Alejandro Alemán

Primero una confesión de parte: nunca fui fan de los pokemones, no tengo idea si surgieron a partir de la caricatura o qué historia hay detrás. Jamás coleccioné ninguno de los monitos ni tampoco jugué algunos de los videojuegos. Así pues, básicamente no sé nada de estos personajes ni de su universo, pero lo que sí sé (y a las pruebas me remito) es detectar cuando estoy viendo buen cine, y en el caso de Detective Pikachu, el momento de buen cine no llega nunca.

El escenario es interesante: en una ciudad llamada Ryme City, los humanos y los pokemones conviven siendo los segundos una especie de mascota. Todos son muy felices con sus pokemones, excepto Tim (Justice Smith), un chico cuyo padre, que es detective en Ryme City, acaba de ser asesinado mientras investigaba un caso. Cuando Tim llega a la casa de su progenitor para recoger sus pertenencias, se encuentra con Pikachu, el pokémon compañero de su padre. Se da cuenta que, a diferencia de todos los humanos, Tim sí entiende el habla de Pikachu, por lo que ambos se dan a la tarea de resolver el asesinato.

Esto no es sino una mala copia de la infinitamente superior Who Framed Roger Rabbit (Zemeckis, 1988) donde, al igual que en esta cinta, un humano y —en este caso— una caricatura, se unían para descifrar el misterio de un asesinato. Destacan al menos dos grandes diferencias entre Roger Rabbit y Detective Pikachu: la primera es que Zemeckis entendió que no por estar haciendo una película de “monitos” tenía que filmar una película infantiloide o sosa; al contrario, lo que entrega es una cinta noir, pero con dibujos animados, cosa que Detective Pikachu jamás intenta, aunque tenía todo el terreno para hacerlo. 

La segunda diferencia es que en el caso de Roger Rabbit sí hay cine, hay inventiva (dada la falta de computadoras en la época) y hay personajes entrañables (¿alguien puede olvidar a Jessica Rabbit?), pero sobre todo, hay cine. En cambio, la dirección plana de Rob Letterman no entrega en Detective Pikachu un solo fotograma interesante, una sola secuencia memorable y, por supuesto, tampoco hace cine. La torpeza con la que arma sus secuencias, corta las escenas y monta sus encuadres es de una pereza absoluta, digna de algún programa de televisión de ventas por teléfono.

El error en todo caso está en esperar que algo como Detective Pikachu entregue buen cine. La película tiene como único objetivo el emocionar a los ya conversos en la religión del Pikachu, detonando la nostalgia por la infancia y adolescencia del respetable. Y en ese rubro no dudo que Pikachu sea un éxito rotundo:  el fan service y la nostalgia lograrán que la cinta se se convierta en un gran éxito entre los fans y los papás de los fans, pero en lo que a cine concierne, Detective Pikachu es otro gran contendiente a la peor película del año. 

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