Alejandro Alemán

Fijar los límites entre el cine documental y el cine de ficción es un tema que genera controversia. Mientras que para algunos la mezcla de ambos es un fenómeno relativamente reciente, para otros está presente desde Nanook, el esquimal (Flaherty, 1922), película considerada como el primer documental de la historia.

En El Agente Topo (Chile, 2020) —la más reciente cinta de la documentalista chilena Maite Alberdi— la división entre documental y ficción resulta aún más difusa. 

La historia inicia con un peculiar anuncio en el periódico: una agencia de investigadores busca a un hombre mayor (de entre 80 y 90 años) para trabajar como agente secreto. El puesto se lo queda Sergio Chamy, un reciente viudo retirado al que le urge de nueva cuenta sentirse útil. La misión consiste en infiltrarse en un asilo de ancianos para reportar en qué condiciones vive Sonia, la madre de la clienta que ha contratado a la agencia, toda vez que sospecha que la tratan mal.

Como buen espía que se respete, nuestro topo cuenta con lo último en tecnología: una pluma y anteojos con cámara oculta, y un celular… con whatsapp.

Con una población mayoritaria de mujeres, el amable Chammy hace migas rápidamente. Así conocemos a la ancianita que recita poemas, a la que es cleptómana, a la que le habla todos los días a su mamá (no entiende que ya murió) y aquella que de inmediato le tira los perros al octogenario detective.

La cosa es que Chamy no está interpretando a ningún personaje, él realmente se llama Sergio Chammy, realmente es viudo, y las viejitas tampoco son actrices sino mujeres que llevan años en el internado, que también existe.

Además de las tomas hechas con la pluma o los anteojos, la cámara de Pablo Valadéz va siguiendo al topo quien (junto con nosotros) descubre la triste realidad de los ancianos que, básicamente, son abandonados en ese lugar.

La combinación de estilos narrativos provoca muchas preguntas. ¿Las internas sabían que eran filmadas para un documental? ¿Es ético que se muestre la vida íntima de estas personas? ¿Chammy realmente vivió en el asilo todo ese tiempo?

El caso es que la película –documental o ficción– funciona. Al igual que Chammy, nosotros nos afectamos por la realidad oscura de estas personas encerradas entre la enfermedad y el recuerdo, esperando lo inevitable.

Este osado filme concluye con un final abrupto y anticlimático. No hay respuestas ni moraleja. Solo dos certezas: la triste realidad que viven los adultos mayores y la extraordinaria habilidad de la cineasta para, mediante este juego de géneros, conmovernos hasta las lágrimas.

El Agente Topo se puede ver en Netflix.

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