Cierto, los medios tradicionales viven una crisis. Los últimos 24 meses han sido caóticos para los magnates de los medios, creativos, colaboradores y trabajadores a nivel mundial de la televisión y la radio tradicional. No obstante, no todo pinta como parece en una primera instancia. El lugar común diría que es la época donde la gente ve más tv, pero menos televisión abierta, escucha más radio pero menos radio tradicional. El imaginario sostiene que el OTT ganará ante lo lento de la televisión abierta y que el podcast y el streaming están por encima del locutor pone canciones.
Ambas afirmaciones son falsas.
Los medios tradicionales viven una crisis que varía conforme a sociedad y momento político. No obstante, en cada país los medios tienen un desarrollo diferente y un impacto distinto hacia la competencia y su respuesta social. Por ejemplo, los EU viven un agitado proceso electoral.
Donald Trump tiene en su cuenta de Twitter un aliado importante en la retórica, pero si sus mensajes no tuvieran una repercusión en los medios tradicionales y, además, no hubiera una población acostumbrada a ese tipo de contenido a partir de conceptos como Fox News, el impacto y popularidad del millonario sería menor.
Los partidos políticos creen, ciegamente, en el poder de la televisión abierta. 60 minutos continúa como el sitio predilecto para las entrevistas de políticos y las convenciones políticas de ambos partidos norteamericanos dejaron sus mejores momentos para cuando la televisión pública sede enlazaba con las tres grandes cadenas.
En radio, Serial ha sido un ejemplo de un buen podcast con gran repercusión, pero su segunda temporada no ha logrado mantener el paso. A nivel hablado, los comentaristas políticos son aún los Reyes del cuadrante al reafirmar el prejuicio del ciudadano, harto del estancamiento social y con ansias de encontrar el culpable en la política tradicional.
La situación en México es aún más profunda. La Radio y la Televisión viven una crisis clara de contenidos. Los corporativos han decidido cambiar sus métodos de producción y propuesta en busca de recuperar no la audiencia, sino al anunciante que vive con la idea que el mercado está ya en lo digital.
Así, los medios mexicanos viven entre la crisis económica de sus televidentes y radioescuchas y una real crisis de contenidos atractivos para los anunciantes. A la mitad de ello, viven propuestas que llaman la atención por lo novedoso o lo oxidado, por el atrevimiento o la torpeza, por lo tradicional o lo vanguardista. De eso hablaremos aquí semana a semana.