Luis M Cruz

1. El tema es casi obligado al cumplirse un año de la toma de posesión del presidente Andrés Manuel López Obrador. Es poco tiempo en un sexenio, pero puede ser mucho para la dinámica reciente del país. El titular del Ejecutivo federal ganó indiscutiblemente la elección presidencial en su tercer intento tanto por el tesón mostrado en su larga trayectoria de lucha social como por el cansancio y hartazgo de una impresionante mayoría contra la corrupción y el desprestigio del régimen político en conflicto consigo mismo, dada la ruptura de los puentes entre las diferentes formaciones políticas del consenso liberal de las dos primeras alternancias políticas, es decir, la lucha enconada de Enrique Peña contra Ricardo Anaya que tanto propició una tercera alternancia.

2.El presidente López Obrador inauguró su gobierno con la promesa de recuperar el tiempo perdido e impulsar una nueva era, a la que definió como la Cuarta Transformación tras la Independencia, la Reforma y la Revolución; empezó fuerte reduciendo los puestos y percepciones públicos para castigar los excesos de una privilegiada burocracia dorada, canceló programas y reorientó el gasto hacia el bienestar social con las pensiones a adultos mayores, las becas a jóvenes estudiantes, el programa de aprendices y primer empleo, el restablecimiento de precios de garantía para granos básicos y leche, el apoyo directo a productores con fertilizantes y hato ganadero.

3.También con el combate a la corrupción, la cancelación de las obras del nuevo aeropuerto en Texcoco y su sustitución con la propuesta de Santa Lucía; el nuevo rol de Pemex y la refinería de Dos Bocas; la eliminación de la reforma educativa (de la que no quedó ni una coma) y el establecimiento de otras prioridades de desarrollo regional sobre todo en el sur-sureste de México, como son el Tren Maya y el proyecto del Istmo de Tehuantepec. En materia de seguridad pública, quizá la más importante de las tareas, la propuesta fue recuperarla con una estrategia para renovar el tejido social y la creación de la Guardia Nacional para reducir la violencia, opción que como otras del pasado se enfrenta al desgaste de resistencias locales y a la incontenible horda del crimen organizado.

4.A un año hay quienes piensan que es muy poco tiempo para ver resultados como también quienes creen que lo realizado debiera ya perfilar los alcances. Con una mayoría legislativa clara, el gobierno ha desahogado su agenda y creado el sustento constitucional y legal para sus propuestas, desde la eliminación del fuero, el control de los salarios públicos nunca por encima del Presidente, la extinción de dominio y los nuevos tipos penales, la creación de la Guardia Nacional y el marco legal de actuación del Ejército, las formas de democracia directa en la revocación de mandato y la consulta pública, así como la aprobación de los presupuestos necesarios con orientación social, austeridad y equilibrio. Con ello ha concentrado el poder político como no sucedía desde tiempos de la hegemonía priísta.

5.Los números, sin embargo, poco ayudan a los propósitos. La economía se ha estancado y perfila la recesión técnica con cero crecimiento; la confianza necesaria para las inversiones se ha erosionado, la violencia y la inseguridad harán de éste el año más violento en la historia; la aprobación del Acuerdo Comercial con Estados Unidos y Canadá podría esperar a la definición de la elección presidencial estadounidense. Otros datos muestran también que la aprobación presidencial ha caído entre 10 y 20 puntos, situándose en 58% en promedio. Es decir, según se le mire el vaso estará medio lleno o medio vacío, pareciendo hoy más vacío que lleno. Tal es la dimensión de los retos que requieren confianza e inversión para remontarse, en lo que será indudable factor un plan como el de infraestructura.

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