1.Rechazar la negatividad de las campaña pareciera ser un consenso que todos lamentan pero todos practicaron. Es decir, en tanto se duele públicamente que las campañas negras invadieron completamente el ámbito de lo privado y fueron aún más allá al no sólo revelar información, conductas o trayectorias sino que llegaron al infundio, la difamación y la calumnia, en las redes sociales se registra un duelo de thrillers para denostar a los contrarios, sobre todo en las entidades que tuvieron mayor competitividad electoral y han experimentado, varias por vez primera, la alternancia.
Las campañas de odio bien podrían ser tema de una próxima reforma electoral en la materia, que dicho sea de paso, trasciende ahora la mayor preocupación al respecto que se tenía, que era el exceso y vanalidad de los spots.
2. Respecto de los resultados, comparados con las encuestas previas, no obstante la reiterada advertencia de quienes las hacen para no tomarlas como predicciones, lo cierto es que cualquier previsión erró el blanco por mucho. Se habían valorado diferentes escenarios: sobre cuántas entidades podría ganar el PRI, a partir de las 9 que señalara el Presidente Beltrones al inicio de la contienda, y en cuáles los partidos de oposición, las coaliciones coyunturales formadas o las candidaturas independientes pudieran obtener, que ni por mucho se imaginaban, como ha dicho el Presidente Anaya del PAN, que pudieran llegar a ser “más de tres”.
3. En el contexto de enorme negatividad prevaleciente, la etapa postelectoral apunta a ser intensa, tanto o más que las propias campañas. Sin duda habrá de aligerar la carga de los tribunales el apego a la legalidad mostrado por los contendientes, además del discurso presidencial en apoyo a la legalidad y la democracia como factores de cohesión, que eviten la polarización y la disputa irreductible y permitan trabajar y cooperar con quienes la voluntad ciudadana haya determinado.
4. Como bien se ha señalado, al final del día, los resultados fueron los que la gente quiso que fueran, respetándose la libertad de elegir y el sentido del voto, en donde las elecciones no extienden un cheque en blanco para nadie, siendo claro que después los ciudadanos esperan gobernabilidad, estabilidad, seguridad y certidumbre.
5. Al final del día sólo Hidalgo y Sinaloa serían claramente para el PRI; con menor margen, obtuvo Oaxaca y Tlaxcala. Tres factores pudieron haberle hecho tropezar: el malestar ciudadano que llevó a ocho entidades a la alternancia; el descontento con los malos o pésimos gobernadores, y un contexto de negatividad prevaleciente, alimentado por el anhelo de justicia ante la impunidad y corrupción que siguen tan campante
En tanto que Puebla, como Tamaulipas, Chihuahua y Aguascalientes, fueron ganadas directamente por el PAN. Con las coaliciones Perrepán, este partido llegó también a Veracruz, Durango y Quintana Roo, en tanto que el PRD sólo tiene la parte que le corresponde de dichas coaliciones. El Partido Morena, considerado la revelación electoral, disputó Veracruz y Zacatecas con posibilidades mediáticas, resultando el gran vencedor en la elección del Constituyente de la Ciudad de México. Corresponde ahora gobernar con estos resultados.