Hannia Novell

Ha transcurrido mes y medio de precampañas y lo único que tengo es una sensación de enorme vacío. No acabo de entender a los tres seguros contendientes por la Presidencia de la República. Los veo erráticos, contradictorios, poco convincentes, con propuestas genéricas que no detallan las soluciones a los grandes retos que enfrenta el país y, eso sí, muy dispuestos a la guerra sucia. Veamos caso por caso.

El extraño caso del Dr. Meade 

José Antonio Meade fue electo como el abanderado de la coalición Todos por México que integran PRI-PVEM-Panal para ser vendido al electorado como un hombre de resultados que lo mismo ha servido a gobiernos del PAN o del PRI, sin que milite en ningún partido.

Ahí radica su principal contradicción. El día de su destape acudió a la sede de la CTM para pedir a los sempiternos líderes obreros “háganme suyo”. Entonces, ¿no es priista pero
quiere serlo?

El 7 de enero, en Veracruz, se lanzó contra su contrincante de Morena: “Corrupción es Andrés Manuel López Obrador que viene aquí a defender a los narcos y a defender a los corruptos (…) Corrupción es el que nos miente en su declaración patrimonial”.

En ese mismo evento, dijo que al priismo le “duele profundamente” que Javier Duarte los haya traicionado y subrayó: “vamos a pelear con todo contra la corrupción”. El problema es que ahí, en primera fila, se encontraba el líder de los petroleros, Carlos Romero Deschamps, para muchos, la personificación de la corrupción sindical luego de Elba Esther Gordillo.

Y no es todo. Meade no es dueño de su agenda. Está secuestrado por su coordinador de campaña formal, Aurelio Nuño, y por su coordinador de campaña de facto, Enrique Peña Nieto. Ellos deciden qué lugares debe visitar y con quiénes se debe reunir. Meade está aislado y sin identidad.

Na, na, na, na y la campaña divertida que no fue 

Ricardo Anaya, de la coalición Por México al Frente, arrancó con un breve video en su cuenta de Facebook, en el que prometió encabezar una precampaña “distinta, divertida, inteligente”. Y nada.

Salvo los “palomazos” con Juan Zepeda y con el niño Yuawi, quien se ha convertido en todo un fenómeno por interpretar la canción de Movimiento Naranja, no recuerdo ningún otro momento, salvo por unos chistes (por cierto, muy malos) sobre Meade. Por ejemplo, que le dicen “la Semana Santa” porque no saben si caerá en marzo o en abril, en referencia a un eventual relevo “porque no levanta”.

A Anaya Cortés le sucede algo parecido que a Meade: al ser abanderado de una coalición que une al PAN y al PRD, al agua con el aceite, no se puede comprometer ni con unos ni con otros. Y la campaña “divertida” e “inteligente” a la que se comprometió, quedó en bla bla bla.

Si ya saben cómo soy, para qué me invitan

De Andrés Manuel López Obrador, qué decir. Sabedor de que esta es su última oportunidad para llegar a Los Pinos, ha establecido alianzas “espurias” con personajes a los que en el pasado calificaba como parte de “la mafia en el poder”.   

René Fujiwara, nieto de Elba Esther Gordillo; Gabriela Cuevas, expanista; Cuauhtémoc Blanco, alcalde de Cuernavaca; y Lino Korrodi, creador de Amigos de Fox, son algunos de esos políticos a los que AMLO ha absuelto y exonerado en aras de obtener votos.

Así las cosas, el 11 de febrero concluirán las precampañas de estos tres aspirantes a la silla presidencial a los que he llamado “acuosos” porque, como el agua: son incoloros, inodoros e insípidos. Ya los veremos en campaña y podremos verificar de qué están hechos. 

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