Ejemplo
El caso de Víctor Rodríguez ya no es solo un asunto personal. Aunque exista un perdón de su esposa, el delito se investiga de oficio y el costo político apenas comienza.
Víctor Rodríguez Padilla, director general de Petróleos Mexicanos, durante su participación en la conferencia del pueblo realizada en Palacio Nacional.
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De poco servirá el perdón otorgado por su esposa y no solo porque el delito de violencia intrafamiliar se persiga de oficio, sino por el peso y las implicaciones políticas del personaje involucrado. El caso de Víctor Rodríguez va mucho más allá de lo personal, cruza lo político y lo simbólico, el primer círculo de confianza de la presidenta Claudia Sheinbaum y lo que significaría si parece que ella no reprueba de manera contundente la conducta de su excolaborador. Todo indica que Rodríguez, un ineficiente y decepcionante excolaborador presidencial en una posición clave para el gobierno y el país, será el ejemplo con el que se demostrará que ni los colaboradores, ni mucho menos los amigos, están por encima de la ley. Si otros gobiernos mexicanos en otros tiempos se hubieran empeñado en dejar claro y mostrar justo eso, que la amistad no está por encima de las obligaciones, la 4T difícilmente habría avanzado al amparo del discurso anticorrupción de López Obrador, que hoy parece tan vacío.