África, el nuevo orden mundial del futbol

6 de Julio de 2026

África, el nuevo orden mundial del futbol

raymundo riva palacio AYUDA DE MEMORIA

Raymundo Riva Palacio

1ER. TIEMPO: La promesa vuelta realidad. África ya no acompaña al Mundial de Futbol en Norteamérica; lo define. Hubo un tiempo en que África llegaba a los Mundiales como una promesa permanente, como el continente de la velocidad, del talento indomable y de las historias románticas que casi siempre terminaban antes de tiempo. Pero hoy, esa narrativa quedó vieja. El Mundial que se ha jugado simultáneamente en México, Estados Unidos y Canadá, está mostrando algo mucho más profundo: África dejó de ser un actor secundario para convertirse en uno de los grandes arquitectos del futbol contemporáneo. No se trata únicamente de las selecciones africanas que llegan mejor organizadas, con futbolistas formados en las academias del mundo, como la Clairefontaine, a 50 kilómetros de París, considerada la mayor exportadora de talento mundial y de donde salieron Kylian Mbappé y Thierry Henry, o la Académie MimoSifcom en Costa de Marfil, fundada por el principal equipo de ese país, ASEC Mimosas, y Jean Marc Guillou, entrenador de algunos de los mejores equipos europeos que vistió la casaca francesa en el Mundial de 1978, de cuyo establo salieron leyendas como Didier Drogba. Han transitado en una evolución hacia una personalidad competitiva que hace dos décadas parecía inalcanzable. El fenómeno es mucho más amplio. La influencia africana está repartida por todo el torneo. Francia sería irreconocible sin las sucesivas generaciones de hijos de inmigrantes africanos. Alemania encontró parte de su renovación en jugadores con raíces en Nigeria, Senegal, Sierra Leona, Costa de Marfil o Ghana, como Jonathan Tah y Jamal Musiala, y que como apuntó recientemente un comentarista de la Deutsche Welle, sería imposible reconocerla sin la influencia de ellos. Bélgica, Portugal, Inglaterra y los Países Bajos reflejan la misma realidad. El talento africano ya no fortalece únicamente a África; sostiene buena parte del poder futbolístico europeo. Las selecciones africanas ya no juegan con el complejo del invitado. Compiten como iguales. Administran los partidos, dominan tácticamente y obligan a las potencias tradicionales a abandonar cualquier exceso de confianza. El Mundial ha tenido enormes partidos y grandes sorpresas. Cabo Verde fue una Cenicienta que conquistó cariño. Costa de Marfil y Senegal tuvieron bajo sus botines a equipos de leyenda. Marruecos fue una sensación. El crecimiento de los futbolistas africanos no es producto de una generación excepcional, sino de décadas de inversión en formación, experiencia europea y profesionalización institucional. Este Mundial puede marcar un punto de inflexión histórico. Durante mucho tiempo se creyó que el poder del futbol vivía exclusivamente en Sudamérica y Europa. Hoy, esa geografía cambió, y el centro de gravedad se está desplazando hacia un continente cuya población es la más joven del planeta y cuyo potencial futbolístico apenas comienza a explotarse.

2DO. TIEMPO: ¿Justicia poética? La historia de Europa con África no es algo por lo que pueden estar orgullosos los europeos. Fue casi un siglo, entre 1880 y la década de 1970, cuando se realizó la colonización formal del continente, que comenzó con el llamado “Reparto de África”, aunque desde el Siglo XV las coronas de Castilla y Portugal empezaron a expandirse por los archipiélagos de las Canarias, las Islas Madeira y Cabo Verde, y en la costa del Magreb. Al finalizar el siglo XIX, impulsadas por la Revolución Industrial, siete potencias europeas, encabezadas por el Reino Unido y Francia, avanzaron la invasión, conquista y colonización del continente. Fue un proceso muy doloroso para los africanos. Los belgas, consideran los historiadores, fueron los más brutales, como lo experimentó el Congo, cuando el rey Leopoldo II saqueó sus riquezas naturales. Alemania, es considerada la segunda peor colonia, teniendo en Namibia el botón de su crueldad. Francia y Portugal son situadas indistintamente en los siguientes lugares, seguidos del Reino Unido y los Países Bajos, dejando al final España, cuya conquista, en las primeras décadas, fue extremadamente violenta. La dominación imperial se sostuvo mediante la coerción, con costos humanos y sociales muy significativos para las poblaciones africanas, cuyos resentimientos se mantienen hoy en día. Durante décadas, Europa aprovechó la riqueza humana africana, además de sus riquezas, mientras que, paradójicamente, África comenzaba a recuperar parte de ella. Las dobles nacionalidades dejaron de representar una fuga irreversible. En el futbol, Marruecos entendió antes que nadie que la identidad no depende del lugar donde se nacía, sino del país al que se decidía representar. En el Mundial norteamericano que vivimos, encontró el comentarista español Alexis Martín-Tamayo, que se ha especializado en estadísticas, que su selección se convirtió en la primera que alineaba a sus 11 titulares que como común denominador era que habían nacido fuera de su territorio. Su modelo ha sido seguido por otras federaciones africanas que hoy convencen a futbolistas nacidos en París, Bruselas, Ámsterdam o Madrid de vestir la camiseta de sus raíces familiares. Un análisis de Opta Data, la principal plataforma mundial de datos y análisis deportivos, encontró que 99 futbolistas africanos nacidos en Francia, fueron convocados para disputar el Mundial norteamericano, convirtiendo a la nación gala en la mayor exportadora de talento del torneo. De esos 99, solo 23 representan a Francia, y el resto juegan para otras selecciones gracias a su doble nacionalidad o su ascendencia familiar. Argelia, donde nació la madre de crac Kylian Mbappé, es quien más tiene jugadores nacidos en Francia (13), seguida de Haití (12), el Congo (11), Senegal (10), y Costa de Marfil (8). Cincuenta y tres de esos 99 jugadores nacieron en la zona metropolitana de París, la banlieue que desde 2010 comenzó a resentir la tensión de la migración africana y el cambio de la cara francesa. Aproximadamente cuatro de cada cinco jugadores nacidos en Francia que disputan el Mundial tienen raíces familiares africanas, lo que refleja tanto la historia migratoria de Francia como la fortaleza de su sistema de formación futbolística, convirtiéndola en una máquina de futbol considerada como la favorita para ganar el Mundial

3ER. TIEMPO: El fenómeno africano, está incompleto. Cuando un continente logra influir al mismo tiempo en las selecciones que representa y en aquellas que aspiran a derrotarlo, ya no puede hablarse de una tendencia pasajera. Eso tiene otro nombre. Se llama transformación del orden mundial del futbol. Dentro de algunos años nos acordaremos que el Mundial norteamericano mostró que África dejó de exportar únicamente jugadores, y comenzó a exportar poder. El sobresaliente desempeño de sus jugadores, impulsado en buena parte por la movilización social tras el fin de la colonización en los 1970, visto el futbol como la única posibilidad real de avanzar económicamente y salir de la pobreza, ha sido logrado pese a la profunda desigualdad entre los países de ese continente y las casas de las grandes potencias históricas del deporte, en Europa y Sudamérica. Tomemos por ejemplo el PIB: las naciones que tuvieron selecciones en el Mundial, tienen una riqueza combinada de casi 21 mil millones de dólares, mientras que la de las naciones africanas, apenas llega a mil millones. Las economías de las selecciones europeas que aún siguen en el torneo, son alrededor de 20 veces más grandes que las de las selecciones africanas. Alemania, recién eliminada del Mundial por Paraguay, tiene un PIB cercano a cinco veces el de todas las selecciones africanas que permanecen en el torneo juntas. La economía francesa por sí sola también supera ampliamente el PIB combinado de esas selecciones africanas. En términos de nóminas de las plantillas, las potencias europeas valen entre dos y tres veces que las selecciones africanas, diferencia casi igual que la que tienen Brasil y Argentina, las leyendas latinoamericanas. De acuerdo con el portal Planet Football, las mejores selecciones africanas tienen un valor similar a las europeas de segundo nivel, como Dinamarca y Austria, lo que refleja que su nivel competitivo, han señalado los expertos, ha crecido mucho más rápido que su valor económico. El futbol africano compite de tú a tú con países que cuentan con recursos económicos, infraestructura, ligas y sistemas de formación muy superiores, cuyo rendimiento deportivo, consignó un análisis de la agencia Reuters, muestra que el valor del mercado ya no predice el desempeño con la misma precisión que en el pasado. El fenómeno africano es un ejemplo de cómo el talento, la diáspora, la profesionalización y la integración en las grandes ligas europeas han reducido una brecha deportiva que sigue siendo enorme en términos económicos. No lo olvidaremos.

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