover el diálogo para llegar a una solución como se hizo en el 2015 y sin atacar el problema de fondo: la inseguridad que afecta a todos los medios de transporte en México. 

Mientras tanto lo que nos queda es prepararnos como ciudadanos para el paro que harán los taxistas el próximo lunes 3 de junio, lo que podría marcar el comienzo de otro de esos problemas que durarán mucho tiempo porque aunque el motivo de esta acción parece no tener ni pies ni cabeza, si se lleva a cabo causará millones de pesos en pérdidas para comercios y un caos para los ciudadanos. 

Me queda claro que el gobierno no va a manchar su reputación y afectar su discurso actuando rápidamente ante este tipo de problemas porque en lo que lleva gobernando, todo se hace al ritmo que dicta el presidente, que generalmente es muy lento.

El problema es que el ritmo con el que estamos perdiendo el control de los espacios públicos y las calles va muy rápido. 

Al parecer demasiado rápido.

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