Simón Vargas

“Si quieres paz y desarrollo, trabaja por la justicia social”

Naciones Unidas

Desde 2007, cada 20 de febrero celebramos el Día Internacional de la Justicia Social, el cual de acuerdo con la Asamblea General de Organización de las Naciones Unidas (ONU) tiene el objetivo de recordarnos que el desarrollo y la justicia social son factores indispensables para la consecución y el mantenimiento de la paz y la seguridad de las naciones.

Se debe señalar que el uso del concepto de justicia social data del siglo XVIII, cuando los ilustrados, inspirados por la Revolución Francesa y su lema «libertad, igualdad y fraternidad», plantearon la necesidad de una distribución justa de los bienes entre la sociedad.

Después, en el siglo XIX, el término vuelve a ser discutido e incluido en los debates políticos en Francia e Inglaterra, hasta que en 1919, tras la Primera Guerra Mundial y la creación de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), se incorpora como fundamento indispensable de la paz universal.

En 1931, se incorpora a la doctrina social de la Iglesia católica al ser mencionada por el Papa Pío XI en la Encíclica Quadragésimo anno, en la cual explicó que «a cada cual debe dársele lo suyo en la distribución de los bienes, siendo necesario que la partición de los bienes creados se revoque y se ajuste a las normas del bien común o de la justicia social pues cualquier persona sensata ve cuán gravísimo trastorno acarrea consigo esta diferencia actual entre unos pocos cargados de fabulosas riquezas y la incontable multitud de los necesitados».

Es así que, en el siglo XXI, podemos decir que una sociedad con justicia social es aquella en la que los derechos humanos son respetados y los grupos de la sociedad más desfavorecidos cuentan con oportunidades de desarrollo.

Considerando esto y a pesar de que a lo largo del tiempo se ha ahondado en la importancia de la justicia social, a raíz de la crisis económica de 2008, el mundo vio como la desigualdad económica y social se agravaron, y es que de acuerdo con la organización no gubernamental Oxfam, la riqueza se encuentra cada más concentrada en menos personas, lo anterior después de que en 2017 alrededor de 43 personas poseían la misma riqueza que 3 mil 800 millones, mientras que, en 2018, el número de este pequeño grupo privilegiado se redujo a sólo 26.

Asimismo, Oxfam dio a conocer que entre 2017 y 2018, las fortunas de estos millonarios se acrecentaron a un ritmo de 2 mil 500 millones de dólares diarios, hasta alcanzar la suma de 900 mil millones de dólares, al mismo tiempo que 3 mil millones de personas de entre los más pobres de la población perdieron 11 por ciento de sus bienes.

Al respecto, esta ONG señala que “los gobiernos actuales se enfrentan a un dilema decisivo: trabajar para que todos tengamos una vida digna o mantener la extrema riqueza de unos cuantos”. Y es que, la desigualdad a nivel global ha generado malestar, inestabilidad social, disminución de los índices democráticos, así como un incremento de la violencia.

En México, el panorama no es diferente, datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) indican que de los 36 afiliados, nuestro país es el que registra los mayores índices de desigualdad, en una proporción que indica que el 10 por ciento de la población más rica gana 20 veces más que el 10 por ciento más pobre.

Aunado a esto, hay que considerar que durante los últimos 25 años, el crecimiento económico fue lento, generando una elevada desigualdad; de hecho, el dinamismo de la economía se mantuvo sin mayor cambio y la tasa de crecimiento anual del Producto Interno Bruto (PIB) en los sexenios de Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto se ubicó en un promedio de 2.1 por ciento, frente a ello, la tasa de crecimiento del PIB por habitante fue menor a uno por ciento, por lo que a este ritmo, el ingreso promedio de los mexicanos se duplicará cada 70 años o más; es decir, cada tres generaciones.

Lo anterior, ha provocado una baja movilidad social, en la que uno de cada dos mexicanos que nace en condiciones de pobreza, probablemente, se quedará ahí toda su vida, porque a lo largo del tiempo nos convertimos en una sociedad que descuidó la justicia social y que soslayó la creación de oportunidades de desarrollo para las clases más desfavorecidas.

Hoy, frente al rezago en materia de justicia social que aún vivimos en México, y el cual obstaculiza el pleno goce y ejercicio de los derechos humanos en el país, debemos trabajar en la construcción de una agenda pública enfocada en alcanzar niveles dignos de bienestar para cada uno de los mexicanos, ya que el progreso y el desarrollo equitativo es un principio fundamental para la convivencia pacífica y la seguridad.

*Analista en temas de Seguridad, Justicia, Política y Educación.

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