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Brenda Mireles

Se hacen llamar QAnon, y aunque pareciera, su líder no es Donald Trump, sino alguien que permanece en las sombras, y del que aseguran, el presidente es un enviado especial para detener la imposición de “una agenda destructiva” en la sociedad a cargo de un selecto grupo que busca el control de Estados Unidos y del mundo. 

Inicialmente conocido como “Q”, el o los líderes principales de este movimiento permanecen anónimos, lo que ha dado origen a su nombre.

Se trata de uno de los protagonistas del asalto al Capitolio el 6 de enero pasado, un grupo de creyentes de las teorías de conspiración, considerados “movimiento religioso emergente” o secta, ya que manejan conceptos como “el Gran Despertar”, que se refiere al momento en que los ciudadanos volverán al fervor religioso que se ha visto en otros periodos de la historia estadounidense.

Sostienen también en este manifiesto  que habrá una “tormenta”, tras la cual se identificará y juzgará a los miembros de la “elite corrupta”. 

Desde su surgimiento en 2017 a la fecha, no han demostrado la existencia del complot en el que creen o de los involucrados, pero tienen bien identificados a sus enemigos: cualquier idea o acción que se salga de la lógica conservadora o que sea de ideas contrarias a las de Donald Trump y el movimiento “Antifa” que busca derechos y libertades a través de la acción directa.

En QAnon se mantienen en contra del ala demócrata estadounidense, siendo “Pizzagate” la acusación más sonada, y probablemente la conspiración que dio pie a la existencia de este grupo radical. Es una teoría del año 2016 que sostiene la existencia de una red de pedófilos entre los que se encuentra Hillary Clinton, que según sus planteamientos operaban redes de trata, prostitución y asesinatos infantiles a través de una pizzería en Washington.

No están solos

A este grupo tan particular se le ha sumado el apoyo de los Proud Boys un grupo de extrema derecha, nacionalista y neofascista que defiende los principios que enarbola Donald Trump. 

Fundados en 2016, cuentan con el visto bueno del Presidente, y al igual que él, han sido expulsados de las redes sociales por incitar a la violencia y emitir discursos de odio.

Otro más, el movimiento MAGA (Make America Great Again) es otro de los aliados del presidente. Tomando como base su slogan de campaña, se trata de personas convencidas de la retórica “America First” del magnate, y para los cuales también es válido caer en actos de violencia o provocación con tal de defender las ideas de Trump y su “libertad” para difundirlas masivamente.

Añorantes de “los buenos tiempos” del pasado, todos estos grupos portan elementos distintivos: gorras rojas de MAGA, colores y alusiones a la bandera y escudo estadounidenses, y las polémicas banderas confederadas, que aunque para ellos representa la lucha por los derechos civiles, también tiene connotaciones de superioridad racial. También se identifican con motivos religiosos, bíblicos y a favor del uso de las armas.

Extrema derecha. Proud boys, fundados en 2006 tienen el visto bueno del presidente Trump, y al igual que él, han sido expulsados de las redes sociales.

El trasfondo

La historia de Estados Unidos ha estado muy  ligada a las creencias religiosas y a los grupos radicales. Más allá de los colonos puritanos, católicos y anglicanos que dieron pie a su nacimiento como país, basta recordar al Ku Klux Klan que sembró terror del 1865 hasta 1940 bajo principios bíblicos interpretados a su manera a favor de la supremacía blanca.

El nuevo “Gran Despertar” al que hacen alusión los miembros de QAnon pretende emular a dos periodos en los que el fervor religioso dominó muchos de los aspectos de la vida cotidiana; en la época esclavista de 1730 a 1740 y el periodo previo a la guerra civil, de 1790 a 1840.

Estos lapsos se caracterizan por un aumento en las predicaciones masivas y la imposición de ideales conservadores que llegaron a convertirse en ley, como una reforma en 1831 para que hubiera al menos una persona blanca en las reuniones de culto de afroamericanos, para mantener vigilancia y evitar complots.

Aunque oficialmente la iglesia y el estado se encuentran separados, tanto en la Carta de Derechos como en la Constitución estadounidense se hace énfasis en la libertad religiosa, lo que ha permitido que el país tenga exenciones a determinados grupos en 21 de sus 50 estados. 

De manera general, Alabama, Arizona, Arkansas, Florida, Georgia, Idaho, Indiana, Kansas, Kentucky, Luisiana, Misisipi, Missouri, Carolina del Norte, Carolina del Sur, Dakota del Norte, Dakota del Sur, Ohio, Oklahoma, Pensilvania, Tennessee y Texas cuentan con leyes que privilegian a determinadas religiones, lo que lejos de favorecer la libertad religiosa, la amenaza, ya que permite que se coarten derechos como el matrimonio entre personas del mismo sexo o la no discriminación a la comunidad LGBT y a las mujeres.

Otros derechos que pueden ser coartados con esta libertad de culto es el de la adopción, pues grupos de culto o congregaciones pueden interferir para que las agencias encargadas prioricen a quienes si consideran aptos según sus creencias. Esto puede dejar fuera a las mujeres sin pareja, jóvenes y personas ateas, entre otros.

Aunque los líderes y predicadores religiosos no pueden mostrar abierta simpatía hacia un candidato que se postule a un cargo político, bajo la pena de perder la exención de impuestos; estos últimos si pueden usar su fe en sus respectivas campañas y durante sus gestiones. 

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