Alejandro Alemán

Emily in Paris —la nueva serie creada por Darren Starr, el también productor de la legendaria Sex & the City— inicia donde ésta última termina: en la ciudad de París. 

En aquel episodio final, Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker) abandonaba su amada Nueva York para seguir los pasos del que pensó sería su futuro esposo (Mikhail Baryshnikov). Sin saber el idioma, Bradshow cree que podrá adaptarse al modo de vida parisino, pero previsiblemente, fracasa. La neoyorkina, enamorada de los martinis y del amor no tenía lugar en la ciudad luz.

Dieciséis años después, Darren Starr regresa a Francia, ahora con una mujer mucho más joven, igualmente profesionista e independiente, pero que tampoco sabe hablar francés: Emily Cooper (Lily Collins). 

Donde Bradshaw fracasó, Emily triunfará, ¡y de qué forma! Enviada por la firma de mercadotecnia para la cual trabaja, la joven llegará a la capital francesa (sin experiencia en marcas de lujo) para enseñarle a los parisinos cómo usar Instagram, criticar la semántica de su idioma (“¿por qué la palabra ‘vagina’ en francés es masculina?”), condenarlos moralmente por su apertura hacia el sexo, y escandalizarse cuando descubre que los franceses —¡Dios guarde la hora!— tienen amantes.

Mostrando una París idílica (jamás hay un día nublado) y portando siempre vestidos de diseñador, Emily se desenvuelve en un océano de lugares comunes respecto a los franceses: que si son enojones, que si tienen sexo todo el tiempo, que si todos te quieren ligar, que si todos son guapos, que si tener amantes es de lo más normal y un largo y tedioso etcétera.

La arrogancia de la serie es tan infinita como sus clichés. No hay problema (ni hombre) que se le resista a Emily: su sonrisa, su celular y su muy básico conocimiento sobre redes sociales la salvarán siempre de cualquier problema. 

Porque además: resulta que todos en Francia hablan inglés. Emily llega al final de temporada sin saber una pizca del idioma, pero eso no parece ser impedimento alguno, ella se codea con grandes empresarios y diseñadores de marcas de lujo sin que uno solo le reclame a esta escuincla la osadía de venir a corregir la plana a todo un país y sin siquiera hablar su idioma. 

No exagero al decir que con Sex & The City, Darren Starr revolucionó la televisión estadounidense, mostrando una feminidad inteligente y sin pudor ni miedo respecto al sexo. Por ello sorprende lo banal de Emily in Paris, un retroceso que sólo puede explicarse como proyección de la generación actual: inquisidora, rápidamente ofendida por todo y con la creencia de que con la herramienta Google Translate pueden dominar al mundo. 

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