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Jonathan Nácar 
Fausto Pretelin 
y María Idalia Gómez

En la primavera de 1984 el director de la CIA, William Joseph Casey consideraba que México era una bomba de tiempo que podía afectar a Estados Unidos. Entonces Constantino C. Menges, asistente especial del presidente republicano Ronald Reagan y quien también formaba parte del Consejo de Seguridad Nacional, había convencido al director de la agencia estadounidense de que México podía ser otro de los países latinoamericanos que se revelara contra su país, y según Menge, podría ocurrir una revolución, ya que la actitud del gobierno mexicano, entonces en manos de Miguel de la Madrid, se oponía peligrosamente a los intereses estadounidenses, y existía una deuda que podía ocasionar la expropiación de las inversiones extranjeras.

Las condiciones sociales de México, sostenía el asesor del presidente Reagan, creaban un terreno fértil para la izquierda radical, y Casey por su parte consideraba que “De la Madrid era un verdadero fastidio para la administración”, y la deuda mexicana por 80 mil millones de dólares (de entonces) era el problema, pero el presidente mexicano estaba “obsesionado con respaldar financieramente un singular programa social al que llamaba ‘renovación moral’ en lugar de intentar reducir la deuda de su país”. 

›Esta visión sobre México y que llevó a presiones sobre el gobierno entonces, fue documentada en el libro Las Guerras secretas de la CIA, que cita Harry Thayyer Mahoney en su libro El espionaje en México en el Siglo XX. La visión estadounidense así era entonces y ahora.

El presidente Andrés Manuel López Obrador, a pesar de las declaraciones y arrebatos de Donald Trump, ha establecido una buena relación con el todavía presidente estadounidense. Los puentes con los demócratas han quedado en manos del canciller Marcelo Ebrard, pero ya han mostrado un endurecimiento en la relación con México.

De enero a julio de 2019, el total de exportaciones e importaciones de bienes entre México y Estados Unidos alcanzó 361 mil 107 millones de dólares, cifra mayor a la registrada en el mismo periodo de 2018, cuando llegó a  351 mil 516 millones de dólares.

En el caso de que Joe Biden triunfe, las diferencias económicas entre México y Estados Unidos serán mayores que si se mantiene Donald Trump en la oficina oval. Los demócratas han sido más propensos a exigirle a nuestro país una mayor esfuerzo para poder participar y mantenerse como socio comercial con su país.

La candidata a la vicepresidencia, Kamala Harris, por ejemplo, declaró un día que el nuevo Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (TMEC) debía revisarse. Así, el cambio de tono en la relación bilateral entre México y Estados Unidos implicaráel replanteamiento de la política exterior de México.

El cambio de tono en la relación bilateral entre México y Estados Unidos tras las elecciones del próximo 3 de noviembre es un hecho indiscutible, y hasta cierto punto incierto sobre el rumbo de los temas prioritarios en las agendas de ambos países. Lo que sin duda implica, coincidieron especialistas, es el replanteamiento de la política exterior de México al tener que hacer frente a posibles nuevos retos y presiones por parte del país vecino del norte.

Ante la posibilidad de un triunfo demócrata, analistas especializados advierten una mayor y más estricta vigilancia de los estándares laborales y ambientales por parte de México, en el cumplimiento del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC); y un papel fundamental de esta presión recaerá en la Cámara de Representantes y el Senado estadounidenses.

“Con un 70% de probabilidades de que los demócratas tengan la Cámara Alta, algo que sí van a ser muy exigentes será en este tema laboral para que México se ponga a la altura de los compromisos adquiridos con el USMCA. Vamos a ver presión de esta ala más progresista del Partido Demócrata porque los sindicatos estadounidenses están haciendo presiones muy fuertes con los temas laborales, sindicales y de salarios”, sostuvo Saul Vázquez, investigador asociado del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi).

Sin embargo, el también miembro de la Red de Norteamericanistas del Centro de Investigaciones sobre América del Norte de la UNAM indicó que un posible triunfo demócrata podría significar para México un descanso de la relación desgastante que persiste con la administración de Donald Trump, pues si bien ni México ni América latina figuran como prioridades en la agenda del demócrata, «México tendrá la oportunidad de regresar a la diplomacia», señaló.

Particularmente en el caso de las presiones, la probabilidad de una administración demócrata, destacó Guadalupe González González, profesora-investigadora del Centro de Estudios Internacionales en el Colmex, es que «habría mayor simpatía por una vigilancia más estricta de los estándares laborales y ambientales por parte de México, que son estándares que ya están fijados dentro del T-MEC».

Y añade, «en materia comercial, el que no esté Donald Trump en la presidencia añadiría mayor certidumbre comercial a México, en la medida de que quedaría atrás está practica de diplomacia coercitiva, la amenaza de imposición de aranceles por cuestiones de seguridad nacional, un instrumento constante del que ha hecho uso el actual presidente».

En el aspecto energético, también incluido en el acuerdo trilateral, internacionalista y analista política destacó que “los siguientes años, el tema energético, sobre todo bajo una administración demócrata, será un tema de tensión porque la agenda energética del gobierno de López Obrador es exactamente opuesta a la que tiene Biden, que está apostando a una transición rápida, y general hacia energías limpias; mientras que en México le están apostado a las energías de petróleo y carbón. Si esto sigue ahí tenemos un posible choque entre ambos países”.

Para Stephen D. Morris, profesor titular en el Departamento de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en Middle Tennessee State University, si fuera el caso de que llegara a perder la reelección Trump, el cambio más pronunciado sería en el aspecto migratorio, pues “hay un ala izquierdista, el lado progresista que representa a los latinos, que podría ver la posibilidad de que los latinos-mexicanos, que son la mayoría, puedan tener una influencia mayor en la política exterior de Estados Unidos hacia México”.

Para el doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Arizona, si bien la política exterior en Estados Unidos no ha cambiado mucho en los últimos años, apuntó que quizá con Biden va a ser un poco más solidarios con América latina, «quizá se reanuden o haya cambios con las relaciones con Cuba, con Venezuela, todo lo que Trump hizo en contra de la política de su antecesor en materia de política exterior, va a revertirlo, regresando a la de Obama hasta cierto punto».

Considerando que el candidato demócrata es mucho más «predecible» que el actual presidente, quien a través de las amenazas de aranceles logro que México implementara su política de bloquear y prevenir la llegada de los emigrantes de Centroamérica, eso podría cambiar fundamental en el sentido de que, «se prevé que (Biden) dará mas voz e influencia al partido demócrata, que podría ser no tan desfavorable y no tan impredecible como lo es con Trump», sostuvo Morris.

En cuanto al paradigma migratorio, y bajo la consideración de que la posibilidad de modificar la política migratoria estadounidense no equivale exclusivamente a una responsabilidad del presidente, sino que también involucra al Senado, la Cámara de Representantes, así como los gobiernos estatales y el Poder Judicial, Guadalupe González subrayó que en todo caso podría esperar una política migratoria «más humanitaria», pero hasta ahora no deja ser una promesa electoral.

«En el último debate (Joe Biden) anunció que en los primeros 100 días de su administración enviaría una iniciativa de ley al Congreso para una reforma migratoria que abriera vías a la regularización de 11 millones de extranjeros que están viviendo sin papales en los estados Unidos, y un poco más de la mitad de ellos son mexicanos; otra promesa es el que buscará regularizar permanentemente el programa de los DACA. Esas son las promesas, y del dicho al hecho pues es difícil. Obama también prometió hacerlo, pero no lo hizo, y lo que logró fueron mayores controles en la frontera», reconoció la socia fundadora del COMEXI y del Consejo de Relaciones Internacionales de América Latina (RIAL).

«Biden ha cuestionado mucho el acuerdo que actualmente mantiene Trump con el gobierno de López Obrador con respecto al asilo (de migrantes). Desde el tema de las caravanas, el acuerdo al que se llegó fue que en México se quedarían esperando su procedimiento de asilo las personas de ciertas nacionalidades, -actualmente hay alrededor de 80 mil migrantes centroamericanos que están esperando en la frontera mexicana su proceso de refugio en Estados Unidos-. Ahí podría haber cambios y lo lejos que estos podrían llegar dependerá de cómo quede el Congreso», señaló González González.

Quizá donde habría un cambio radical, refirió la exdirectora del Programa de Estudios de las Relaciones Internacionales de México en el CIDE, en el caso de que llegue Joe Biden, es en el tema de derechos humanos y democracia; «porque para la administración Trump estos temas de si en México hay violaciones a Derechos Humanos o si hay desaparecidos, o si hay víctimas o muertes de periodistas no es algo que le haya preocupado en lo mas mínimo.

A lo que Biden ya dijo que uno de los ejes de su política exterior será la promoción de la democracia, y una de las primeras iniciativas que anunció es convocar a una suerte de club de democracias en el mundo para llevar a cabo políticas de fortalecimiento de la democracia y derechos humanos».

México espera al ganador

Cada cuatro años surge una pregunta: ¿Quién le conviene a México que gane la elección? Hoy más que nunca la respuesta se contesta con otra pregunta: ¿Quién la conviene al mundo que gane la elección? En diplomacia existe un principio no escrito que impera en el buen ambiente de las relaciones internacionales: ser previsible. La incertidumbre con Trump siempre está latente. Nadie dice que, de reelegirse, suba el techo en las demandas o exigencias al presidente López Obrador. En 2019 lo hizo amagando con imponer aranceles a las importaciones de productos mexicanos. El gobierno mexicano aceptó las condiciones y colocó un muro formado por militares de la Guardia Nacional en la frontera con Guatemala y se convirtió en un tercer país seguro tras poner en práctica el programa migratorio Quédate en México diseñado desde Estados Unidos.

Una victoria de Biden regresaría la institucionalidad a la diplomacia. No es poca cosa en esta época. Desde 2017 Trump designó a su yerno Jared Kushner como una especie de secretario de Estado para México. Un desastre. Su relación con Luis Videgaray no abonó a la diplomacia institucional.  

La embajadora Martha Bárcena ha trabajado a profundidad con el caucus latino en el Congreso. Se espera que Biden, ahora sí, pueda diseñar una reforma migratoria completa.

La victoria demócrata no asegura cuatro años de armonía entre los dos gobiernos, pero sí marcaría el inicio de un plan de ruta entre las dos diplomacias. 

 Joe Biden anunció que entre sus primeras acciones destacaría el regreso de la Unión Americana al Acuerdo de París e impulsar un plan con inversiones por dos mil millones de dólares para apoyar la transición al uso de energías limpias.

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