Simplemente, fallaron todos los predictores.
1. Ecos de la alternancia.
El tema de temas en la comentocracia ha sido el análisis de los resultados de las elecciones del pasado 5 de junio. En el análisis, ha sido preponderante el marcador, como si de un evento deportivo se tratara: 7-5, se dice por todas partes; severo revés al PRI; el Presidente perdió las elecciones; le dieron una “patada” al sistema, por decir lo menos.
De manera más sutil, empiezan a permear las distintas causas de tal marcador; más que pensar en una mala dirección del partido, se le podría atribuir a la perspicacia de los adversarios, sobre todo del PAN, para centrar la campaña en torno al hartazgo que corrupción e impunidad causan en la gente, con la promesa de “enviar a la cárcel” a los gobernadores con pésima imagen, abiertamente en los estados de Chihuahua y Veracruz y, más veladamente, en Quintana Roo y Durango.
Otro factor se le cuelga al mal humor social, a la negatividad prevaleciente (como se dice en el argot, sólo 3 de cada 10 mexicanos están entusiasmados), en cuya intemperie antisistema es muy complicado lograr resultados distintos a los que se tuvieron; más bien, se dice, era para más y no obstante ello, el partido gubernamental logró mantener la competitividad (derrotas por 3 a 4 puntos en Aguascalientes, Veracruz y Durango) y ganar claramente en Sinaloa y Oaxaca, entidades además recuperadas de la oposición, así como en Zacatecas y apenas por la mínima diferencia, en Tlaxcala.
Empiezan a asomar, también, otras imputaciones, sobre todo a la iniciativa presidencial del matrimonio igualitario que habría alienado al votante conservador y se ha ido documentando cómo la Iglesia católica llamó a votar contra el PRI, por lo menos en Aguascalientes, Veracruz, Chihuahua y la Ciudad de México, así como otras injerencias que se dieron en Sinaloa y en Puebla. Es notorio que las diferentes iglesias, aún las protestantes en Chihuahua y Tamaulipas, resintieron el lance gubernamental y es más que probable que hayan optado por apoyar las campañas contra el PRI.
2. Fallaron los predictores.
Acreditado ha quedado, asimismo, el fracaso de las casas encuestadoras para medir posibles resultados. Por mucho erraron las encuestas, nadie imaginó una debacle de siete gubernaturas, y tampoco las encuestas de salida pudieron establecer las tendencias el día de la elección. Se explica, dicen los expertos, porque hubo demasiado “voto oculto”, porque se erró en la estimación de la participación electoral (se pensó en no más del 45%, cuando el promedio fue de 54%) lo que tendía a sobreestimar al PRI, y, finalmente, porque el llamado “voto duro” del PRI no fue tan duro, es decir, una parte de los electores constantes del PRI habría votado, en esta ocasión, en contra de los candidatos a gobernador del PRI, claramente en Chihuahua y Tamaulipas, y de manera diferenciada en Durango y Quintana Roo.
Por otra parte, las coaliciones perrepán han mostrado ser kryptonita para el PRI. Hace seis años, coaliciones de esta índole ganaron en Puebla, Sinaloa y Oaxaca; en esta ocasión, las coaliciones perrepán triunfaron en Veracruz, Durango y Quintana Roo, al sumar fracciones de votos que por sí solas no hubieran sido problema para el priísmo cuya votación rondó el 30%. Si el “hubiera” existiera, de haberse dado coalición perrepán en Tlaxcala también la habría ganado.
La paradoja es que el PRI, también en coalición, le pudo ganar a las alianzas perrepán en Zacatecas y Oaxaca, en donde, si hubiera ido solo, sin los partidos aliados, quizá habría perdido.
Conforme se avanza en los análisis y se dispone de mayor información, empieza a gestarse una distribución de responsabilidades más específica. Va quedando claro que no todo podía haber sido responsabilidad de las dirigencias nacionales, sino que buena parte de la malora se debió a la pésima imagen y peor operación de los gobernadores, sobre todo en Veracruz, Chihuahua y Quintana Roo; en menor grado en Aguascalientes y Durango, pero también obró en algunos casos el haber menospreciado al adversario.
Lo que trasluce es que hay mérito en la dirigencia nacional, que fue prácticamente sola a la batalla y logró sacar resultados, sosteniendo una alta competitividad en tanta adversidad como se tuvo en Veracruz, Tamaulipas y Chihuahua. El “voto cruzado” tiene otra explicación, que es que los priístas, el “voto duro”, también están molestos o enojados con la situación prevaleciente.
3. Periodo de sesiones extraordinarias.
El Gobierno Federal pareciera estar arriesgando otro ridículo monumental. Un tanto inusualmente, como si tuviera armada una gran coalición, se convocó a un periodo extraordinario de sesiones cuando aún no se han tejido los consensos necesarios sobre los temas que habrán de abordarse en el mismo. Al grado que debieron ser sacados de la agenda los temas insignia de último momento, como son parte de la iniciativa para legalizar la marihuana (en lo relativo al incremento del gramaje de portación) y la de constitucionalización del matrimonio igualitarioy, parece ser, también de último minuto la del mando único.
En lo que respecta a los temas torales del gobierno, como son las leyes secundarias del Sistema Nacional Anticorrupción y lo relativo al “Mando Coordinado” (ya no es único, ese proyecto prácticamente se desechó), es el PAN el que está imponiendo su ritmo e intereses. No hay consenso garantizado, pues el PAN, engallado al sentir que tiene al Gobierno por las astas, busca imponer su criterio: la “3 de 3” y el nombramiento del Fiscal Anticorrupción en el caso de la primera, y lo que ya tiene, que es el Mando Coordinado en el Sistema Nacional de Seguridad Pública, en el caso del segundo.
Lo claro al momento es que aún no hay consensos; el periodo extraordinario se instaló sin dictámenes en los temas fundamentales, los cuales, dicen, habrán de ser construidos en los próximos días, ya dentro de la presión de llevar al pleno los dictámenes o hacer el oso.
En Cámara de diputados se tienen algunos otros dictámenes prácticamente a punto, en lo relativo a leyes de implementación del Sistema de Justicia Penal Acusatorio, como son la de Ejecución de Penas, Fiscalización y la de Justicia para Niños y Adolescentes. El desafuero para la “chapodiputada” de Sinaloa, Lucero Guadalupe Sánchez López, votada en la primera sesión, pareciera ser que ya no interesa a los promotores pues ya no tiene el efecto político-electoral que se buscaba.
Es decir, en el periodo extraordinario iniciado el lunes, el Congreso se instaló y sesionará en la medida de lo posible, sin fecha preestablecida de conclusión, arriesgando a obtener sólo migajas o entramparse en una cadena de cesiones sin fin hacia el PAN, engallado como está con los resultados electorales. Trasciende que este partido, como tema de campaña nacional, irá “contra el combate a la corrupción, a fondo”.
4. El discurso presidencial.
Tras las elecciones, el discurso presidencial ha sido conciliador. Lejos de aquél enojo que, dicen algunos columnistas, tuvo el domingo por la tarde/noche al conocer la magnitud de los resultados, el “día después” presidencial fue para reconocer la tranquilidad con la que se realizaron los comicios. Al respecto, diría que hay estabilidad política con leyes e instituciones sólidas, cuyo mejor ejemplo “son las elecciones libres y altamente competidas que se vivieron el día de ayer, en 14 entidades de la República. Las elecciones de este domingo se desarrollaron en un ambiente de orden, tranquilidad y paz.
Subrayó el Presidente Enrique Peña que “el Gobierno de la República trabajará con las autoridades que resultaron electas, con plena coordinación institucional y sin distingo alguno. Sin duda, nuestra democracia es perfectible; pero nadie puede negar que hoy, en México, son exclusivamente los ciudadanos quienes eligen a sus representantes. El voto cuenta y se cuenta bien”.
En este sentido, el mensaje presidencial apunta a la normalidad democrática; a entender el mensaje de los ciudadanos expresado a través del voto, el cual será escuchado en el sentido del combate a la corrupción y a la impunidad que tiene.
Ha trascendido también, que el titular del Ejecutivo Federal se ha comunicado con candidatos ganadores, haciéndoles saber la disposición al trabajo conjunto y una expresión más abierta cuando concluyan los cómputos y cuenten con la constancia de mayoría, con lo que estaría prácticamente culminando la parte postelectoral.
Ello ha sido así, se dice, porque el Gobierno Federal no quiere arriesgar la posibilidad de lograr un acuerdo en el Congreso en los temas que le interesan, que son el Sistema Nacional Anticorrupción, el Mando Coordinado y la Miscelánea Penal, que permitiría cumplir en tiempo y forma con la implementación del Sistema de Justicia Penal Acusatorio, cuyo “deadline” es el 18 de este mes.
5. De cara al IV Informe Presidencial.
En materia económica, una vez más se percibe mejoría en los indicadores fundamentales, al grado que analistas del Sector Privado están empezando a reconsiderar sus cálculos, retornando a pronósticos más optimistas del crecimiento del PIB, ubicando el dato en 2.5% como un “regreso” del 2.1% en que lo habían puesto tras la reunión de Primavera del FMI y el Banco Mundial, instituciones éstas que siguen recortando las expectativas del crecimiento mundial.
El precio del petróleo en el mundo, referencia clara para comprender la fortaleza de los ingresos públicos mexicanos, ha ido regresando a la zona de los 50 dólares, con lo que la mezcla mexicana andará en los 44 dólares. No obstante, la cotización del peso frente al dólar se fue por encima de los 19 pesos ante el temor mundial por la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, a votarse en el referéndum del 23 de junio próximo.
Para los analistas del Sector Privado, el PIB potencial de México aumentará a mediano plazo, lo que reafirma la convicción de que, como resultado de las reformas estructurales en marcha, la productividad de la economía mejorará de manera más visible en el periodo 2018-2020.
El renovado optimismo contrasta con la cautela mostrada por la agencia calificadora Fitch, que aún advierte riesgos en el horizonte mexicano derivados en lo inmediato del elevado incremento de la deuda pública, el bajo crecimiento y los lentos avances en el combate a la corrupción que se observan, que podrían afectar la calificación BBB+ con perspectiva estable que actualmente tiene nuestro país.
La deuda pública, dice Fitch, se ubica en casi 50% del PIB; no obstante, reconoció que el país tiene una situación envidiable ante las presiones globales por bajo crecimiento mundial, bajos precios del petróleo y volatilidad de los mercados, algo con lo que México está lidiando muy bien.
De sortearse estos obstáculos, ante los que se cuenta con una previsión en reservas y crédito flexible contingente por 265 mil millones de dólares, Las perspectivas económicas del país para el segundo semestre del año lucen bastante bien, es lo que podría concluirse de cara al ya próximo IV Informe Presidencial.